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Invita ITESO a cuidar el Bosque La Primavera desde el conocimiento

Los más recientes incendios vuelven a poner sobre la mesa la necesidad de entender las consecuencias y de acercarnos a distintas iniciativas para informarnos sobre la mejor manera de aportar al cuidado de esta zona

Abril comenzó con olor a quemado y la noticia corrió rápido en redes sociales: el bosque el Bosque La Primavera se quemaba por segunda vez en el mismo mes. Para el primer incendio, registrado el 1 de abril, de acuerdo con los datos de las autoridades se requirieron tres días, 554 brigadistas forestales y seis helicópteros para controlar el incendio. El pasado 14 de abril hubo otro incendio que afecta al paraje Los Volcanes, en una de las cuatro zonas núcleo de Área Natural Protegida del bosque.

“Los servicios ambientales del bosque que nos ofrecen calidad de vida – aire fresco, calidad de aire, temperaturas bajas – con afectaciones como la del incendio se revierten y pueden convertirse en un riesgo para nuestra salud”, dice Pedro Alcocer, profesor del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano (DHDU) del ITESO e integrante del Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) y asociación civil Anillo Primavera.

Además de los riesgos más inmediatos como la contaminación por humo y partículas suspendidas, o la ola de calor que sentiremos, en temporada de lluvias lo que sucederá es que el bosque, con su capacidad de absorción minada por el incendio que se refleja en que la tierra no es tan porosa, hará que el agua de lluvia escurra por la superficie, lo que provocará inundaciones con mucho lodazal en zonas de riesgo como Arroyo Seco, Lomas de la Primavera o Paraísos del Colli, entre otras, en las que hay personas que están instaladas en lugares irregulares, lo que las pone en situación de riesgo.

“En los próximos años veremos una reducción importante de las capacidades del bosque para ofrecernos los servicios ambientales, porque la zona donde ocurrió el incendio estaba en plena recuperación, ya que fue la misma que se incendió en 2012, cuando se afectaron 8 mil hectáreas”, señala Alcocer.

En aquel entonces se calculó que el bosque tardaría hasta 20 años en recuperar su estado previo al incendio, pero esta vez se pierde la recuperación de 10 años, lo que genera incertidumbre sobre el tiempo y la manera en que se recuperará el área afectada. Para Alcocer, “el impacto más grave es que estamos quemando sobre quemado. Es una situación inédita”. De acuerdo con imágenes del 7 de abril, detectadas por el Satélite Sentinel 2, la superficie afectada directamente por el fuego es de 5 mil 200 hectáreas, mientras que la superficie afectada por los puntos de calor es de 7 mil 200 hectáreas, detectadas por las herramientas FIRMS y Copernicus de la NASA y la Unión Europea.

Anillo Primavera señaló, por medio de sus redes sociales, que la zona afectada por el incendio del 13 de abril era uno de los pocos resquicios a los que el fuego no había llegado en los últimos 30 años.
El bosque Interuniversitario

Apenas pocos días antes del incendio, el ITESO, la Univa, la UP campus Guadalajara, la Universidad Marista de Guadalajara y Cástulo Romero Garibay firmaron un convenio de colaboración para trabajar de forma conjunta en la conservación de 410 hectáreas dentro del bosque. La zona del bosque interuniversitario no se vio afectada esta vez, pero ya se había incendiado en 2019, y los únicos proyectos de restauración han sido por parte del ITESO y del resto de las universidades que integran este convenio.

Las universidades, al reunirse, quieren potenciar un modelo de conservación por encima de un modelo de aprovechamiento para esta zona del bosque, en la que se pueda generar un modelo diferente de conservación a partir de la generación de conocimiento, educación ambiental y la integración de las comunidades cercanas para impulsar un trabajo en comunidad y la conservación.

“Hasta el momento, en el bosque La Primavera no se ha implementado un modelo de este tipo y tampoco se ha implementado en ninguna área natural protegida en nuestro país, entonces sería un modelo innovador para las áreas naturales protegidas y replicable”, indica Sandra Valdés, académica del DHDU del ITESO e integrante de Anillo Primavera.

Sin proyecto de restauración

En los 10 años en los que se ha trabajado en el bosque desde el PAP Anillo Primavera, no ha habido presupuesto público ni proyectos gubernamentales de restauración ecológica de las zonas afectadas por los incendios, comenta Valdés.

