Medidas extraordinarias. Los señalamientos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies) en torno al presupuesto asignado para este año, son lapidarios e irrefutables. El monto asignado a este nivel educativo quedó por debajo de las expectativas y las necesidades. Se trata de recursos que son insuficientes y ponen en riesgo las funciones sustantivas de las universidades públicas. Es un incremento de 1. 79 por ciento para las instituciones estatales y 3 por ciento para las federales. El asunto se complica cuando se revisa el déficit acumulado desde 2018, que ya es de 50 mil 400 millones de pesos, de los cuales 42 mil 600 millones corresponden solo a las Universidades Públicas Estatales, de Apoyo Solidario e Interculturales. La preocupación y el desencanto son evidentes, pero parece que el tono del reclamo llega un poco tarde.
Por otro intento. Por eso, la reunión extraordinaria del Consejo Nacional de la Anuies para tratar de buscar una alternativa que permita establecer recursos adicionales, aunque el asunto, por las fechas y las formalidades hacendarias, ya parece cuesta arriba. Aun así, como parte de un entendimiento que siempre es rescatable, y que puede poner un poco de hielo, el Secretario General Ejecutivo de la Anuies, Luis Armando González Placencia, y Ricardo Villanueva Lomelí, Subsecretario de Educación Superior de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se habló del tema con la confianza y la gravedad que se requiere. La disposición del subsecretario es solo una parte de la pinza, pero en realidad, quienes deciden e imponen los criterios, poco o casi nada entienden de la importancia que tiene la educación superior para el futuro de millones de jóvenes. De ese tamaño es la inquietud.
Casos específicos. Una vez que el panorama presupuestal es complejo, muchos rectores han comenzado a analizar cuáles son las áreas donde tendrán que ajustar másANUIES de la cuenta. Uno de ellos es Luis Enrique Palafox Mestre, rector de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), quien advirtió que habrá un rezago en mantenimiento y en la actualización de infraestructura y equipamiento. Y es que, como lo plantea, en términos nominales, el recorte es de 25 millones de pesos, pero ajustado a inflación el impacto real asciende a 90 millones de pesos. Así las cosas, un asunto que tendrá repercusiones muy fuertes para las universidades públicas del país.
Embrollo desmedido. Lo que se enredó demasiado fue el entorno de la Universidad Autónoma de Campeche (UACam). José Alberto Abud Flores es solamente uno de los tantos personajes al interior de la institución, y de manera externa, que no han permitido que esta universidad retome su camino académico. Tras la salida de Adriana del Pilar Ortiz Lanz en 2015, luego de un destacado desempeño que le valió permanecer en el cargo durante ocho años, la UACam ha venido dando muchos traspiés y se ha alejado de la continuidad. Primero, Gerardo Pérez Montero renunció al cargo un año antes de concluir su gestión por la presión de grupos políticos, después vino un interinato de Cindy Rossina Saravia López, otra renuncia de José Román Ruíz Carrillo, y el regreso de Abud Flores desde 2022. Ahora, cuando se hablaba de una eventual reelección, el camino se le cerró y lo quitaron del camino.
Esfuerzo sostenido. Con la sensibilidad y la importancia que se requiere, las autoridades de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) han emprendido la negociación con el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM): El emplazamiento a huelga para el uno de febrero trata de meter presión al trabajo que se ha realizado desde la rectoría. La oferta de cuatro por ciento de incremento directo al salario es lo más acorde a las posibilidades financieras de la institución, en concordancia con el rezago presupuestal que enfrenta el sector de la educación superior. Si bien es insuficiente para atender de mejor manera las demandas del gremio, también es cierto que el margen es muy limitado. Y eso debe entenderlo el SITAUM, antes de tomar decisiones que afecten directamente a la institución.
Panorama despejado. Al concluir este incipiente año, el rector de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Carlos Estrada Pinto concluye su gestión de tres años al frente de esta casa de estudios. Acá, en estos, rumbos del sureste, siempre ha sido un proceso institucional, alejado de los conflictos que se presentan en otras universidades. Aunque aún es temprano para comenzar a deliberar, en torno de quién será el nuevo rector, desde ahora hay algunos personajes que comienzan a forjar su camino para ver si les alcanza para llegar a ocupar el cargo. Estrada Pinto, hasta ahora, ha tenido una gestión muy tranquila que le ha permitido llevar por buen camino a la UADY.








