Urbes de América Latina de los siglos XIX y XX fueron intervenidas contra la insalubridad: académico de la UAM

Gerardo Sánchez Ruiz ganó el Premio a la Investigación 2022 que otorga la Casa abierta al tiempo

Tras la independencia de países de la región, algunos territorios fueron reconstruidos para el disfrute de beneficios, explicó Sánchez Ruiz.

La consulta de autores de la época y contemporáneos, así como visitas a localidades de América Latina sustentan el trabajo de indagación del doctor Gerardo Sánchez Ruiz, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en torno a los esfuerzos que, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, gobiernos y profesionales de la región desplegaron para transformar los espacios desde los principios del urbanismo, “una disciplina que –como un concepto en construcción y con la participación de médicos, ingenieros y arquitectos– en sus inicios fue denominada higienismo”

En entrevista, el académico de la Unidad Azcapotzalco –ganador del Premio a la Investigación 2022, que otorga la Institución– explicó que durante el periodo referido las ciudades del área fueron sujetas a intervenciones sustentadas en las ideas del higienismo y su posterior evolución a urbanismo.

Los objetivos fueron atender las condiciones de insalubridad, disfuncionalidad e incluso la mala imagen imperantes, con la meta de integrarse a la modernidad prevalente en la mayoría de los países, apuntó el docente del Departamento de Procesos y Técnicas de Realización.

En el proyecto galardonado –Procesos urbanos en América Latina en el paso del siglo XIX al XX. Del higienismo al urbanismo– el maestro en Planificación por la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura del Instituto Politécnico Nacional destaca la actitud de los grupos dominantes surgidos luego de la obtención de las independencias y del desmembramiento de las ex colonias españolas, por “reconstruir territorios buscando el disfrute de beneficios”.

A tal propósito contribuyeron profesionales que impulsaron mediaciones encaminadas a atender problemas de insalubridad, disfuncionalidad e imagen en las ciudades, satisfaciendo a la vez los deseos de progreso de las sociedades de la época, declaró Sánchez Ruiz.

En la ejecución de las obras fue significativa la apropiación de teorías, métodos, tecnologías, legislaciones y formas de organización derivados de un exterior muy influyente, en especial europeo, que dio como resultado infraestructura, equipamiento y vivienda que, a la postre, se convirtieron en el sustento de una nueva modernidad en América Latina.

Desde los siglos XVII y XVIII, en Europa se sucedieron graves epidemias que afectaron, sobre todo, a la población agolpada en las ciudades y llamaron la atención de los médicos, quienes empezaron a investigar para disminuirlas, observando que muchos de esos fenómenos provenían de focos de infección en drenajes a flor de tierra; viviendas sin ventilación, o falta de aseo personal, pues la gente no se bañaba por temor a quitarse las costras y con ello dar paso a los virus.

Doctores e ingenieros emitieron iniciativas relacionadas con la construcción de sistemas de desagüe y potabilización, y pavimentación de calles, entre otras, con el fin de prevenir y disminuir enfermedades, todo lo cual implicaba acciones de urbanismo, un campo que despuntó mucho en Alemania, donde entre los siglos XVIII y XIX ya se hablaba del saneamiento de las metrópolis y de que ante el daño a la salud humana había que higienizar.

En ese camino se impulsaron técnicas para desarrollar instalaciones de drenaje y agua potable, dando lugar a la aparición de mobiliario –inodoro y lavabo– de los baños en el interior de las viviendas, “a pesar de las resistencias”; también se impulsó la creación de áreas verdes, jardines, parques y avenidas arboladas para mejorar el aire.

En México destaca el papel desempeñado por Miguel Ángel de Quevedo, quien se dedicó al estudio de la flora; o del doctor Eduardo Liceaga, un médico que “parecía urbanista” al proponer el saneamiento de calles y la planeación, tanto de avenidas anchas como de casas-habitación ventiladas y soleadas; o de Roberto Gayol, conocido por sus obras de drenaje y mecánica de suelos, e introductor del sistema de atarjeas –para recolectar y transportar las descargas de aguas residuales domésticas, comerciales e industriales– en la época de Porfirio Díaz.

Así fue el tránsito del higienismo a “un aparato teórico, tecnológico, legal, administrativo y ejecutivo, en el que ya había una participación importante del Estado” y, si bien eran los ricos quienes impulsaban muchas propuestas, era necesario atender las necesidades de la gente pobre, dado que los padecimientos afectaban más a la gente de bajos recursos.

Esto se acompañó con equipamiento nuevo: nosocomios donde las personas llegaban a tratarse, prevenir males y se enseñaba medicina, de manera que el Hospital General de México –proyectado por el doctor Liceaga y el ingeniero Gayol– fue edificado en un lugar donde ya había drenaje y la posibilidad de tener agua potable. En conjunto se trató de medidas no aisladas, sino de acuerdo con principios urbanos.

En la investigación “rescato muchas de las acciones que generaron los urbanistas mexicanos”, en particular sobre la época del presidente Díaz, identificado como el “gran liberal que siguió a Juárez y el que aceptó la participación de médicos e ingenieros ante las epidemias”; pese a ello, en los libros sobre el tema no se habla de él como quien sentó las bases para una nueva modernidad, pues sin agua potable, drenaje, pavimentación ni electrificación no hay modernidad, y esto “creo que es una aportación” del trabajo premiado.

“Como ya tenía un artículo sobre el urbanismo del siglo XIX en América Latina decidí avanzar en el rescate de ideas de médicos e ingenieros”; las legislaciones diseñadas; las técnicas de la época y, “algo que caracteriza mis investigaciones es que voy a las fuentes originales, es decir, no me conformo con lo que dice un autor”, sino a informes y opiniones de personajes que impulsaron la disciplina en la región.

El profesor de la UAM consideró las metrópolis de La Habana, Cuba; Panamá, Panamá; Montevideo, Uruguay; Quito, Ecuador; Lima, Perú; Caracas, Venezuela; Bogotá, Colombia; La Paz, Bolivia; Santiago de Chile, Chile; Buenos Aires, Argentina; Río de Janeiro, Brasil, y la capital mexicana, sitios donde se apreciaban para la época ciertos niveles en el crecimiento de actividades; determinadas formas de expansión; diversidad en el incremento poblacional, y la aplicación de los principios de la materia urbanística.

En sus conclusiones, el doctor Sánchez Ruiz plantea que en el periodo analizado muchos profesionales de la medicina, la ingeniería, la arquitectura y el derecho estaban interesados en las problemáticas de las ciudades, que percibían con sus conflictos, en conjunto y no desde cada disciplina.

Además hay abundancia de autores a quienes no se da el crédito, por lo que a veces son perfectos desconocidos en sus países, a pesar de haber sentado los cimientos para mejorar las localidades mediante la introducción de infraestructura y dar paso a la modernidad, concluyó el doctor en Urbanismo por la Universidad Nacional Autónoma de México.

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