«Las autoridades piensan que su trabajo termina cuando se apaga el incendio, pero en realidad el trabajo empieza apagando el incendio porque a partir de ahí es que se tiene que hacer un proyecto de restauración de suelos y un proyecto de restauración del ecosistema. Las consecuencias son palpables: en las zonas incendiadas se pierde suelo y cuando no tenemos el suelo, a la hora que viene la lluvia se pierde la capacidad de absorción del suelo y entonces esta agua va a correr y va a suceder lo que pasó en 2019, por ejemplo, con la zona del Boulevard Bosques de Santa Anita, que se venían los escurrimientos de lluvia fuertísimos, de agua y lodo, que afectaron a viviendas y zonas habitacionales vinculadas al bosque”, explica.

Tampoco existe un proyecto integral de prevención de incendios que incluya la organización de las actividades recreativas que se realizan al interior del bosque en todas las temporadas, y en el que se consideren las actividades que se llevan a cabo alrededor del bosque y en la ciudad que impactan directamente en el polígono inmediato a La Primavera.

Para la académica, “si logramos organizar esas actividades en función de la fragilidad ambiental del bosque podríamos comenzar a pensar que estamos resguardándolo a mediano y a largo plazo, pero mientras no exista una conciliación entre estas actividades y la actividad del bosque, este va a seguir recibiendo las presiones inmobiliarias de crecimiento de la ciudad, las que se generan a partir del desarrollo de Technology Park – al norte del bosque por la carretera a Nogales -, y las que conlleva el crecimiento de los invernaderos para las berries en la zona sur”.

Esta situación impacta también no solamente en el polígono interior del bosque, sino también en los corredores biológicos que están afuera del bosque y que conectan la fauna y la flora de éste con la Barranca de Huentitán, con el lago de Chapala en la zona de Cerro Viejo y Chupinaya, y con el volcán de Tequila y toda la zona del paisaje agavero.

Valdés explica que el modelo que se ha seguido para la conservación en los últimos años ha partido de plantear el aprovechamiento de las áreas naturales como un principio de conservación. Pero a lo largo del tiempo se ha demostrado que con este criterio no se ha logrado conservar lo suficiente las áreas naturales y tiene al planeta en la condición ambiental tan preocupante que vivimos actualmente.

En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro se propuso el principio precautorio, que indica que si no se puede demostrar que un proyecto sirve para conservar, debe detenerse. “Este principio surge principalmente en apoyo a las comunidades que no pueden aportar elementos técnicos o científicos para la conservación de sus áreas naturales y que se vuelven susceptibles de explotación por parte de las grandes empresas”, considera Valdés, y añade que este mismo principio lo retoma el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si’, en la que se propone como un paradigma a tomar en cuenta en la conservación de la naturaleza y de la casa común.

¿Cómo podemos contribuir al cuidado del bosque?

Los académicos coinciden en que deben de fortalecerse las líneas de conocimiento e información hacia la sociedad para sensibilizarla de la situación del bosque en general y no solo cuando ocurren siniestros como los recientes.

“Ante la pregunta ‘¿qué puedo hacer yo por el bosque?’, que nos ha costado mucho trabajo responder, desde el PAP Anillo Primavera estamos planteando un proyecto que se llama microbosques comunitarios, es decir, tú en tu comunidad, en tu fraccionamiento, incluso en el patio de tu casa, en tu escuela, puedes plantar un microbosque, que es de alguna forma una réplica de algunas especies nativas del bosque con el fin de apoyar a las especies polinizadoras y aves, así como para la reproducción de las mismas especies del bosque”, dice Alcocer.

La Primavera en llamas

Desde 1998 ha habido cuatro grandes incendios en el bosque La Primavera:

• 1998: 2 mil hectáreas quemadas

• 2005: 12 mil hectáreas quemadas

• 2012: 8 mil200 hectáreas quemadas

• 2021: Entre 4 mil 500 y 6 mil 500 hectáreas quemadas

Precauciones ante el incendio

• No hacer actividades al aire libre

• Hidratarse lo más que se pueda

• Cerrar las ventanas

• Fomentar el uso de cubrebocas incluso en espacios cerrados

Acerca del autor

suplemento campus
Redacción Campus

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