La revista literaria El Año Nuevo, entre los años de 1837 a 1839, contribuyó a dar forma a este género
La crítica está de acuerdo en que la literatura mexicana inicia oficialmente en 1836 con la creación de la Academia de Letrán por José María Lacunza, Juan Nepomuceno Lacunza, Manuel Tossiat Ferrer y Guillermo Prieto, organismo al que se incorporan, casi inmediatamente, escritores como Andrés Quintana Roo, Francisco Ortega, José Joaquín Pesado, Manuel Carpio, José María Tornel, Francisco Modesto de Olaguíbel, Isidro Rafael Gondra, Luis Martínez de Castro, Eulalio María Ortega, Joaquín Navarro, Ignacio Rodríguez Galván, Fernando Calderón, Ignacio Ramírez, Manuel Payno, Ignacio Aguilar y Marocho, Manuel Orozco y Berra y José María Pacheco, entre otros.
Al año siguiente, en 1837 y hasta 1840, se publica la que se considera la primera revista literaria mexicana hecha por y con escritores de nuestro país, El Año Nuevo. A ella se suman, posteriormente, la revista quincenal El Recreo de las Familias (1838) y los semanarios El Museo Mexicano (1843-1845), El Liceo Mexicano (1844) y Revista Científica y Literaria de México (1845-1846). En todas participaron miembros de la Academia de Letrán y salvo El Liceo Mexicano, todas fueron editadas por alguno de ellos. Como plataformas divulgadoras de la producción literaria nacional, en estas revistas se publicó poesía, narrativa y ensayo. Se vislumbra, en cada uno de estos géneros literarios, un intento, según Prieto, de “mexicanizar la literatura, emancipándola de toda otra y dándole carácter peculiar”.
De los tres géneros literarios señalados, sin embargo, en estos primeros años comienza a tomar mucha importancia la narrativa, debido, principalmente, a la función formativa y didáctica que se le otorgó a la literatura. Durante el siglo XIX, la narrativa mexicana tuvo tres puntos cumbre, uno entre 1843 y 1845 con la novela corta del primer romanticismo mexicano, otro entre 1868 y 1872 con la novela histórica y de folletín y otro más entre 1892 y 1893 con el cuento. Para este pequeño artículo, como el tema incumbe a los inicios de la Literatura Mexicana, se menciona un momento previo al primer auge de la narrativa: el de la novela corta, género que, según Óscar Mata, fue llamado novelita, pequeña novela, esbozo de novela, proyecto de novela, esquema de novela, tentativa de novela o ensayo de novela; es decir, mencionaremos algunas de las novelas cortas publicadas en El Año Nuevo entre los años de 1837 a 1839 —el último año no se incluyó ninguna—.
En 1837, José María Lacunza publica Netzula, texto que trata sobre la heroína del mismo nombre, quien es asesinada por los conquistadores españoles junto con su enamorado, Oxfeler, un guerrero azteca. Esta novela, considerada por Concha Meléndez como la primera novela indianista hispanoamericana, presenta a ambos personajes de manera idealizada y a los antagonistas como los destructores del paraíso prehispánico. El antihispanismo presente en este texto sólo es comparable al del relato “La batalla de Otumba”, de Eulalio Manuel Ortega, donde se lee que tras ganar la guerra en América “y traspasando el océano, los atacaremos en sus hogares; incendiaremos sus habitaciones; talaremos sus campos y convertiremos en ruinas toda la España”.
En 1838, se publica El Inquisidor de México, de Pesado, novela que inicia en México con las historias sobre la Inquisición en la Nueva España, donde el protagonista, Domingo Ruiz de Guevara, condena, sin saberlo, a su hija a la hoguera; sin embargo, a diferencia del antihispanismo de las narraciones mencionadas, Pesado es un poco más empático y permite la redención de su personaje. En ese mismo año aparece Manolito el pisaverde, de Rodríguez Galván, donde se trata el arribismo político y social, el travestismo, las costumbres de la época y las implicaciones que la política tiene entre los distintos países de Hispanoamérica. Este año también se incluye El criollo, de Pacheco, que trata sobre los inicios de la lucha por la Independencia de México.
En 1839, Rodríguez Galván publica La procesión, novela que tiene como villano a un francés configurado negativamente —como se recordará, un año antes, México había sido escenario de la Guerra de los Pasteles—, configuración que contrasta con la del héroe mexicano, una especie de prefiguración del héroe de folletín mexicano —Martín Garatuza, en la novela de Vicente Riva Palacio de 1868 del mismo nombre, sería un ejemplo de héroe de folletín—, quien es valiente, digno y tiende a la infalibilidad. Ángela, de Mariano Navarro, igualmente incluida, es una novela que trata sobre los alcances destructivos que la lujuria masculina tiene sobre los otros, pues no sólo afecta las relaciones amorosas de los protagonistas, sino que el villano termina ocasionando la muerte de su propia hija, a la que pretendía sin conocer sus lazos de sangre. También se publica en este volumen, María, de Payno, que trata sobre el fusilamiento de Agustín de Iturbide.
Todas las novelas pueden leerse en: http://www.hndm.unam.mx/index.php/es/
