La especulación ha sido el motor movilizador de la capital en muchos años: académico de la UAM

Se encuentra detrás de la enorme concentración en algunas zonas de alto valor económico

Expertos de la UAM y del IPDP participaron en la mesa Ciudad con equilibrio y ordenamiento territorial.

Desigualdad, especulación, irregularidad del sistema económico y corrupción son las cuatro grandes líneas que están detrás de todos los problemas de la Ciudad de México “que esperamos poder enfrentar a lo largo del tiempo”, afirmó el maestro Roberto Eibenschutz Hartman, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En el Foro Académico Programa General de Ordenamiento Territorial el Profesor Distinguido de la Casa abierta al tiempo subrayó la importancia de la discusión para conocer las distintas posiciones y enriquecer el Programa General de Ordenamiento Territorial de la Ciudad de México, teniendo a la desigualdad como una premisa que aparece en todos los problemas de la metrópoli y que refleja la falta de equidad y equilibrio entre los poderes e intereses.

“Lamentablemente la especulación es el motor que ha movido a la capital durante muchos años y es parte de los problemas que estamos viviendo y de la enorme concentración en algunas zonas de alto valor económico y la expulsión y dispersión de la población a la periferia”, agregó.

Además, “están presentes la informalidad o irregularidad de un sistema que no está generando empleo para la totalidad de la población, que se refleja en las condiciones de vida, en la vivienda y en todas las dimensiones de desarrollo de la urbe, sin descuidar que la corrupción es el cuarto asunto a enfrentar, ya que está en todos los procesos como el aceite que permite que la maquinaria se mueva, de la cual todos somos partícipes en alguna medida y que es necesario erradicar de fondo”, refirió.

El doctor Alberto González Pozo, Profesor Distinguido de la UAM, apuntó que tanto el Plan de Desarrollo de la Ciudad de México, como el proyecto del Programa General de Ordenamiento Territorial son significativos en los objetivos que proponen, tanto en el diagnóstico de muchos problemas, como en algunas de las metas y estrategias a resolver.

En su ponencia Patrimonio material, rural y urbano territorial explicó que ambos instrumentos “son muy parecidos, aunque el Plan General tiene una visión más específica, mientras que el segundo ofrece una perspectiva integral, ya que no se ocupa sólo del patrimonio material, sino también del natural e inmaterial”.

De esta manera, el Plan General de Desarrollo está razonablemente actualizado, porque identifica a las distintas zonas de monumentos históricos existentes, tanto aquellos que son de patrimonio mundial, monumentos como aquellos inmuebles catalogados, registrados o de algún modo tutelados por los institutos Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI).

Sin embargo, en plazas o jardines no llega la conservación al monumento catalogado y “es donde regularmente proliferan anuncios, grafitis, desechos sólidos y todo tipo de problemas, lo que demanda un reordenamiento territorial que permita un verdadero mandato acordado con la intervención de la autoridad y la ciudadanía involucrada”, aseveró.

Por tanto, resulta fundamental “un oportuno mantenimiento preventivo y correctivo, una ordenanza más activa con personal calificado, inversión suficiente y participación ciudadana para proteger el patrimonio cultural de la metrópoli”, dijo.

La maestra Laura Olivia Carrillo Martínez, integrante del Programa de Estudios Metropolitanos de la Unidad Xochimilco, comentó que ambos documentos coinciden en enfatizar el reconocimiento a los asentamientos irregulares a partir de la localización misma y no del proceso de urbanización.

De igual manera, “plantean una serie de elementos, políticas y acciones para intervenirlos, su relocalización y la regulación de suelo”, frente a una realidad en la que no ha sido posible disminuir los asentamientos irregulares en suelo urbano o de conservación, apuntó la también coordinadora del foro.

Por tanto, “este tema debe abordarse de manera integral, no sólo visto desde el conteo de población y vivienda, sino regular el suelo, entender y atender a la población a partir de sus condiciones económicas y necesidades sociales y considerar también su localización física”, resaltó Carrillo Martínez.

La doctora Juana Martínez Reséndiz, coordinadora de la Maestría en Ciencias y Artes para el Diseño de la UAM, proyectó la necesidad de retomar en ambos instrumentos el ampliar el diagnóstico de espacio público, en el sentido de concebir que el problema que representa como elemento de orden urbano tiene que ver con las transformaciones que han vivido las ciudades, en particular la capital del país.

Entonces, “pensar el espacio público es entender la convivencia social, pero significa también percibir cómo estamos atendiendo a los pobres, a los excluidos y a los discriminados, con esta idea de conocer que la desigualdad territorial es el contexto en el que deben discutirse los problemas de la metrópoli”.

La doctora Laura Isabel Romero, docente en el Área de Sostenibilidad Ambiental del Posgrado de Ciencias y Artes para el Diseño, calificó de histórico la generación de ambos documentos, porque nunca había coincidido la construcción de dos herramientas sustanciales para el ordenamiento territorial con la incorporación del tema ambiental.

Aunque se vieron interrumpidos por diversos fenómenos, entre ellos sismos y pandemia, fueron retomados debido al interés de ordenar –a través de nuevas metodologías para la confección del Programa de Ordenamiento ahora regido por el Instituto de Planeación Democrático– una instancia que va a tener mucho trabajo para dar seguimiento a la elaboración y aprobación de todos estos planes.

La investigadora coincidió en que muchos planes de desarrollo urbano en la ciudad ya no tienen vigencia, puesto que deben ser revisados cada dos años y, en la actualidad, “tenemos instrumentos que fueron publicados en 2005, 2008, 2010, 2011 o el de Cuajimalpa, que data de 1997”.

En años anteriores se había pensado en la importancia en algunas zonas al interior de la metrópoli que pretendían tener una regulación en el uso de suelo, densidad de construcción en polígonos, política no atractiva para el mercado inmobiliario y la decisión de transformar en programas parciales.

“En la época neoliberal había la posibilidad de gestionar proyectos de mayor impacto sin que hubiera una necesaria correspondencia con los instrumentos de planeación previa”, acotó la especialista.

En este encuentro también participaron Pilar Quintero, militante del Movimiento Urbano Popular; Eli Homero Aguilar, fundador de la Alianza Mexicana; Francisco Saucedo, de la coordinadora Única de Damnificados y Asamblea de Barrios, y Jaime Reyo, del Movimiento Urbano Popular y fundador de la Unión Popular Revolucionaria “Emiliano Zapata” y, se escucharon voces de los asistentes presentes en el auditorio Francisco Javier Mina y de redes sociales.

El Foro Académico Programa General de Ordenamiento Territorial, organizado por la Unidad Xochimilco de esta casa de estudios y el Instituto de Planeación Democrática y Prospectiva de la Ciudad de México, se celebró en el Auditorio Francisco Javier Mina de esa sede de la Casa abierta al tiempo.

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