El literato fue gran impulsor para el desarrollo de la UAM.
En Monterrey, el lunes 6 falleció Alfonso Rangel Guerra. Universitario y literato de toda la vida pudo compaginar siempre los quehaceres inherentes a ambas vocaciones vitales con la de funcionario en esos mismos ámbitos. De rector de la Universidad de Nuevo León (UANL), secretario general de la Anuies, alto funcionario de la SEP y del Colegio de México, ministro de asuntos culturales en la Embajada Mexicana en Madrid, director del CREFAL de la Unesco, secretario de educación en Nuevo León, cabeza del museo más importante de ese estado y algunos más. Lo notable de esa vida tan fértil es que en todas esas actividades, las de investigar y escribir fueron perennes. Una vocación y una pasión que fueron de la mano. La mejor muestra de ello es la edición de sus obras completas, 12 volúmenes (el primero de más de 400 páginas) que reflejan esa pulsión por las letras, la pedagogía, la educación, especialmente la universitaria. Un humanista en toda la extensión de la palabra. De aquella estirpe (como la define la Real Academia en una de sus acepciones) en la cual una persona guía sus actos por una “doctrina o actividad vital basada en una concepción integradora de valores humanos”.
El Dr. Luis Eugenio Todd, también exrector de la UANL hizo un texto (Milenio, Monterrey, 8 de octubre) donde describe algunas de las cualidades de don Alfonso. Ahí dice: “tuve una admiración por su mesura, bohonomía y tranquilidad vital”. Los calificativos para quien le conoció, aunque fuese un poco, resultan exactos, definitorios. A mí me suscitaron dos evocaciones que lo pintan de cuerpo entero, no sin antes informarle al lector que una referencia más amplia de quien esto escribe, sobre la obra de don Alfonso, se puede encontrar en Milenio 793 del 7 de marzo de 2019.
Con la expectativa de una beca, al final del primer semestre, fui admitido por la facultad de economía de la UANL. Azares económicos del destino me llevaron a tener que regresar a mi tierra natal a los dos meses. Con un ánimo caído, y el bolsillo aún más, se me ocurrió que la Universidad me podía devolver el dinero de la colegiatura del semestre, o una parte de él por lo menos (¿200 pesos?). Emprendí el largo viaje del centro de Monterrey a Ciudad Universitaria, me presenté en la rectoría, pedí hablar con el lic. Rangel Guerra, su titular, y después de unos cuantos minutos de espera fui recibido. Brevemente le conté mis cuitas primero y luego mi petición. Asintió a ésta y me mandó a la caja, donde me devolvieron tanto la inscripción como la colegiatura. A muchos años de distancia, en el recuerdo, ahora me parece una escena insólita: cualquier alumno de la institución podía llegar y ver al rector, sin más. Una muestra de la bohonomía del rector y, por supuesto, de la ingenuidad bien recompensada del peticionario. Me quedé con la idea de que trataba con un hombre mayor. El tenía 35 y yo 16.
La segunda evocación tiene que ver cuando cursaba la parte final de mi maestría, fuera del país, y él era el secretario de la Anuies. Diseñé varios cuestionarios para otras tantas autoridades de la educación superior de la época (1975), pero él fue el único que me contestó. Un texto de cinco cuartillas que aún hoy su lectura resulta útil. Dos muestras de ello. La primera, referente al diagnóstico de la educación superior, ya que la Anuies acababa de hacer el primero a escala nacional. Ahí se indicaba que ese tipo de ejercicios debía hacerse, en lo correspondiente al subsistema de educación superior, “dentro de una periodicidad no mayor a cinco años, pero también . . . es imprescindible descender el procedimiento a nivel institucional, y realizarlo desde dentro por los miembros de cada institución”.
La segunda muestra se refiere a una pregunta sobre la planeación en las instituciones de educación superior, novísimo tema en aquellos tiempos. Ahí, él afirmaba la utilidad de ese instrumento para la proyección de las casas de estudios por dos aspectos básicos: la capacidad futura de crecimiento y los requerimientos ahí implicados. Y esto lo explicaba así: “…en estos momentos las IES mexicanas se enfrentan al fenómeno permanente de la demanda, que al parecer se continuará durante varios años y el cual, por razones explicables, condiciona y/o limita muchas de sus actividades regulares”.
Un último aspecto relacionado con la UAM, mi universidad. Don Alfonso fue, probablemente, el mayor impulsor para su creación y miembro de su primera Junta Directiva.
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Carlos Pallán
Ex rector de la Universidad Autónoma Metropolitana (Unidad Azcapotzalco), Ex secretario General Ejecutivo de la Anuies.
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