Con la llegada al poder de los talibanes, hace un año, Afganistán se convirtió en el único país del mundo en negar el acceso a las mujeres a la educación media superior. Miles de niñas, entre 15 y 18 años, han visto su futuro colapsar ante la oleada de restricciones draconianas impuestas por el grupo ultra islamista que ve a las mujeres como sujetos sin derechos y propiedad de sus familiares varones. A su vez, las universidades afganas permanecieron cerradas durante seis meses hasta que el régimen impuso un estricto sistema de segregación de los sexos que ha reducido el tiempo de aula a la mitad. Aunado a ello, una profunda crisis económica ha castigado los presupuestos universitarios y puesto a los académicos en jaque.
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