La inteligencia artificial, la desigualdad, la diversidad, la violencia, la democracia y el cuidado forman parte de los desafíos que hoy obligan a replantear qué significa educar, coincidieron autoridades académicas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México durante el arranque de las celebraciones por los 30 años de Educación y Pedagogía.
En la ceremonia inaugural, Joseba Buj, Director de la División de Humanidades y Comunicación, señaló que la pedagogía debe ocupar un lugar central en la reflexión universitaria, pues educar implica preguntarse no sólo qué conocimientos transmitir, sino también qué tipo de personas y qué tipo de sociedad se contribuye a formar.
El académico destacó que estas preguntas adquieren una urgencia especial ante los cambios tecnológicos y sociales contemporáneos.
“También una pedagogía capaz de preguntarse por el lugar que ocupan hoy la inteligencia artificial, la desigualdad, la diversidad, la violencia, la democracia y el cuidado dentro de nuestros procesos educativos”, planteó.
Buj advirtió además que las profundas desigualdades educativas continúan condicionando las posibilidades de vida de millones de personas, por lo que se requieren pedagogas y pedagogos capaces de leer críticamente su tiempo, comprender las estructuras que atraviesan la experiencia educativa y reconocer la historia particular que existe detrás de cada estudiante.
Durante su intervención, el Director de la División de Humanidades y Comunicación también puso sobre la mesa una de las paradojas de la educación superior: una persona puede contar con amplios conocimientos en su disciplina y, al mismo tiempo, no tener las herramientas necesarias para transmitirlos.
Por ello, sostuvo que la pregunta por la pedagogía debería ser central para las humanidades y estar presente en sus programas académicos, pues la formación pedagógica resulta fundamental para comunicar el conocimiento de manera efectiva.
En ese sentido, insistió en distinguir entre ser competente y ser competitivo. Desde la tradición educativa jesuita, explicó, la formación profesional no debe reducirse al éxito individual, sino orientarse al servicio de los demás, la justicia y una visión comunitaria de la sociedad.
Por su parte, Cristina Perales, Directora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (INIDE), subrayó que estudiar Educación y Pedagogía implica cuestionar una idea aparentemente sencilla: que aprender ocurre de manera automática.
Aunque todas las personas tienen experiencias educativas y capacidad para aprender, explicó, resulta necesario preguntarse qué se aprende y cómo se aprende, pues los procesos educativos son intencionales y requieren diseño, acompañamiento y evaluación.
Perales destacó además que el campo profesional de la pedagogía rebasa ampliamente las aulas escolares. La formación permite analizar realidades sociales, identificar necesidades educativas y diseñar procesos que respondan a ellas desde distintos espacios y comunidades.
Las trayectorias de egresadas y egresados de la IBERO confirman esa amplitud: se desempeñan en escuelas, universidades, hospitales, museos, organizaciones de la sociedad civil y empresas, espacios en los que la reflexión pedagógica ayuda a comprender cómo aprenden las personas, cómo se acompaña a otros y qué condiciones permiten desarrollar sus capacidades.