Universidad pública: tensiones y contrariedades

El clima de violencia e incertidumbre económica que afecta a todo el país se vive también las aulas espejo de la sociedad

Recientemente hubo un desalojo por amenaza de bomba en la UNAM, el cual no es un caso aislado entre las universidades mexicanas.

Hay malestar e incertidumbre por las situaciones económicas, sociales y políticas que se viven en el mundo. Pero nosotros los mexicanos, en particular, estamos experimentado, además, los nuevos miedos (Auge), por el clima de violencia que se vive en el país en todos los órdenes sociales, incluidas las consecuencias de los fenómenos naturales.

El miedo de perder el trabajo, de caer enfermo, de salir a la calle, del crimen organizado, el estrés que ocasionan las noticias en los medios, las estadísticas de muertos y desaparecidos, etcétera, son realidades cotidianas que tienden a desmembrar el tejido social, a inmovilizar.

Acaba de salir un libro, intelectualmente espléndido, resultado de un largo proceso de investigación en el que se hace un esfuerzo por construir categorías analíticas sobre la violencia, para intentar volverla inteligible y analizar cómo rompe la normalidad de la vida en sociedad. Rossana Reguillo traza con maestría los horrores de vivir en un país donde morirse no es suficiente, donde hay más de 100,000 desaparecidos que no van a aparecer. Es el funcionamiento de La Necromáquina que vino a poner de lado a la narcomáquina. Un terror donde los nuevos miedos se mezclan con la violencia en una combinación que puede resultar explosiva.

Y las universidades son un reflejo de lo que ocurre en la sociedad, así lo percaté desde que fui estudiante en la UNAM. Pues bien, en mi facultad, la de Ciencias Políticas y Sociales, hubo un desalojo la semana pasada, porque avisaron de la existencia de una bomba. No es caso único. En la UAEMor, ubicada en Cuernavaca, van dos veces en las que no se ha podido acceder a sus instalaciones bajo la amenaza de que había una bomba.

Estos sucesos no son aislados. Hay efervescencia política entre los estudiantes universitarios, y de educación superior, por demandas que no han sido satisfechas o bien por procesos de múltiples tipos de exclusión a los estudiantes de escasos recursos, opacidad en el manejo de los dineros, excesiva burocratización, precarización laboral, inseguridad, dificultad para entrar a las instalaciones, acoso sexual en contra de las mujeres, falta de recursos económicos, tomas de instalaciones de un par de bachilleratos y huelgas en algunas facultades de la UNAM, malestar estudiantil y magisterial en universidades estatales, y algunas cuestiones más que resultaron de la pandemia. Rupturas en la vida académica que en algún momento se expresarán en movimientos con demandas de equidad y democracia en las instituciones, y pérdidas de legitimidad de las autoridades. Hay visos de crisis.

Las instituciones de educación superior, cuando menos las públicas, están rodeadas de un entorno social inseguro, y experimentan, aunque localizadas, tensiones internas que pueden estallar en cualquier instante. Y estaremos, posiblemente, hablando de otra cosa.

En las universidades, el panorama se oscurece, se vuelve más complicado, por la arbitrariedad de algunos directores de entidades académicas con su personal, por los procesos sucesorios en facultades, escuelas y centros, y en las dirigencias institucionales. La vida política interna en las universidades ha seguido causes institucionales que vienen debilitándose.

Hay un esfuerzo de quienes tienen el encargo oficial de orientar el desarrollo de la educación superior. Pero, a la fecha, el régimen en conjunto no ha entendido la importancia de las universidades públicas para el desarrollo local, regional, y nacional. Lo que se aprecia en las relaciones universidad-gobierno es un combate soterrado contra la autonomía sin tener idea de lo que los universitarios seríamos capaces de hacer para defenderla.

Los impulsos de este gobierno en materia de educación superior no alcanzan para resolver los problemas de acceso al conocimiento, de formación de recursos humanos en nuevas áreas disciplinarias, de generación de ciudadanía, de colaboración entre la academia y las instancias de la administración pública. No alcanzan para cumplir lo que han puesto en la ley en materia de gratuidad y cobertura. No alcanzan para satisfacer las aspiraciones de aprender una profesión para alcanzar un nivel de vida razonable. Se han ido por lo chiquito, fuera de la SEP, teniendo universidades públicas de primer nivel académico en el país, con reconocimiento internacional, que tienen capacidades y fuerza para estimular un nuevo curso de desarrollo en México, por lo que merecerían ser apoyadas.

Es una pena lo que esta pasando. El jueves 22 de este mes se reunió el Seminario de Educación Superior de la UNAM para examinar el presupuesto de 2023. Del análisis que presentó Javier Mendoza en la sesión rescato un par de datos. El presupuesto de educación superior para el próximo 2023, en términos reales, nos ubica al nivel del que se tuvo hace casi tres lustros. Consecuentemente, ha habido una disminución del gasto real por alumno y un gasto en educación superior respecto al PIB que viene a la baja desde 2019.

Mas claro ni el agua. La educación superior no ha sido una prioridad para este gobierno. Lamentable, porque México tendrá menos instrumentos para salir adelante.

Sobre la firma
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx | Web

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