21 Aniversario
El lingüista y director del proyecto del Diccionario del español de México en El Colegio de México señaló que generar y difundir el conocimiento es necesario para que nuestro país no quede atrás
El conocimiento científico debe ser impulsado y difundido entre la sociedad para tener un mejor conocimiento de su entorno y sus alcances.
Es una puerta a través de la cual se puede tener la capacidad de cambiar el entorno en el que se desarrolla y ubica el país. De lo contrario, existe un riesgo de caer en una dependencia extranjera sin retorno.
Así lo concibe Luis Fernando Lara Ramos, lingüista y director del proyecto del Diccionario del español de México en El Colegio de México desde 1973.
En entrevista con Campus, explica que esa dependencia conlleva a un proceso de colonización que está alejado de la generación de conocimiento y la investigación.
De acuerdo con Lara Ramos, quien ingresó al Colegio Nacional el 5 de marzo de 2007, el mejoramiento de la calidad del sistema educativo tiene que ver también con este proceso en el cual la difusión del quehacer científico es fundamental.
Herramienta de mejora
Para Luis Fernando Lara Ramos, quien estudió la Licenciatura en Letras Españolas en la Universidad Iberoamericana (UIA), y realizó sus estudios de doctorado en Lingüística y Literatura Hispánica en El Colegio de México, la ciencia tiene muchas aportaciones que brindar a la sociedad.
En ese sentido, explica, se debe partir de que el conocimiento científico permite tener una mayor comprensión del entorno y de todo lo que rodea al ser humano.
“Antes que nada, el conocimiento científico define la comprensión que tenemos los seres humanos del universo, de la Tierra, de nosotros mismos, mediante la cual somos capaces de cambiar, e incluso echar a perder, o mejorar nuestro entorno y actuar responsablemente”, dice.
El lingüista, quien esl doctor honoris causa por la Universidad de Sherbrooke, Quebec, en Canadá, esta debe ser la principal aportación de la ciencia a una sociedad moderna como lo es México.
De no mantener y profundizar en ese camino, dice Lara Ramos, se incurre en un error que puede generar retrocesos y generar una dependencia tecnológica considerable.
Una tarea, añade Lara Ramos, que no solo debe limitarse a las nuevas generaciones, sino debe llegar a la sociedad en su conjunto.
“Si no producimos conocimiento científico y si no somos capaces de difundirlo adecuadamente a todos los mexicanos, no sólo niños y jóvenes, nuestra sociedad y nuestro país se van quedando atrás”, puntualiza.
Por ello, apunta el lingüista, quien recibió el Premio Wigberto Jiménez Moreno en 1995, así como los galardones Antonio García Cubas, en 2006, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en 2013, aumenta el riesgo de una colonización extranjera.
“Ya no se necesitan armas ni invasiones, sino que se basta con aprovechar la ignorancia para reducirnos a meros productores de mano de obra barata y consumidores ciegos de tecnología, alimentos, etcétera”, comenta.
En suma, argumenta Lara Ramos, una producción original de conocimiento científico debe tener aportaciones que marquen diferencia en el entorno internacional.
En ese tenor, recuerda la labor hecha por Mario Molina, quien ganó el Premio Nobel de Química en 1995, por el descubrimiento de las causas del daño a la capa de ozono.
“O las aportaciones a la investigación del cerebro humano, llevadas a cabo por los doctores Pablo Rudomín y Ranulfo Romo, contribuyen determinantemente a las aportaciones mexicanas a las ciencias que son, por naturaleza, universales”, reconoce.
Asimismo, dice el integrante del Colegio Nacional, cuyas investigaciones se han orientado al estudio de la normatividad en la lengua, la semántica, la teoría del diccionario y sus métodos, la relación de la lengua con la cultura y la historia del español, el conocimiento científico da lugar a la creación de objetos e instrumentos útiles para la sociedad.
“Como lo son vacunas, modificaciones transgénicas de las plantas para evitar la contaminación por insecticidas, etcétera”, subraya.
Lejos del objetivo
Sobre la importancia que tiene el desarrollo de las ciencias y la investigación en los niños y jóvenes del país, Luis Fernando Lara Ramos sostiene que solo puede dar un acercamiento al asunto a partir de impresiones y suposiciones que tiene en torno a este asunto.
