Los efectos de la pandemia obligarán a las universidades a reinventarse
Las universidades públicas del país enfrentan una encrucijada de la que esperan salir lo mejor libradas. Al igual que muchos sectores de la sociedad, la pandemia pegó de manera directa en su planeación, sus expectativas y en su proyecto, y ahora deben reinventarse.
Más obligadas por el contexto que les impuso la emergencia sanitaria que por haberlo concebido con antelación, las instituciones de educación superior diseñan estrategias para regresar a las actividades, pero bajo otras circunstancias y requerimientos.
Revisar los modelos educativos, adaptarlos a la enseñanza remota, emplear a fondo las nuevas tecnologías del conocimiento, y mantener el eje de su actividad académica en los estudiantes, son solo algunos de los retos que deben resolver en el corto y mediano plazo.
Para rectores e investigadores, el escenario de la educación superior en México ha cambiado considerablemente. Las prioridades siguen siendo las mismas, pero ahora hay que encontrar otros caminos para desentrañarlas y atenderlas.
Y en esta transición, las universidades han enfrentado la amenaza de la deserción y miles de estudiantes se han quedado en el camino. Como ocurre con otros aspectos, como la cobertura y la equidad, el abandono escolar impactó de manera diferenciada entre las instituciones, y eso provocará que se acentúen las diferencias.
Para muchas universidades, la deserción fue muy ligera, y algunas otras optaron por emplear las llamadas bajas temporales para paliar el efecto de cientos de alumnos que están en riesgo de dejar sus estudios a nivel profesional.
De ese tamaño es la dimensión de la nueva normalidad a la que deberán acostumbrarse las universidades públicas del país.
Forzadas a rediseñar
Para Carlos Iván Moreno Arellano, coordinador General Académico y de Innovación de la Universidad de Guadalajara (UdeG), la adecuación de la modalidad a distancia y las clases presenciales en un modelo híbrido es el gran reto que deben afrontar las instituciones de educación superior.
Estima que en medio de la pandemia, la educación superior cambió de manera dramática. Por ello, alumnos, profesores y directivos no pueden volver a ser los mismos.
“No vamos a volver a las clases presenciales de tipo tradicional. Vamos a combinar de manera intensa las tecnologías y la presencialidad”, detalla.
Debido a esto, los docentes están obligados a aprovechar el tiempo para discutir y problematizar, y no sólo para comunicar o transmitir conocimientos; es decir, tienen que competir por la atención de los estudiantes y ganar esa competencia.
Aunado a ello, sostiene Moreno Arellano, el modelo híbrido podría generar un aumento de la matrícula, y con ello se van a ampliar las oportunidades, a nivel global, de acceso al conocimiento.
El problema, advierte, es que la transformación en las prácticas pedagógicas y en ocasiones culturales implican un reto en medio de un panorama donde sólo 44 por ciento de las familias mexicanas tienen acceso a una computadora.
Ello, sin contar con la escasez de recursos en las universidades públicas, con la inversión por alumno más baja de los últimos 20 años, ajustada por la inflación.
“Son momentos difíciles para las universidades de todo el país, y sobre todo para la UdeG, porque era de las instituciones más exitosas por los proyectos que presentaba y en bajar recursos extraordinarios”, comenta.
Estudiar alternativas
En ese sentido, Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, rector de la Universidad de Colima (UdeC), comenta que, si bien la deserción escolar es uno de los efectos secundarios de la pandemia, hay instituciones que han podido salir bien libradas de esta crisis.
“Evidentemente hay un fenómeno de deserción, no sólo en educación superior, en media superior, en educación básica, en posgrado, debo decirles que, en términos reales, la Universidad de Colima prácticamente no tuvo deserción, ese es un dato muy importante para nosotros”, dice.
Sin embargo, reconoce, esto va a agudizar las enormes diferencias que existen entre las instituciones de educación superior del país.
“A diferencia de lo que sucedió en otras universidades del país, nosotros no tuvimos una deserción que se explicara derivada de la pandemia o de los problemas económicos que la pandemia está ocasionando en muchos hogares”, argumenta.
Las cifras de la propia Secretaría de Educación Pública (SEP) a nivel nacional contrastan con este optimismo. Y es que, entre las propias entidades hay una diferenciación. La pandemia sacudió de manera diferenciada a las casas de estudio.
Y es que, las cifras oficiales establecen que la pandemia de covid-19 obligó a 441 mil 929 estudiantes a abandonar la educación superior.
Los más altos porcentajes de abandono en la educación superior se registran en Baja California Sur con 14 por ciento, Quintana Roo con 12.5 por ciento, Sinaloa con 12 por ciento, Campeche y Veracruz con 11.7 y 11.6 por ciento, respectivamente.
Y aunque las cifras en términos reales, parecen quitarle seriedad y complejidad al problema, es un hecho que la nueva realidad a la que se van a enfrentar las universidades públicas del país pasa por reconocer que la desigualdad va a permear con mayor fuerza.
“No podemos ocultar que la situación económica le está pegando no sólo a nosotros las instituciones de educación superior, le está pegando a la economía, y si le pega a la economía, pega a las familias”, argumenta el rector de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), Salvador Hernández Vélez.
Incluso, señala el rector, decenas de alumnos enfrentan problemas que van a impactar de lleno en su desempeño académico, una vez que las instituciones se afiancen a este nuevo escenario.
“Pasó algo en sus familias, de algunos murió su papá, quien los atendía o los proveía, y en ese sentido muchos han tenido que trabajar, otros, su papá también perdió parte del empleo, a otros les rebajaron los sueldos”, apunta.
De ese tamaño es el reto que deben asumir las instituciones de educación superior del país.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres
- Carlos Reyes
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