Figura de temple inquebrantable, habitó el momento en que los mexicas transitaron de vasallos a soberanos
No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos.
Nezahualcóyotl.
Filósofo, poeta, guerrero y gobernante; profundamente espiritual, Nezahualcóyotl, personifica —quizá junto con Cuauhtémoc— el símbolo y la figura más representativa de los gobiernos mesoamericanos.
Nezahualcóyotl, el gobernante, pacifico y hedonista, leía en el libro de las alturas, consideraba, antes que otra cosa; lo que le decía el cielo: ejercitaba, pues, la astronomía. En cambio, su juventud e infancia, podemos decir: fue un tormento atroz.
Ixtlilxochitl, monarca chichimeca y padre de Nezahualcóyotl, murió a los ojos del príncipe. Antes de morir a manos de sus enemigos —gobernados por Tezozómoc— le dijo a su hijo:
“Hijo mío muy amado, brazo de león, y último resto de la sangre chichimeca, fuerza es dejarte para no volver a verte, y dejarte sin abrigo ni amparo, expuesto a la rabia de esos lobos hambrientos que han de cebarse en mi sangre; pero quizá con eso se apagará su enojo […] perdona generosamente a tus enemigos: que, aunque yo conozco que mi ruina ha venido de mi demasiada piedad, no estoy arrepentido del bien que hice. No te dejo otra herencia que el arco y la flecha: ejercítalos, y debe al valor de tu brazo la restauración de tu reino.»
Instantes después, Nezahualcóyotl —escondido entre las ramas de un capulín— vio morir a su padre a manos de sus enemigos. A partir de ese momento empezaron los avatares de una vida trashumante. El nombre del príncipe Nezahualcóyotl, en castellano, lo entendemos como “coyote en ayuno” o “coyote que ayuna”.
La traición fue el sino de Ixtlilxochitl, su muerte, una de las muestras de heroísmo más grandes que cuenta la historia de la humanidad. Para comprender la dimensión de su luz, debemos ponderar la dimensión de la obscuridad que cegó su vida.
Una vez muerto el rey de los chichimecas, Tezozómoc —gobernante de los tepanecas— mandó a sus vasallos patrullar las tierras conquistadas para cuestionar a los niños; ¡sí, a los niños! ¿Quién era su rey? A los que contestaban: Ixtlilxochitl o Nezahualcóyotl, los mataba. A los que contestaban: Tezozómoc, los premiaba.
En este contexto, el temple de Nezahualcóyotl fue inquebrantable, su juventud la resume en la siguiente arenga que comparte con sus gobernados: “Fieles vasallos y amigos, ¿a dónde vais? ¿A qué padre seguís, que os ampare y defienda? ¿No me veis ir fugitivo y afligido, por montañas y desiertos, siguiendo las veredas de los venados y las sendas de los conejos, para escapar de la furia de mis enemigos, y que aun con todo esto no estoy seguro de que no me alcancen y descubran, y me quiten la vida, como la quitaron a mi padre, que era mas poderoso que yo?”
En cuanto a los pronósticos adivinatorios de su situación y su tiempo, el joven Nezahualcóyotl siempre fue firme en sus determinaciones, consideraba que “ni por buscarlos, han de ser mayores, ni por procurar huirlos, he de dejar de pasar por ellos”.
Sabio, siervo del Dador Supremo. Si algo sabemos de Tloque Nahuaque, Ipalnemohuani es gracias a Nezahualcóyotl, no sólo escribió sobre el “Creador de los Cielos y de la Tierra, Padre y Salvador nuestro”, o sea: “Tloque Nahuaque, Ipalnemohuani”, también alzó una efigie en su honor, Señor del Cerca y del Junto, Ser sin rostro ni figura, “representado por travesaños que simbolizaban los pisos del cielo. Esta deidad invisible, metafísica, rinde tributo a lo inefable”, según comparte el escritor Juan Villoro.
Los cantares de Nezahualcóyotl, colorean al Dador de vida, para descubrirlo gobernar a la humanidad desde lo inmutable e invisible, desde la música del tiempo. De acuerdo con León Portilla, Nezahualcóyotl, usaba indistintamente los términos “Tloque Nahuaque, Ipalnemohuani”, pero regresemos a su vida.
A pesar de su apasionante biografía, podemos aventurarnos a decir que, una de las razones por las que la figura de Nezahualcóyotl reina hasta nuestros días, es porque sus días transcurrieron justo en el periodo en el cual, los mexicanos de la antigüedad, los mexicas, transitaron de vasallos a soberanos y a partir de ahí, construyeron su imperio.
Nezahualcóyotl aprovecha la guerra de mexicas contra tepanecas, para recuperar el gobierno usurpado a su padre en Texcoco. Una vez recuperado su legitimo trono, mientras los tepanecas sitiaban Tenochtitlan y Tlatelolco; el coyote ayunado, enviaría para su socorro cerca de 250 mil soldados.
Para entonces, Tezozómoc había muerto por vejez, en su lugar —después de malabares e intrigas— su hijo Maxtla, ocupó el trono. Dato curioso: aún hoy día, junto a las pirámides de Tenayuca —aliados de los tepanecas—, encontramos una calle con el nombre de este gobernante que, murió en 1428 a manos de Nezahualcóyotl, en esas vueltas que, cómo habíamos dicho, da la vida.
Una vez en su legitimo trono, el Rey Nezahualcóyotl gobernó con amor y prudencia, se dedicó a los deleites como revelan las piedras de Texcotzingo, constructo hecho para bañarse, meditar y deleitarse con sus jardines colgantes, sus esposas y concubinas.
Hábil con la pluma y el “macuahuitl”, amante contumaz, de una valentía atemperada y una poesía profundamente espiritual; Nezahualcóyotl, aún en nuestros días, representa el valor, la fortaleza y la luz que transita (esplendente) al fulgor de lo absoluto.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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