Esta semana se celebran muchas efemérides relevantes para la historia de México
Del 9 al 14 de febrero, se celebran muchas efemérides relevantes para la historia de nuestro país. Aquí las iremos desglosando y trazando unas breves líneas. Empezamos con la llamada “Decena trágica”, esos diez días, a partir del 9 de febrero de 1913 en los que la ciudad de México se convirtió en campo de batalla, y que devino en el derrocamiento del sueño democrático maderista.
Como se sabe, una vez que fue asesinado Francisco I. Madero, el General Huerta asciende al poder, por lo que, en diciembre de 1913, nombra a Ezequiel Chávez como rector de la Universidad Nacional. Por lo que se lee entre líneas en las memorias del educador, había un supremo gusto en recibir la responsabilidad de rector, al mismo tiempo que, un remordimiento hacía crepitar su alma por el personaje que lo había designado.
De hecho el encargo como Rector duró muy poco, de diciembre de 1913 a septiembre de 1914, cuando “Martin Luis Guzmán, hijo de un valiente, leal y pundonoroso soldado que había muerto luchando en defensa del presidente don Porfirio Díaz, y que ahora ocupaba un puesto de importancia en el despacho de los asuntos de la Secretaría de Gobernación, se me presentó en la Rectoría para hacerme saber el propósito del nuevo gobierno de cambiar desde luego por otras personas, a quienes durante el gobierno que acababa de desaparecer habían tenido a su cargo importantes servicios”.
El autor del Águila y la Serpiente (1928) se apersonó en la oficina del Rector de la Universidad Nacional para destituirlo; sin duda, Martín Luis Guzmán estaba en los inicios de su carrera literaria y política. Justo con él tiene que ver la segunda efeméride de esta semana, pues el 12 de febrero de 1947 se creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito (CONALITEG).
Siendo presidente de la República, Adolfo López Mateos y Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet; Martín Luis Guzmán creó este organismo, el cual, en plena era digital, sigue siendo impulso y soporte de la educación de más de 30 millones de jóvenes y niños mexicanos.
En tercer lugar, pero no menos importante tenemos la efeméride de un gran hombre, diplomático, educador, escritor y militar, nos referimos por supuesto a Ignacio Manuel Altamirano, de quien hablamos cada que podemos, de hecho, por estas fechas, hace dos años le dedicamos el espacio de la columna.
Altamirano falleció en Italia el 13 de febrero de 1893, en esta ocasión sólo haremos remembranza del último adiós que le dio a México, a través de la pluma de uno de sus grandes alumnos, Gregorio Torres Quintero:
“Llegó un día en que se supo la tristísima noticia: ¡el Maestro Altamirano se iba a Europa! Todos ansiábamos que se llegase la hora de clase para verle y preguntarle. El Maestro llegaba siempre con algunos minutos de anticipación. Lo que pasaba en esos pocos minutos, todos los tenemos perfectamente grabado en la memoria… se llegó la fecha de la partida. Era una noche obscura; llovía a torrentes, como si la naturaleza tomase parte en nuestro duelo. Abrazamos al maestro enternecidos: él lloraba, nosotros también. Poco después el tren partió, resoplando y trepidando. El maestro estaba en la plataforma posterior. Lo veíamos: iba de pie, con la cara vuelta a sus discípulos: agitó varias veces su pañuelo blanco; poco después desapareció como absorbido por las tinieblas, como que había caído en una sima insondable. ¡Oh, esa sima no nos lo devolvió: lo devoró para siempre!”
Ese es el amor, y esa es la postal que dibujó la vida de este hombre que construyó instituciones de las cuales, las que más amaba fueron siempre las destinadas a la educación de los hijos del pueblo como lo había sido él. Altamirano nació en 1834 en Tixtla, en ese entonces Estado de México, hoy Guerrero. Y justo esa es nuestra cuarta efeméride del día de hoy, el aniversario luctuoso de Vicente Guerrero.
Vicente Ramón Guerrero Saldaña luchó desde el inició hasta la consumación de la Independencia. Peleó al mando de Morelos y de Galeana, su convicción por la soberanía le hizo rechazar el indulto que le ofrecía la Corona española, de ahí su célebre frase: La patria es primero.
Como todos los hombres fue un personaje contradictorio, del inicio a la consumación de la Independencia ocupó lugares secundarios, hasta que la legislatura de Apatzingán lo nombró jefe de la insurgencia. Debilitado y acorralado en el sur de México, así lo encontró Iturbide, coronel del ejército español, pero no podía vencerlo.
Lograr pactar con Guerrero, le dio al hábil Iturbide la forma de independizar al país. Por ello en octubre de 1849, la cámara de diputados nombró Guerrero a las tierras que defendió este incansable luchador, que como sabemos fue presidente, luego de dar el primer golpe de estado en el país. Por cierto, Guerrero como Altamirano, nacieron en Tixtla.
Nos quedan en el tintero los aniversarios natalicio y luctuoso de Parménides Saldaña y José Tomás Cuéllar, respectivamente, pero esa será otra entrega.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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