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Marion Lloyd

Marion Lloyd

UNAM-IISUE

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Marion Lloyd Desigualdades educativas en tiempos de la pandemia/ II

Desigualdades educativas en tiempos de la pandemia/ II

Además de la brecha digital, la contingencia ha remarcado problemáticas sociales entre estudiantes.

No dejan de ser notables las intervenciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en las situaciones críticas desatadas por la actual pandemia. La más reciente es la integración de un equipo de científicos para trabajar en la vacuna contra el coronavirus en la Organización Mundial de la Salud (OMS). El dato es relevante porque se añade a otras participaciones clave que ha tenido en el mismo sector, contrario a lo que ha ocurrido con el organismo rector de las políticas científicas y tecnológicas.

Ya se sabe que las situaciones de crisis son un escaparate que muestra en tiempo real las competencias o debilidades de las instituciones. No hay forma de ocultar por mucho tiempo la precariedad de condiciones o la infraestructura rotunda; tampoco las debilidades ni el liderazgo.

Conforme a la ley aplicable, le corresponde a la Secretaría de Salud (SS) el establecimiento de las medidas para prevenir y controlar la epidemia. Además, existe un Consejo de Salubridad General, órgano de máxima autoridad en la materia que depende del ejecutivo federal pero lo preside el secretario de Salud. Lo integran 13 vocales titulares de muy diversas instituciones y secretarías (no incluye a la SRE) y otros 19 vocales invitados (el Conacyt entre ellos).

Es decir, formalmente, la responsabilidad sobre cómo enfrentar la crisis se distribuye en una estructura relativamente amplia y diversa de instancias, aunque en la práctica se concentra en el equipo de la SS y más mediáticamente en la subsecretaría que encabeza Hugo López Gattel, el hombre fuerte contra el coronavirus que tiene toda la confianza y el respaldo del presidente de la República.

En el primer nivel, como han dejado testimonio las conferencias de prensa y las acciones, la SS dirige la coordinación de todo el gabinete sobre la pandemia. No obstante, hay un segundo nivel de participación en la crisis que corresponde propiamente al ámbito de especialidad de cada sector: Ciencia y Tecnología, Economía, Seguridad Pública, Educación, Gobernación, Trabajo, Energía, etcétera.

Ahí, en el segundo nivel, el sistema científico y tecnológico, junto con el de Gobernación, han sido los menos visibles. Ambos sectores tienen recursos y capacidades instaladas para colaborar en el control de la pandemia. Sin embargo, prácticamente han pasado desapercibidos, o bien, se han hecho notar por los motivos equivocados.

Lo hemos dicho en este Acelerador de Partículas: el Conacyt llegó tarde, mal y fragmentado al combate contra el coronavirus. A pesar de que es la cabeza del sector que articula las políticas públicas en materia de ciencia y tecnología de todas las secretarías de Estado y asesora al ejecutivo federal, simplemente no ha jugado un papel relevante. Ni hablar de su compromiso con los ventiladores mecánicos que debieron estar listos hace más de un mes y a la fecha no están.

El subsecretario López Gattel ha dado crédito a los modelos matemáticos elaborados por el organismo para las proyecciones de las curvas epidémicas, las estimaciones de movilidad pública, los mapas de riesgo o su colaboración en la elaboración de pruebas para detectar el virus. Sin embargo, lo cierto es que no logró sumar el conocimiento y experiencia de los recursos humanos de alto nivel que tiene en su sistema, ni las capacidades en red de sus instituciones.

Algo similar ocurrió con la Secretaría de Gobernación. Tiene bajo su responsabilidad la coordinación de las secretarías, las convocatorias a reuniones del gabinete y todo lo relacionado con la política interna. No obstante, públicamente no apareció en las grandes decisiones para controlar el covid-19, ni siquiera en la iniciativa de colaboración entre el sistema de salud público y privado.

Por el contrario, la SRE y su titular, Marcelo Ebrard, sin pertenecer al Consejo de Salubridad General, desde el comienzo de la pandemia, cuando las fronteras en el mundo estaban por cerrarse, intervino para traer a connacionales (becarios y no becarios de Conacyt). En enero de este año también firmó un convenio marco con la UNAM para organizar y llevar a cabo proyectos de investigación; al mes siguiente, cuando estaba en ascenso el problema, presidió una reunión de virólogos para proyectar patrones del virus en América Latina y el Caribe (Cinvestav, 02.02.2020).

La SRE también se encargó de las donaciones internacionales, las compras de insumos y equipamiento para el sistema de salud e incluso del convenio con hospitales privados para que pusieran a disposición del gobierno federal 50 por ciento de sus camas, el cual por cierto culminó el pasado 28 de mayo.

Ahora, la misma SRE informa que convocó a 18 investigadores de ocho universidades e institutos de salud para integrar un equipo que representa a México ante la OMS y cuyo objetivo es colaborar en la vacuna contra el covid-19 (Milenio Diario 15.06.2020).

Efectivamente, la cabeza del sector científico y tecnológico no parece estar en Conacyt.

Pie de página: El reciente decálogo del presidente López Obrador para salir del coronavirus está “en congruencia con la evidencia científica acerca de los factores que más influyen en la salud”. Sí, eso escribió la titular del Conacyt en un tuit

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