Al presentar las propuestas de acción para su mandato, la presidenta electa de México no mencionó mucho concerniente a las universidades
El programa de trabajo para planear el arranque de su administración presentado, el 1 de octubre 2024, por la presidenta electa de México, Claudia Sheinbaum, había generado curiosidad en la sociedad mexicana, en vísperas de la toma de posesión.
Los especialistas y actores de la educación superior compartían esa expectación. Muchos anhelaban, a mínima, una reconsideración de las políticas públicas sectoriales, después de las tensiones causadas por el control de los datos sobre programas estratégicos, por las decisiones en ciencias, humanidades y tecnologías del Consejo Nacional de Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), por la insuficiencia presupuestal… y por una multiplicidad de factores y disfuncionamientos remanentes, que permanecieron sin atisbo de solución tanto en la anterior administración como en las que la precedieron. La esperanza era cuanto más vivaz que la funcionaria, antes de volcarse a la política, había consolidado una trayectoria científica, en la UNAM e internacionalmente. Sus antecedentes dejaban traslucir conocimientos de facto de las dinámicas científicas y una predisposición al dialogo con los académicos, sus ex colegas.
Por ello, era lógico suponer que formularía promesas sobre educación superior y ciencia corroborando su propósito de apoyarlas, expresado durante la campaña, y respaldándolo por una ruta de acción, que le otorgase viabilidad, mediante una movilización de instrumentos y recursos.
En la lista de las 100 propuestas publicadas por la prensa, la mayoría de las educativas versó, no obstante, sobre la educación básica y la media superior. Refrendaba la continuación de las políticas del sexenio anterior, por ejemplo, el mantenimiento del modelo educativo de la Nueva escuela mexicana y los libros de texto gratuitos. Las relativas a la educación superior eran escasas. Se inscribían también en la secuencia de lo hecho durante el sexenio del presidente saliente. Concernían:
a. La democratización de las oportunidades de acceso, mediante un escalamiento de dos sectores, con implantaciones hasta ahora localizadas, a todas las entidades del país. Las instituciones elegidas para alcanzar tal fin eran las Universidades de la Salud (UNISA), instaladas en Ciudad de México, el estado de Puebla y el de México, así como la Universidad Rosario Castellanos (URC), distribuida en unidades académicas, sitas en las alcaldías Azcapotzalco, Coyoacán, Gustavo A Madero, Magdalena Contreras, Milpa Alta, en el centro histórico y en las colonias Casco de santo Tomas, Euzkadi-Azcapotzalco Norte, Pedregal de Santo Domingo y Santa Ana Tlacotenco de la Cd de México.
b. La masificación del subsistema de Universidades para el bienestar Benito Juárez García. Ese cubre prácticamente todo el territorio nacional. Queda por precisar si fundamentara su plan de expansión en un aumento del número de campus o en una ampliación de las capacidades de atención.
c. El crecimiento de la matrícula de educación superior, mediante la incorporación de 300 mil estudiantes en las universidades en los seis años venideros, siendo que, en los pasados seis, dicha incorporación fue de 293 mil 93. Al igual que precedentemente, se ignora cómo esa cifra, modesta e inercial, se combinará con la democratización, la masificación y con intervenciones para propiciar el éxito académico, la calidad con equidad y la expansión de los otros componentes del sistema de educación superior.
Sobre problemáticas conexas, nada o poca cosa. Sólo dos anuncios generales en ciencia: primero, el de hacer de México una potencia científica y de la innovación, apoyando las ciencias básicas, naturales y las humanidades, consolidando el programa espacial mexicano y participando en las cadenas de producción de semiconductores, de litio, de software público; segundo, el de crear un centro de ciberseguridad e Inteligencia Artificial. Habrá que esperar decisiones ulteriores o la publicación de los programas sectoriales para cerciorarse de lo factible o ilusorio de esas ambiciones.
El 4 de octubre 2024, el secretario de Educación Pública anunció la puesta en marcha gradual, a partir de 2025, de un programa adicional de becas (el Rita Cetina) de cobertura universal y orientado, por ahora, a los alumnos de secundaria, en escuelas públicas y, después, a los de primaria y de preescolar. El 5, la prensa confirmó la ratificación de las personas propuestas como titulares de las subsecretarías de educación básica y media superior. Pero, el 7 de octubre, nadie había emitido declaración alguna todavía sobre quien ocuparía el cargo en educación superior, vacante desde que el titular anterior asumiera otro puesto. Sobre el punto, rumores van y vienen. Abonan a dimes y diretes. Dilatan el tiempo de las especulaciones en lugar de abrir el de las responsabilidades.

Sylvie Didou Aupetit
- Sylvie Didou Aupetit
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