Actualmente, sitios como Facebook o Twitter tienen gran incidencia sobre la opinión pública. ¿Debemos preocuparnos?
Hay un gran debate público sobre los medios digitales y cómo nos han cambiado la vida. ¿Qué hubiéramos hecho sin estas plataformas con el aislamiento social provocado por la crisis mundial del covid-19? La tecnología, en muchos sentidos, ha cambiado la forma en que leemos, estudiamos, trabajamos, compramos, vemos películas, conversamos con familiares y amigos, invertimos y hacemos dinero, e incluso en cómo hacemos citas, dispersamos nuestras ideas, hacemos movimientos, o hasta cómo desinformamos o propagamos racismo y violencia.
Se habla además de cómo estas plataformas influyen en nuestras decisiones a través de sus algoritmos y, también, que es necesario ver más allá de las afirmaciones de que la invención de nuevas tecnologías de medios cambiaría nuestro mundo y tener en cuenta que la nueva tecnología es en sí misma un producto de un sistema social particular1.
El debate es recurrente en las noticias, estudios académicos y en nuestra vida cotidiana. Estas plataformas han ejercido una gran influencia en nuestra vida y de ahí que las preocupaciones sobre la legislación y la transparencia, los controles de privacidad y la transferencia de datos personales y en general el uso que estas plataformas le dan a nuestra información, es parte de una conversación internacional a gran escala y cada vez son más países en todo el mundo los que están urgiendo la importancia de contar con mayores controles para los usuarios.
La Unión Europea, con su Reglamento General de Protección de Datos, ha sido pionera en materia de legislación de la privacidad y de la información y dada la naturaleza de la red, que rebasa fronteras y cuyos servicios son en su mayoría globales, se ha puesto sobre la mesa que la regulación necesita un marco global, incluso sugiriendo la posibilidad de adherirse justamente al de la Unión Europea. Pero el debate apenas empieza. Los europeos no confían en la transferencia de información de sus usuarios hacia Estados Unidos. Estados Unidos sigue debatiendo diferentes iniciativas para regular la red en la Cámara de Representantes.
Sin embargo, el tema es bastante más complejo. Más allá de las múltiples preocupaciones por la transparencia y la legislación, el poder que han ejercido estas plataformas en materia de información es monumental y los políticos están muy conscientes de ello. En el libro New Power, How Anyone Can Persuade, Mobilize and Succeed in Our Chaotic, Connected Age, Jeremy Heimans y Henry Timms, hacen un análisis de las fuerzas de poder a las que se enfrenta el mundo, unas “viejas” y unas “nuevas”. Los autores aseguran que la habilidad de producir efectos de forma intencionada en esta era de hiperconectividad, está en nuestras manos. Nos ponen muchos ejemplos: “Los algoritmos —nos dicen— han demostrado que dan for ma a nuestros estados de ánimo, a nuestra autoestima e incluso han dado forma a algunas elecciones… Muchos esperaban que las oleadas de redes sociales por sí solas derrocarían dictadores. Pero, de hecho, está surgiendo un nuevo tipo de “strongman” en muchas partes del mundo, sobrealimentado por las ingeniosas herramientas que algunos creían que solo podían democratizar. Trump se convirtió en líder de un vasto ejército de redes sociales descentralizado que se inspiró en él y, a su vez, lo alimentó con nuevas narrativas y líneas de ataque. Fue una relación profundamente simbiótica —señalan—. Retwitteó a sus seguidores más extremos. Ofreció pagar los honorarios legales de los simpatizantes que golpeaban a manifestantes en sus mítines. Impulsó la intensidad de su multitud no insistiendo en que leyeran sus planes de gobierno, sino dándoles el poder para activarse en torno a sus valores. Piensen en él como un “Platform Strongman”, dominando nuevas técnicas de poder para lograr fines autoritarios”2.
La historiadora ganadora del premio Pulitzer, Anne Applebaum, en su libro Twilight of Democracy, The Seductive Lure of Authoritarianism, también analiza el papel que estas plataformas han ejercido en materia de polarización en diferentes procesos electorales a nivel mundial: las elecciones de Estados Unidos que llevan al poder a Donald Trump; en las votaciones del Brexit en el Reino Unido con la campaña ”Leave” de Dominic Cummings; en las elecciones en Polonia que llevan al poder al partido ultraconservador “Ley y Justicia”; entre otros. Para Applebaum, la gente siempre ha tenido diferentes opiniones, pero ahora con estas plataformas digitales, tienen diferentes hechos. “Las narrativas falsas, partidistas y, a menudo, engañosas, ahora se propagan como incendios forestales digitales, cascadas de falsedad que se mueven demasiado rápido para que los verificadores de hechos las alcancen. E incluso si pudieran, ya no importa: una parte del público nunca leerá ni verá otros sitios web para verificar los datos, y si lo hacen, no los creerán. La campaña “Leave” de Dominic Cummings demostró que es posible mentir, repetidamente y salirse con la suya”3.
Después del gran debate que surgió a raíz de que Twitter y Facebook bloquearan las cuentas de Donald Trump debido a sus mensajes sobre los resultados de las elecciones en Estados Unidos, plataformas como Facebook han reconocido que tienen un gran poder sobre el discurso y han destacado la importancia de que gobiernos y reguladores tomen un papel más activo alrededor de las reglas de internet, buscando preservar lo mejor de éste, libertad de expresión, crecimiento económico, entre otros. El debate, sin duda, apenas empieza.
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1 Mette Mortensen. Christina Newmayer and Thomas Poell, Social Media Materialities and Protest. Critical Reflections, 2019.
2 Jeremy Heimans y Henry Timms, New Power, How Anyone Can Persuade, Mobilize and Succeed in Our Chaotic, Connected Age, 2018.
3 Anne Applebaum, Twilight of Democracy, The Seductive Lure of Authoritarianism, 2020.

Vanessa Medina Armienta
Especialista en políticas públicas, con más de 26 años de experiencia en el sector público y en organismos internacionales. Su trayectoria abarca la regulación, la educación superior y el diseño de proyectos estratégicos, con trabajo en los sectores bancario y legislativo. Es fundadora de Campus Consulting, donde impulsa estrategias para la transformación de la educación superior y el uso responsable de la inteligencia artificial en universidades. Es Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM y cuenta con una Maestría por la Universidad de Nottingham, Reino Unido.
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