La llegada de la inteligencia artificial y la transformación del mercado laboral están modificando también lo que las empresas esperan de los jóvenes universitarios. Los conocimientos técnicos siguen siendo importantes, pero ya no son suficientes: colaboración, creatividad, comunicación, adaptabilidad y capacidad para aprender comienzan a definir los perfiles con mayores posibilidades de desarrollo.
Así lo explica Carolina Limón, directora de Recursos Humanos de Disney, al hablar de los Early Career Programs de la compañía, una estrategia que permite incorporar talento desde distintas etapas de su formación, desde los primeros años universitarios hasta recién egresados con menos de dos años de experiencia.
Para Limón, la premisa detrás de la selección es sencilla: encontrar talento. En muchos casos, se trata de jóvenes que todavía no cuentan con experiencia laboral, por lo que la evaluación se concentra en sus capacidades y potencial.
“La actitud es la que cuenta muchísimo”, señala. La compañía busca estudiantes proactivos, capaces de expresar sus ideas, colaborar, innovar y trabajar de manera transversal. A estas capacidades se suma el storytelling: saber construir una historia, comunicar una propuesta y persuadir a otros para llevarla a la acción.
La transformación tecnológica está cambiando también la relación entre las carreras universitarias y los puestos de trabajo.
Limón considera que las fronteras entre disciplinas comienzan a desdibujarse y que el mercado avanza hacia perfiles híbridos: profesionistas capaces de combinar conocimientos técnicos y tecnológicos —incluido el manejo de inteligencia artificial— con habilidades humanas.
“La parte técnica es importante”, explica, pero puede seguir desarrollándose y apoyarse en la tecnología. Sin habilidades blandas, en cambio, resulta más difícil crecer dentro de los nuevos entornos laborales.
Esto permite que cada vez sea más frecuente encontrar profesionistas trabajando fuera de las áreas tradicionalmente asociadas con su carrera. El mercado empieza a valorar no solamente qué estudió una persona, sino qué sabe hacer, cómo aprende y cómo puede aplicar sus capacidades en diferentes contextos.
Limón identifica además un cambio generacional. Los universitarios llegan con mayor dominio tecnológico, más disposición para expresar sus ideas y expectativas diferentes respecto de su trayectoria profesional.
Ya no necesariamente imaginan permanecer durante décadas en una misma organización. “Buscan proyectos dinámicos que los reten, pero que los apasionen”, apunta.
Ese cambio también obliga a las empresas a aprender de quienes reciben. Disney plantea a sus interns que la experiencia debe funcionar en ambas direcciones: ellos llegan para adquirir experiencia, pero la compañía también espera aprender de sus conocimientos, perspectivas y cercanía con nuevas tendencias.
Por ello, los participantes del programa se incorporan a proyectos reales de los equipos y no a ejercicios creados exclusivamente para practicantes. La experiencia funciona además como una vía para identificar talento que eventualmente pueda ocupar posiciones de tiempo completo.
Para Limón, también es necesario estrechar la relación entre empresas y universidades para que las competencias desarrolladas en las aulas dialoguen con un mercado laboral que cambia rápidamente.
El mensaje para los estudiantes es comenzar temprano. Frente a un entorno cada vez más competitivo, construir experiencia profesional durante la universidad puede convertirse en una ventaja. Pero el reto ya no consiste únicamente en acumular conocimientos: será aprender a combinar tecnología, capacidades humanas y aprendizaje continuo para desenvolverse en profesiones cuyas fronteras son cada vez menos rígidas.