“No conozco, con datos en la mano, si se impulsa y cómo el conocimiento y la investigación científica entre niños y jóvenes”, admite el investigador.
Sin embargo, opina que en esta tarea el sistema educativo ha dejado de hacer su parte y no ha acercado el conocimiento de manera creativa.
“La escuela elemental perdió la brújula desde hace muchos años y no sabe para qué enseña”, puntualiza.
Y es que, comenta Lara Ramos, quien desde 1970 ha fungido como profesor-investigador en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (Colmex), solo se aprecian esfuerzos aislados que no son suficientes.
“Salvo algunos maestros que, por su propia curiosidad, se acercan a obras científicas, de divulgación seria, por ejemplo, lo que hace El Colegio Nacional, el resto se concreta a repetir lo que dicen los libros de texto”, lamenta.
Los docentes, en su mayoría, supone el investigador no realizan un proceso de enseñanza-aprendizaje de manera más creativa.
“Sin acercarse a ellos de manera inquisitiva, creativa, para poder transmitir a los niños y jóvenes un interés real por las ciencias”, dice.
En el otro extremo, considera Lara Ramos, en “plataformas como Discovery Channel, History Channel, etcétera, y Youtube, los niños y jóvenes están acostumbrados a ver la ciencia como magia, no como producto laborioso y serio de los seres humanos”.
Debido a esto, plantea el investigador, quien ha sido profesor de Lingüística general, Semántica, Lexicología, Lexicografía e Historia de la lengua en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, la Facultad de Filosofía y Letras y el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la UNAM, las nuevas generaciones acceden a versiones alejadas del rigor científico.
“La mezcla entre conocimientos verdaderos y falsificaciones creacionistas, místicas, de ciencia-ficción, tiende a producir falsas comprensiones de la ciencia y los somete a las sectas seudo-religiosas que pululan en esos medios”, advierte.
Esfuerzo compartido
Para Luis Fernando Lara Ramos, quien es miembro fundador de la Asociación Mexicana de Lingüística Aplicada, A.C., la ciencia puede llegar a tener un mayor impacto en la sociedad si va acompañado de una política acorde con los alcances que esta puede tener.
Por ello, antes de pensar que la ciencia puede contribuir a resolver problemas como la desigualdad, la pobreza y otros rezagos sociales, se debe entender que no es un ente aislado.
“El papel del conocimiento científico es estudiar fenómenos que acontecen en el universo, en nuestro planeta, en nuestros cuerpos y en nuestras sociedades”, dice el investigador.
Bajo esa perspectiva, considera el lingüista, “el conocimiento que se produce contribuye a entender primero, y después a llevar a cabo ciertas acciones para superar la desigualdad, la pobreza, la ignorancia y los daños a la salud”.
Sin embargo, se trata de un esfuerzo que tiene que ser acompañado de una estrategia y una toma de decisiones que provoquen un efecto mayor en la sociedad.
“Su efecto no puede ser directo, pues los científicos no tienen los medios para hacerlo. Lo que necesitan es quien tome en cuenta seriamente esos conocimientos y elabore medios, instrumentos, políticas para resolverlos”, dice.
En ese tenor, puntualiza que el poder Ejecutivo, el Legislativo, instituciones de gobierno e instancias como el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), son quienes deben dar forma a ese engranaje.
Asimismo, dice Lara Ramos, quien es miembro honorario de la Sociedad Mexicana de Historiografía Lingüística la educación superior tiene que asumir un papel central como palanca para alcanzar un mayor desarrollo económico.
“En el mundo contemporáneo, el desarrollo no sólo económico, sino humano depende determinantemente del conocimiento científico que se transmite o debe transmitirse en la educación superior”, enfatiza.
Y una herramienta que pueden utilizar las instituciones de educación superior para lograr un mejor resultado, e incidir de manera más satisfactoria en la reducción de los rezagos, puntualiza el lingüista, quien es investigador nacional emérito del Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt desde 2013 es la concreción de estrategias para una mayor equidad.
“Mediante la gratuidad de los estudios y, en la medida de lo posible, mediante becas”, pero, sobre todo, finaliza, “mejorar radicalmente la calidad de la enseñanza escolar”.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres