La reciente edición especial del Time que aborda la situación educativa del país vecino puede darnos una idea de las asignaturas pendientes en México
La matrícula de educación superior en los Estados Unidos ha tenido un crecimiento espectacular en un siglo: pasó de 355 mil estudiantes en 1910 a 31.4 millones en 2012, un factor multiplicador de más de 88 veces. Tal crecimiento —esencial sin duda para el desarrollo nacional en sus distintos órdenes— no ha estado exento de dificultades. Una de ellas es la referente a los adeudos en que han incurrido estudiantes y familias en el pago de colegiaturas. Estas se encuentran presentes en todas las instituciones de educación superior, sean públicas o privadas, a partir de distintos sistemas de financiamiento, más o menos flexibles para su otorgamiento, pero no para su pago. Actualmente, según se estima, tales adeudos se elevan ya a la estratosférica suma de 1.7 trillones de dólares (un trillón de dólares es igual a un billón de pesos en México), algo así como 34 billones de pesos, cinco veces el Presupuesto de Egresos de la Federación del país en el presente año.
Estos datos aparecen en la edición especial del semanario Time que empezó a circular en el mes de julio en el vecino país (no hay, por ahora, edición electrónica) con el título “el futuro de la educación”. Se trata de un volumen integrado por tres grandes secciones: aprender del pasado, educación hoy y navegando el futuro. El conjunto constituye un pase de revista al actual sistema educativo de los Estados Unidos. Allí se parte de lo “frustrante y descorazonador” que fue el año escolar recién terminado, debido a la pandemia, pero que, sin embargo, en su lado positivo permitió sacar a la superficie cuestiones que habían sido relegadas por mucho tiempo. Y una de ellas es, precisamente, la de los créditos financieros para estudiantes, materia discutida ampliamente desde la segunda mitad del siglo XX.
En esa edición especial se incluyen, entre otros, tres textos específicos sobre esa temática: “el alto precio de la educación superior” (L. Rodman), “¿Educación superior gratuita para todos? (M. Stone), y ¿Cancelar la deuda de créditos estudiantiles? (A. Vesoulis). En el primer artículo la autora recuerda a John D. Rockefeller, quien en 1927 sugirió un sistema de créditos estudiantiles para universitarios que, aún en los días de hoy, “suena muy bonito”: cero intereses y pagaderos diez años después de haberse graduado el estudiante. A casi un siglo de esas palabras el tema se ha convertido en un problema nacional. Como muestra de ello es que las propuestas electorales de varios de los precandidatos demócratas en 2020 (B. Sanders, E. Warren y J. Castro) eran proclives a reducir o desaparecer dichos adeudos. A diferencia de lo que sucede en México en la educación superior pública, en que la mayor parte de las universidades las colegiaturas son prácticamente gratuitas (el ejemplo más conspicuo es el de la UNAM, con un costo de 20 centavos el semestre), el promedio en las universidades públicas de los Estados Unidos oscila entre 10 y 32 mil dólares al año; no se diga lo que acontece en las universidades privadas cuyos montos difieren notablemente (Algunas entre 50 y 80 mil dólares al año).
El problema se gestó en la segunda mitad del siglo pasado. En el texto de Rodman se mencionan los casos de las universidades de Florida y el de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que hasta 1969 y 1976, respectivamente, eran gratuitas, como muchas otras en el país. La tendencia a cobrar en las universidades públicas se dio de manera patente en 1966 cuando el gobierno de Ronald Reagan, en el estado de California, emprendió tres acciones de enorme calado: reducir la asignación de recursos financieros al Sistema de la Universidad de California (fundada en 1868 con el carácter de gratuita), la implantación de colegiaturas y el despido del gran rector de ese tiempo (Clark Kerr).
Conclusión
- El problema de los préstamos estudiantiles es un asunto nacional sumamente relevante, solo superado por los adeudos de créditos hipotecarios. Algunos datos adicionales al respecto son los siguientes a) del total de adeudos ya mencionados, en 1.5 trillones de dólares el gobierno federal es el acreedor; b) el tema involucra a 45 millones de deudores que, en promedio, deben alrededor de 22 mil dólares cada uno de ellos, aunque 35 millones adeudan más de 60 mil dólares; c) en menores de 35 años estos adeudos abarcan a 15 millones de personas; d) el presidente Biden encargó al jefe del Departamento de Educación explorar las facultades legales que se tienen para poder perdonar adeudos, pero, según versiones, para el presidente una eventual propuesta estaría rondando los 10 mil dólares; e) de los 1.9 trillones del paquete económico anunciado por Biden para restablecer la economía norteamericana, 22 billones de dólares (440 mil millones de pesos) se asignarían a las universidades en distintos rubros, todavía no en la parte de créditos estudiantiles.
- Cuestiones del destino: en el momento que escribía la frase “créditos estudiantiles” llegó un twit de la senadora Warren sobre la deuda estudiantil y los poderes presidenciales: “El presidente Biden tiene la autoridad para hacerlo (perdonar la deuda) ahora mismo para el avance de la justicia económica y la justicia racial en este país”.
- La edición especial de Time se refiere sólo a Estados Unidos. Sin embargo, un enfoque de educación comparada sería muy útil para que algunos aspectos de lo ahí abordado pudiesen tomarse en cuenta en el Sistema de Educación Nacional. Así por ejemplo, en uno de esos textos (C. Wallis y S. Steptoe) se afirma que lo que ahora debe realizarse en la educación en general tiene que ver “no solo con las disciplinas académicas tradicionales, sino que también con habilidades como literacidad digital e inteligencia emocional”
Pilón. Otra vez la frustración nacional. La fatalidad de los penalties. Y es que ninguna autoridad educativa atiende la histórica recomendación de Antonio Gago: desde preescolar, debe incorporarse en planes y programas de estudios el tiro de penalties.

Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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