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El racismo, un fenómeno dinámico y epistémico: Especialista en la UAM

Del tema habló Irene Molina, investigadora de la Universidad de Uppsala, Suecia, en la actividad organizada por la Unidad Azcapotzalco

El racismo es una tecnología que clasifica a las personas en unidades colectivas separadas, llamadas razas, culturas, etnias, pueblos o denominaciones similares, a las que se les atribuyen diversos rasgos esenciales y heredados, sostuvo la doctora Irene Molina Vega, al dictar la conferencia titulada La tecnología del racismo. Aproximaciones epistemológicas y metodológicas a un fenómeno global y contemporáneo

En la actividad, organizada por el Área y Cuerpo académico de Historia y cultura en México y el Departamento de Humanidades de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la especialista refirió que, contrario a lo que se piensa, la raza es un producto del racismo y no de manera contraria, y aunque tiene una larga historia y una vasta escenografía, no ha existido siempre, no es inherente a la naturaleza humana ni a las sociedades.

“Es algo que se aprende a través de las generaciones, la cultura y fundamentalmente, del conocimiento ‘científico’; es epistémico, puesto que está enraizado en los fundamentos del conocimiento y en los paradigmas filosóficos que constituyen las sociedades desde el siglo XVI, el siglo de las colonias”.

Molina Vega explicó que desde la construcción epistémica y la categorización cartesiana se ha comprendido al otro como subalterno, como el salvaje, el primitivo, el carente de cultura e inteligencia, desprovisto de alma y el no-humano.

Aunque existen muchas definiciones de este fenómeno, puede ser concebido como una tecnología que crea y mantiene la desigualdad entre los diferentes grupos, incluyendo tanto figuras de pensamiento, ideas e ideologías, como acciones, procesos y prácticas.

“Sugerimos que el racismo puede ser entendido como una tecnología, término con el cual implicamos el conjunto de métodos materiales e inmateriales, procesos, actividades, técnicas, cualidades, conocimientos, imaginarios y herramientas que forman y transforman la vida social, que producen algo”.

La especialista en temáticas sobre multiculturalismo, estudios de género, justicia social y geografía cultural agregó que esta tecnología crea a ese pueblo, cuya prosperidad debe ser salvaguardada mediante una distribución diferenciada de los recursos, las oportunidades y la muerte.

Sin embargo, afirmó que no se trata sólo de figuras de pensamiento o ideologías, sino de procesos y prácticas materiales: algo que se piensa, pero que fundamentalmente se ejerce y se hace, aunque muchas veces se escondan sus efectos materiales.

“Organiza dichas unidades en una escala jerárquica entre los polos de ‘la vida valiosa’ y aquella ‘sin valor’, en el que la prosperidad del primero debe ser salvaguardada y donde puede permitirse que los considerados inútiles mueran o sean asesinados, si ello se cree beneficioso”.

La profesora del Instituto de Geografía de la Universidad de Upsala explicó que no se trata de un problema abstracto, sino de un fenómeno dinámico, que cambia en el tiempo y el espacio, el cual ha tenido un impacto concreto en la historia, la sociedad y el individuo.

“Coloca a las personas de acuerdo con la lógica de que cada espécimen debería estar en su lugar y naturaliza la estructura de poder que la tecnología misma ha construido, monitoreando además los límites y flujos que ésta privilegia”.

La especialista expuso que el racismo y el patriarcado no sólo le son funcionales al capitalismo, sino que son anteriores y constituyentes de este último; las asimetrías sociales causadas por los sistemas de clasismo, racismo y sexismo no pueden entenderse disociadas la una de la otra.

“El racismo se perpetúa, reproduce y justifica socialmente a través de ideologías y discursos cambiantes, a través de prácticas institucionales y cotidianas, de biopolítica y mediante diversas formas de violencia”.

La investigadora sostuvo que la definición de las estrategias políticas para la desestabilización del poder -no sólo al interior del mundo académico-, requiere también de un enfoque integrado con miras a la extinción de la violencia sistémica, política, estructural, simbólica y subjetiva.

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