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Paz

Al autor ganador del Nobel lo movía su interés en la estética, la historia, la política y muchos otros temas. ¿Cómo se habría relacionado con la IA?

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“El computer no suprime al poeta”, señalaba en tiempos donde ni siquiera se veían los alcances modernos del cómputo.

“Un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea, / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre […]”, con estos versos empieza el monumento poético que es “Piedra de Sol” (1957).

Este monumental poema escrito por Octavio Paz, está compuesto por 584 endecasílabos (versos de once sílabas), para semejar el tiempo que tarda Venus en cumplir su revolución sinódica; sin duda una de las creaciones que al mexicano le valió ganar el Premio Nobel de Literatura, el cual, le entregaron el 10 de diciembre de 1990.

“El mundo nace cuando dos se besan”, dice otro endecasílabo de este poema portentoso y sigue: “llévame al otro lado de esta noche, / adonde yo soy tú somos nosotros, / al reino de pronombres enlazados”, el lenguaje: las palabras y la lírica se advierten transparentes.

El también autor de “El Arco y la lira” es claro en ello: “La moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos sino en su conducta frente al lenguaje”. Seguimos sobre Piedra de sol: “amar es desnudarse de los nombres:/ ‘déjame ser tu puta’, son palabras de Eloísa, […]” ¿Nos desnudamos de los nombres o nos abrazamos como pronombres?

¿Qué es escribir?
¿Qué pensaría un autor como Octavio Paz sobre la IA? ¿Cuál sería su actitud frente al lenguaje? El poeta escribe por motivos contradictorios, la IA escribe por comando y, sí, el bardo de Mixcoac confiesa sus contradicciones humanas, el poeta es el hombre que se desnuda, solo viste de sintaxis y su esperanza no está más en el futuro que en la metáfora y en la memoria.

“He escrito y escribo movido por impulsos contrarios: para penetrar en mí y para huir de mí, por amor a la vida y para vengarme de ella, por ansia de comunión y para ganarme unos centavos, para preservar el gesto de una persona amada y para conversar con un desconocido, por deseo de perfección y para desahogarme, para detener al instante y para echarlo a volar. En suma, para vivir y para sobrevivir. Por esto, porque estoy vivo todavía, escribo ahora estas líneas”, reconoce el Nobel.

Si bien no conoció la IA, con los años que vivió, lo alcanzó el cómputo, esto fue lo que nos legó: “nada se opone a que el poeta se sirva de un computer para escoger y combinar las palabras que han de componer su poema. El computer no suprime al poeta como no lo suprimen ni los diccionarios de la rima ni los tratados de retórica.”

Hay más y es preciso. “El texto redactado por el computer o los aficionados al haikai es intercanjeable por otro texto; el poema auténtico no es intercanjeable. Lo mismo en la esfera de la poesía que en la de la música y la pintura, cada obra es única. Y lo es porque en algún momento de su elaboración intervino el gesto del artista, su decisión de interrumpir y cambiar el previsible desarrollo del juego estético”. 

Notable. El artista puede hacer del “error” un acto deliberado y crear, llamar la atención. Ejemplo: Esta palabra puede hacer “ruydo”.

Son las gambetas de su memoria y es su intención. Si el artista es experimentado, sabrá que sus intenciones siempre serán contradictorias. Por ello, derivamos, el algoritmo es incapaz, —por elocuente, verosímil o acendrado que parezca— no puede sustituir al arte ni al artista.

Sólo los pueblos tienen memoria, las máquinas acumulan datos. Solo el poeta como Paz puede unir el concepto con la pasión, la sensación con la idea. Los poetas, dice el editor de la revista “Taller”, “han sido los primeros que han revelado que la eternidad y lo absoluto no están más allá de nuestros sentidos sino en ellos mismos”.

Pareciera que el poeta es un ser con constante sed de lo eterno, se arroba por costumbre en la nostalgia del infinito, quizá por ello, siguiendo a Paz, “lo que pasa en un poema, sea la caída de Troya o el abrazo precario de los amantes, está pasando siempre”.

El poeta es el ser que descubre que toda la existencia es una palabra que Dios aún no termina de pronunciar; la vida, en cambio —nuestra vida—, es la oración en marcha que sigue escribiendo la humanidad.

En fin, a Octavio Paz le interesó la estética, la historia y la política; reflexionó sobre la tecnología y la filosofía, ensayó sobre las drogas y la corriente alterna; pero, como todo poeta, sus temas predilectos siempre fueron la soledad que serpentea el silencio que cierne.

No todos los silencios son el mismo silencio, Paz más que explicar, revela; al revelar, teje un sendero de epifanías: “La palabra se apoya en un silencio anterior al habla —un presentimiento de lenguaje. El silencio, después de la palabra, reposa en un lenguaje —es un silencio cifrado. El poema es el tránsito entre uno y otro silencio —entre el querer decir y el callar que funde querer y decir”.

En fin, Paz, México también tiene un Premio Nobel de la Paz, otorgado a Alfonso García Robles y entregado el 10 de diciembre, pero de 1982. Es curioso, o quizá no tanto, pero ambos nobeles mexicanos coinciden ampliamente en sus reflexiones sobre un futuro armado.

García Robles, quien se ganó el Nobel por los Tratados de Tlatelolco, decía sobre el armamento nuclear: “Ahora tenemos algo que realmente podría extinguir la vida en nuestro planeta. La humanidad no se ha encontrado en una situación similar desde el final del Paleolítico. De hecho, la amenaza a la supervivencia de la humanidad ha sido mucho mayor desde 1945 que durante el primer millón de años de historia”.

En el mismo tono, el autor de “La llama doble”, sobre el armamento atómico, aseguraba: “Su existencia constituye por sí sola un argumento que literalmente volatiliza a la idea del progreso, sea en su versión de evolución gradual o de salto revolucionario. Es verdad que hasta ahora hemos logrado conjurar a la hecatombe. No importa: basta con que exista esa posibilidad para que nuestra idea del tiempo pierda su consistencia. Si la bomba no ha destruido al mundo, ha destruido a nuestra idea del mundo”.

Quedan temas y cantos en el tintero, pero hasta aquí nuestras tropezadas líneas para conmemorar la poesía de Paz y a la Paz misma. También, hasta aquí las entregas de este año que han sido un agasajo. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA | Web |  + posts

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