Para Eduardo, en este día memorable: una amistad nacida en el aire y cultivada en tierra firme.
Con un abrazo afectuoso.
El escándalo en torno al Museo Nacional de Antropología, acontecido la semana pasada, ha puesto de relieve la importancia de este centro cultural de primer orden. Reconocido por un galardón de fama internacional, el Princesa de Asturias, la noticia ocurre en el mismo día en que dicho espacio ha dejado de operar por un banal problema de manejo del personal de vigilancia del sitio. El trivial acontecimiento, paradójicamente, le dio la vuelta al mundo y, como lo anota El Universal, el incidente se dio por encerrado tres días después con la destitución de la autoridad encargada de esas funciones en todo el INAH. “Lo barato sale caro”, resumió ese diario.
El acontecimiento pronto quedará en el arcón de los recuerdos de la Administración Pública Federal, pero no en el de los miles de visitantes frustrados que no lograron ingresar a ese valioso espacio cultural de la nación. Por lo pronto, sería oportuno recordar parte de la historia en que se inscribe el Museo.
Tres personajes del México de los sesentas, y del siglo XX, son los responsables. Dos de ellos, Adolfo López Mateos y Pedro Ramírez Vázquez visitaban con frecuencia el antiguo Museo de Antropología e Historia en la calle de Moneda, deleitándose con el riquísimo acervo que estaba disponible. El primero se desempeñaba como Secretario del Trabajo en la Administración del Presidente Ruiz Cortines; el segundo, como arquitecto y en ciertas funciones dentro del CAPFCE. Comentario frecuente entre ellos era el relativo a que esa riqueza merecía un mejor espacio, un museo que resaltara y diese lustre a todo lo ahí acumulado. Cuando ALM es “destapado” como candidato a la presidencia de la República, PRV concurre al “besamanos” correspondiente. En el abrazo, el recién ungido le desliza al oído a su amigo: “Se nos va a hacer el museito”.
Pero, como solía suceder, los inicios de sexenio no siempre eran tiempos buenos para la economía nacional y las finanzas públicas. De tal modo que ya en el cargo la situación económica se complicó. En 1959, el crecimiento del PIB se situó en 3.1 por ciento, frente al promedio anual del sexenio anterior, 7.6 por ciento. El ambiente no estaba para ‘museítos’, menos del porte deseado por ambos. Un año más tarde las cosas habían mejorado (8.1 por ciento), cerrando el sexenio con el récord absoluto desde que se hace la medición del crecimiento económico (11 por ciento).
Con esas cifras y proporciones, y transcurridas más de dos terceras partes del sexenio, a la pareja se le une Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública. PRV ya era titular del CAPFCE. Cada quien en su ambiente, pero los tres emprenden una vasta obra de infraestructura cultural, incluyendo seis museos (del Virreinato, Caracol-Chapultepec, Arte Moderno, de sitio en Teotihuacán, Historia Natural, Anahuacalli), más la joya de la corona, el de Antropología. Su construcción se inició en febrero de 1963 para ser abierto, ya funcionando, en septiembre de 1964, a 73 días del fin del sexenio. PRV y su equipo habían entablado una batalla contra el tiempoyresultarontriunfadores. Comoloresaltabaelpropioarquitecto:“…tan efectiva fue la organización, que nos permitió realizar el museo en 19 meses, contados desde el día en que se hincó el primer pilote, hasta el día de la inauguración, en que estaba totalmente instalado”. ¡Todo un récord! Parte esencial de esta hazaña es que PRV y su equipo lograron convencer a una pléyade de mexicanos ilustres para que sus trabajos fueran considerados como aportaciones significativas a la cultura nacional; sólo el 10 por ciento de ellos cobró por sus servicios.
En la inauguración, aquél 17 de septiembre, como lo expresó Torres Bodet: con el museo “.. al evocar su pasado, México mide el tiempo de su presente y, en pensamiento y obra, se proyecta al porvenir”. La experiencia ahí adquirida por PRV y su equipo fue decisiva para, tiempo después, diseñar o remodelar museos en varias partes del mundo.
Un parte de esta crónica se nutre del libro Charlas de Pedro Ramírez Vázquez, editado por la UAM-Azcapotzalco en 1987. El texto recoge, en tres sesiones, las conversaciones de quien había sido fundador y primer rector general de la UAM por entero. Un mexicano non, ya convertido en leyenda que traspasaba los límites del profesional exitoso para asumir el de personaje universal, quien había transformado, en amplia medida, los espacios, la vida pública y la infraestructura del país. Un hombre con inquietudes renacentistas pero con formas de actuación cercanas a la utopía posrevolucionaria del México del siglo XX, y aún adelantando otras del XXI.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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