Tareas universitarias

Para enfrentar los retos futuros de la sociedad, la institución debe evolucionar en varios aspectos de su condición actual

Es necesario un nuevo paradigma del desarrollo, donde lo social sea la prioridad.

1 .Gestión. La pandemia y los cambios políticos en el país han tenido consecuencias severas sobre las universidades públicas. Con anterioridad, estas instituciones habían “modernizado” en mayor o menor grado, sus estructuras administrativas, lo que dio paso a una burocratización que se acentuó con la pandemia. Por ello, hay que retomar el problema de la gestión de la academia y tratarlo con la prioridad que merece.

A partir de ahora, tenemos que cuidar que no ocurra una sobre regulación de la vida académica que termine por disminuir o perjudicar el ritmo de su actividad. Cuidar que las universidades no sigan burocratizándose. Voltear la gestión para que sus fines sean apoyar a la academia, a los académicos y a los estudiantes. No podemos perder de vista que ellos son quienes van por delante.

La autoridad universitaria encargada de la gestión institucional se funda en los proyectos académicos que lleve a cabo para conducir el rumbo de las universidades. En esta medida, debe provocar cohesión en la comunidad y ganar legitimidad y fuerza para gestionar recursos que permitan cumplir bien y oportunamente los trabajos de la academia en el Campus.

En el entorno de crisis en que vivimos, la gestión tiene que propiciar una comunicación estrecha de las autoridades con la comunidad, para que los académicos se articulen, se identifiquen con sus instituciones y se apoyen en la división de sus tareas.

En términos generales, considero que la gestión en la universidad pública puede ser mejor sí provoca que la toma de decisiones en los cuerpos colegiados sea más expedita y oportuna. Una gestión capaz de resolver los problemas que cotidianamente se presentan en la comunidad, de satisfacer un cúmulo de demandas por el acceso a la educación, al conocimiento y a la cultura, capaz de mejorar sistemáticamente el manejo de los recursos institucionales, de rendir cuentas claras sobre los mismos y de agilizar los trámites que tienen que realizar estudiantes y académicos para hacer y cumplir con sus tareas. Sí conseguimos una mejor gestión y recursos suficientes, entonces, tendremos mejores universidades.

2. Alianzas institucionales. Sería deseable tener universidades gobernables y comunicativas, capaces de establecer alianzas académicas y políticas con otras universidades. La gestión universitaria podría estimular los vínculos entre las instituciones de educación superior. Las universidades, hoy en día, podrían ligarse para formar un equipo interinstitucional de investigadores de varias disciplinas que proponga, con la fuerza de un colectivo calificado, un nuevo curso del desarrollo.

En colectivo se puede lograr que se definan los ejes sobre los que debe basarse un nuevo paradigma del desarrollo, donde lo social sea la prioridad fundamental. Un nuevo modelo donde el bienestar de la población, su educación y su seguridad social sean lo más importante.

La sociedad mexicana requiere de un nuevo modelo económico que contenga políticas públicas que estimulen el desarrollo, nuevas fórmulas de intervención gubernamental para resolver los problemas sociales. Rescatar políticamente al Estado y un rescate social de los sectores más desprotegidos que invariablemente siguen rezagados. Recuperar la fuerza del Estado en democracia para que conduzca a la sociedad con la mira del bien común.

En el nuevo curso del desarrollo, deberá reconocerse que la educación y la investigación universitarias tienen un papel central para mejorar las condiciones de vida de la población y, en esa medida, fortalecer al Estado.

3.Sobre nuestra realidad se ha instalado la sociedad del riesgo, la incertidumbre, la necromáquina de la que habla Reguillo, un sistema con efectos sociales destructivos por el grado de violencia, y un régimen donde se prioriza la rentabilidad, ante todo el dinero con el que se cuenta. Un ámbito de pérdida de valores, donde se ha dejado al individuo por su cuenta, y a la mayoría de individuos con muy pocos recursos.

Hace poco se llevó a cabo la Conferencia Mundial de Educación Superior. Y de ahí tomo dos cosas: el impulso a la ciencia y su vínculo con la cultura —más o menos en las palabras de Justo Sierra— y, en el contexto, me inclino por la sociedad del conocimiento. Y, en segundo término, regresar a la importancia que tienen los valores universitarios y su transmisión a la sociedad, aquellos que invocó la Unesco: inclusión, pluralidad, libertad académica, pensamiento crítico, divergente, innovador, cooperación en vez de competencia, honestidad, dignidad, tolerancia y solidaridad, contra toda forma de discriminación.

Afirmativo: los universitarios de México tenemos mucho quehacer y mucho por lo que luchar.

Aparte. Sobre la polémica del tipo de ciencia que sigue intereses privados, valdría la pena revisar el libro Academic Capitalism de S. Slaughter y L. Leslie, Markets and Education de, S,Marginson, Capitalismo académico en los márgenes de E. Ibarra y Hegemonía en la época del conocimiento de S. Marginson e I. Ordorika. Es un material que, sin duda, ayuda a orientar el debate en el que participa el Conacyt.

Sobre la firma
Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior | recillas@unam.mx | Web

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