En recuerdo de Jorge Eduardo Navarrete, gran pensador, eminente funcionario público.
En momentos en que pareciera estar incubándose un conflicto mayor en la UNAM, resulta oportuno evocar a un personaje poco recordado, pero sumamente valioso en la historia de esa institución y, por añadidura, en el conjunto de las universidades públicas del país: Ignacio García Téllez. Luis Medina Peña, en una de sus facetas, — la de prestigiado historiador del México posrevolucionario—dio a la luz pública una obra escasamente difundida (editada por la Cámara de Diputados, 500 ejemplares, 2022, 322 pp.) en que muestra, analiza y discute, con base en los archivos del personaje, aspectos de su trayectoria política y profesional que le permiten, a Medina, calificarlo como “ideólogo desconocido del cardenismo”. En palabras del autor del libro, García Téllez fue “un político honesto que dio mucho a México… un hombre de pensamiento y acción. El México actual no podría explicarse sin lo que Lázaro Cárdenas e Ignacio García Téllez hicieron juntos”.
Antes de ser rector de la Universidad Nacional y no obstante su sobresaliente carrera de político y funcionario público, tanto en la esfera federal como en el estado de Guanajuato, a fines de 1928 era “un paria político”. No aceptó nunca la reelección de Obregón, como lo hicieron sus antiguos jefes y padrinos, y el crimen de “La Bombilla” lo dejó apartado de lo que, no obstante la ebullición política del momento, con otra conducta o un “chapulineo” le hubiese abierto espacios a este gran abogado civilista y alfil del tablero político del México de esa época. Era, efectivamente, “un paria político”.
Pero, como afirma Medina: “… los hados son caprichosos y la política es fuerza y oportunidad”. Emilio Portes Gil, su amigo y compañero de legislatura, lo nombra oficial mayor de la Secretaría de Gobernación (no tenía la edad para ser secretario o procurador de la República), en funciones también de subsecretario y con acuerdo directo con el Presidente de la República. Cuando estalla la huelga en la Universidad, el 9 de mayo de 1929, por una causa baladí: la implantación de exámenes trimestrales en la escuela de Derecho (“no somos un país de atletas”, llegaron a argumentar los huelguistas), más la intervención violenta de la policía — el 23 de mayo— y un movimiento que amenazaba la tranquilidad indispensable para la inminente elección presidencial de noviembre, Portes Gil le pide su opinión al oficial mayor.
García Téllez, dice Medina, ofreció su opinión, “como era su costumbre”, de manera franca: “la fuerza no es la forma de enfrentar conflictos estudiantiles… a la juventud debe tratársele de convencer, dado su estado de ánimo explosivo, para que la vehemencia se encauce con un trato amable y tolerante”. Al Presidente, aparentemente no le gustó la respuesta, la cual implícitamente cuestionaba las acciones de Valente Quintana, el legendario detective y jefe de la policía del D.F. durante varios gobiernos. Pero… ¡sorpresa! unos cuantos días después, al estar desayunando, se entera que El Universal daba la noticia en primera plana: García Téllez había sido nombrado rector, sustituyendo a Antonio Castro Leal, junto con su secretario general Daniel Cossío Villegas.
En las siguientes seis semanas, el nuevo rector fue apagando paulatinamente el movimiento. Desde el primer momento dialogó personalmente con los huelguistas en el Anfiteatro Bolívar de San Ildefonso, escuchando con paciencia a los dirigentes (entre ellos A. Gómez Arias, C. Zapata Vela y J. M. de los Reyes), aquellos que luego fueron conocidos con La Generación del 29, entre los cuales se encontraba Adolfo López Mateos.
La llave que abrió la puerta de la huelga fue la concesión de la autonomía y, desde luego, la desaparición de los exámenes trimestrales. La primera fue una sugerencia de Puig Casauranc, jefe del D. F., quien ya había sido secretario de Educación y a quien los estudiantes responsabilizaban, también, por los hechos de sangre del 23 de mayo.
Con la promulgación de la Ley Orgánica (10 de julio), el incendio se apagó definitivamente, la puerta se abrió, y García Téllez fue designado, por el Consejo Universitario recién creado (en lugar del Presidente de la República), como rector de la Universidad. Con ese puesto estrenó la autonomía, que si bien era una figura ya implantada en otras universidades del país, significaba un cambio mayúsculo en la estructura, funcionamiento y gobernanza de la Máxima Casa de Estudios. El rector cumplió cabalmente con el periodo de tres años.
Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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Carlos Pallán
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