El ataque de epidemias desconocidas jugó un papel importante en la caída de los pueblos nativos
Escribía Sahagún sobre la epidemia de viruela en el año 1520 (Iturriaga 2020):
“Cuitláhuac tuvo el señorío ochenta días […] Y en tiempo de éste acaeció una mortandad y pestilencia de viruelas en toda la tierra, la cual enfermedad nunca había acontecido en México ni en otra tierra de esta Nueva España […] Y a todos afeó las caras, porque hizo muchos hoyos en ellas, y eran tantos los difuntos que morían de aquella enfermedad, que no había quien los enterrase, por lo cual en México los echaban a las acequias, porque entonces había muy grande copia de aguas. Y era muy grande hedor el que salía de los cuerpos muertos.”
El cuadro que pinta este relato fortalece el argumento de que la epidemia tuvo una componente importante en la conquista de Mesoamérica, así como un efecto psicológico imborrable en los sobrevivientes. Ha sido motivo de estudio cuantificar este impacto en términos del tamaño de la población y el número de muertos por la epidemia. Se ha planteado que pereció un tercio de una población de casi 25 millones de personas. Ambos números están muy lejos de un consenso, y algunos especialistas los consideran altamente exagerados.
Analizar epidemias no es una ciencia exacta y las conclusiones no se deben tomar a la letra. También es cuestionable y controversial utilizar conocimientos y razonamientos de tiempos modernos. Aun así, quisiera repasar la historia, utilizar elementos como la tasa de letalidad de un virus y el estimado de muertes, para abordar la pregunta que titula estas líneas.
Influenza y viruela
Una epidemia muy estudiada y documentada, es la epidemia de influenza de principios del siglo XX. Es interesante desarrollar el argumento, primero en este caso, y proponer que los resultados permiten conclusiones en analogía sobre Mesoamérica.
En una epidemia, una persona infectada puede enfermar gravemente y morir. En salud pública, se requiere una evaluación global, lo cual no significa de ninguna manera que se pierda la sensibilidad. En esta valuación de salud pública, un elemento a considerar es la tasa de letalidad del virus, es decir el porcentaje de personas infectadas que mueren por la enfermedad. Veamos que nos dice esta tasa en dos epidemias, la de influenza en España 1918, y la de viruela en Mesoamérica en 1520.
De acuerdo con la información en Trilla et al 2008, la epidemia en España tuvo dos periodos, uno en la primavera de 1918, y el más severo en el otoño e invierno de 1919. Las tasas más altas de letalidad sucedieron en octubre, 10.1 por ciento en el pueblo de Zamora, 12.1 por ciento en Burgos, en todo el país se ha estimado un promedio de 3.8 por ciento. El reporte oficial del número total de personas que murieron en España fue de 147 mil 114 en 1918, 21 mil 235 en 1919 y 17 mil 825 en 1920. En total un poco más de 186 mil individuos. Considerando la tasa promedio, y suponiendo el número registrado de muertes, un poco de aritmética nos dice que el estimado de infectados sería aproximadamente 4 millones 900 mil. La población total de España en 1917 era poco más de 20 millones (Our World in Data). En porcentajes de la población total, fallecieron aproximadamente el 1 por ciento y 25 por ciento fueron infectados. Es claro que se requiere un análisis más sofisticado de los datos y del fenómeno epidemiológico. Pero la relación entre número de infectados, fallecidos y población total, reconstruyen razonablemente el efecto de la epidemia.
Hagamos una exploración semejante en la Mesoamérica del año 1520 cuando la población padeció la epidemia de viruela. Esta enfermedad existe en dos formas: la variola major con una mortalidad del 20-45 por ciento, y la menos grave variola minor, con una mortalidad del 1-2 por ciento. Esta última se dice apareció a finales del siglo XIX en Europa y América (Berche 2022). En este trabajo se indica que la población en México era alrededor de 17 millones de personas. ero como se ha mencionado, sobre tal población no hay consenso en la literatura, la estimación más pequeña conocida es de un millón de habitantes.
Tampoco hay consenso en el número de muertes por la epidemia, desde números apocalípticos, hasta los 100 mil que con algo de duda se conceden en Brooks 1993.
Consideremos el menos peor de los casos, 100 mil muertes. Con la viruela minor, la población infectada podría ser hasta 10 millones. Mientras que con la viruela major, hasta 500 mil infectados. Estando de acuerdo con los estudios que estiman la población total en a lo más unidades de millón, estos números indican que es más plausible que la viruela major fuera la enfermedad presente en Mesoamérica. Estirando el argumento y usando los porcentajes de la influenza, la población total sería alrededor de 2 millones de personas a la llegada de los españoles.
Otro concepto lúgubre es el tiempo desde el inicio de la enfermedad hasta la muerte, el cual para influenza es de alrededor de 10 días (Klugman et al 2009). Para esta discusión, aunque se han postulado tiempos menores (8-10 días, Berche 2022), supongamos 30 días el tiempo de inicio de la enfermedad hasta la muerte de una persona infectada de viruela. Es decir, que la cita de Sahagún de ochenta días no es para descartarse. Podríamos entonces conjeturar que, en un lapso de pocos meses, los sobrevivientes a la epidemia de viruela fueron testigos de la muerte de quizá uno de cada cincuenta ciudadanos.
Finalmente recordemos el bien conocido número reproductivo básico (R0). Este número es el promedio de nuevos infectados que una persona infectada puede causar. No es un número exacto y se estima de los sujetos infectados registrados. Da una idea de la posible severidad de una epidemia. En varios estudios, se ha encontrado que el R0 de la viruela es en general más grande que el de la influenza. Nos hace pensar que el efecto de la epidemia de viruela fue más devastador.
Es para los psicólogos sociales analizar el efecto psicológico de una epidemia en la población. Como mero lector del pasado, solo puedo imaginar el dolor de ver tanta muerte y sobrevivientes desfigurados de por vida. El desconsuelo y decepción por la muerte del emperador, y la derrota humillante de tantos dioses ante uno solo invasor.
Sí, hubo batallas, y al final una derrota militar. Pero pudiese ser que un virus fue quien realmente conquistó Mesoamérica.
