Es preciso desarrollar una mayor cultura del cuidado colectivo ante un sismo: investigadora de la UAM

Esto permitirá contrarrestar afectaciones como las crisis nerviosas, señaló Alicia Saldívar

Estos sucesos imprevistos pueden desencadenar una fuerte manifestación emocional en las personas.

Es necesario desarrollar una mayor cultura del autocuidado y del cuidado colectivo en situaciones inesperadas como un sismo, para contrarrestar afectaciones como las crisis nerviosas, consideró la maestra Alicia Saldívar Garduño, investigadora de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

La académica especializada en psicología social de la salud explicó que se trata de una fuerte manifestación emocional ante un suceso imprevisto que puede provocar llanto, ansiedad o preocupación de lo que pueda pasar, e incluso, que la persona no pueda desarrollar sus actividades de manera normal.

“Si estamos ante alguien que presenta una crisis nerviosa es el momento de aplicar los llamados primeros auxilios psicológicos que consisten principalmente en ofrecerle un recurso de apoyo para que se tranquilice, para controlar la desorganización emocional que le aqueja y así empezar a restablecer el equilibrio para que se sientan mejor”, apuntó.

Lo primero que hay que hacer es no decirle que se calme o que no pasa nada porque para ella sí está ocurriendo algo que le provoca esa reacción, entonces “es preciso que el acompañante observe lo que está pasando, escuche con mucha atención y trate de proporcionarle alguna forma de serenarse; algo muy importante es no juzgar”.

De acuerdo con la profesora del Departamento de Sociología hay que tratar de tener una conexión no intrusiva y procurar su seguridad física, también ayudarle a respirar de manera pausada, a partir de exhalar aire por la nariz y sacarlo por la boca y si la ocasión lo permite, distraer a la persona y pedirle que nos hable de algo que haya en el entorno o de lo que estaba pensando en ese momento.

Por otro lado, aseguró que, si se identifica que las crisis nerviosas son recurrentes, existen maneras de prevenirlas mediante reconocer lo que se está sintiendo y darle valor a eso “para trabajar en nuestras propias emociones y en nuestros propios pensamientos catastróficos”.

No se trata de decir que experimentar alguna sensación de temor sea inválido, pero conviene tratar de tranquilizarse a uno mismo para poder actuar y comenzar a respirar con calma, “porque el problema del desbordamiento o la desorganización emocional es que no me permite pensar con claridad; tenemos que empezar a desarrollar algunas habilidades de autoprotección o de autocuidado que nos permitan reaccionar mejor en esas circunstancias”.

Al vivir en una zona sísmica hay que prepararse con algunas estrategias, por ejemplo, tener las llaves en un lugar cercano a la puerta al igual que una identificación, así como una mochila de emergencia preparada con algunas cosas básicas; “aunque nos da temor hablar de ello hay que tener esta conversación con la familia sobre qué hacer y en la medida en que lo realicemos nos hará sentir menos inseguros y nos dará un poco más de confianza”, expresó.

“La gente piensa que los simulacros son para entretenernos, pero no es así, es para ensayar lo que vamos a hacer en una situación de contingencia y eso le permite incluso al cerebro a identificar cuál es la ruta más segura para moverse hacia un lugar con menos riesgo”.

La maestra Saldívar Garduño reconoció que hay personas con trastornos o afecciones más serias como pueden ser las fobias en cuyos casos requieren de soporte profesional para tener un seguimiento o un tratamiento de más largo alcance.

“Por ejemplo, si hay un pensamiento en la cabeza dando vueltas, ideación catastrófica o relacionada con la muerte, insomnio, o situaciones que no le permiten desarrollar su vida cotidiana es necesario pedir auxilio”.

La investigadora de la Casa abierta al tiempo manifestó que “debemos dar más importancia a estos temas relacionados con la salud e higiene mental, además de ser conscientes de que así como podemos ser el apoyo de otros, también de vez en cuando nos tenemos que reconocer vulnerables y frágiles, y dejarnos ayudar”.

Este tipo de afecciones tienen que ver con el cuidado y la atención que le pongo a mis emociones, a mis reflexiones y lo que me ocurre e impacta más allá de la salud física, “la cual en ocasiones nos tiene más atentos que la salud mental”.

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