Como lo dijimos la semana anterior, la designación de Leticia Ramírez Amaya como nueva Secretaria de Educación Pública (SEP), no iba a representar un rompimiento con la forma en que se han planeado y ejecutado las cosas desde el gobierno federal en materia educativa. Algunos tuvieron la esperanza de tener a un funcionario con perfil académico y conocimiento del sector que se encargara de cerrar el actual sexenio y, por fin, colocara al sector educativo como prioridad. Pero lo que deja en claro este nombramiento es que por encima de las personas está el proyecto y la visión de cómo perciben y quieren modelar la educación de niños y jóvenes del país. Los cambios anunciados esta semana en torno a los planes y programas de estudio para preescolar, primaria y secundaria, es una muestra más de la ruta en la cual va a seguir la educación en los años por venir y en el corto plazo. No hay ni hubo en este tiempo que ha transcurrido un programa o un plan nacional de educación a la altura de los rezagos y retos con los que inició esta gestión y mucho menos. Como tampoco hubo una estrategia delineada y oportuna para hacer frente a las vicisitudes que la pandemia planteó ante la deserción, la brecha tecnológica y las condiciones económicas a la baja.
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