El 23 de abril, Día Internacional del Español, celebramos el idioma que une a más de 500 millones de personas en el mundo. Y en el marco de esta fecha, vale la pena también celebrar y tener en la mira lo que implica certificar una lengua.
En el cambiante mapa de las lenguas globales, el español ocupa un lugar singular: es al mismo tiempo herencia cultural, herramienta de movilidad y territorio de disputa simbólica. Con cientos de millones de hablantes y una expansión sostenida fuera de su geografía histórica, la pregunta ya no es si el español es una lengua de valor e interés internacional, sino cómo se enseña y se evalúa, pero sobre todo, quién tiene la autoridad para certificarlo.
Durante décadas, esa autoridad pareció concentrarse en España. Sin embargo, el crecimiento demográfico, cultural y académico de América Latina es contundente. En ese contexto, hace diez años surgió el Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE), una iniciativa que responde a la necesidad de certificar el idioma y redefinir su legitimidad global. El proyecto es el producto de una colaboración de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Cervantes y la Universidad de Salamanca, en una alianza simbólica: dos instancias españolas y dos latinoamericanas.
El SIELE comenzó a aplicarse en abril de 2016 y desde entonces ha construido algo que el español, paradójicamente, no tenía: un certificado internacional, digital, multinivel y con vocación panhispánica. En una época donde el dominio de lenguas se traduce en oportunidades académicas, laborales y migratorias, la necesidad de un certificado se vuelve un requerimiento. Y no se trata solo de medir habilidad, sino también de establecer criterios, diseñar instrumentos válidos y confiables, así como de emitir juicios que tengan reconocimiento global. En ese terreno, el SIELE ha logrado posicionarse como un referente indiscutible.
Su propuesta es clara. Evaluar el dominio del español respetando su diversidad, incorporando las distintas variedades lingüísticas, toda vez que incluye el habla, la escucha, la lectura y la escritura de los examinados. Entre las ventajas de esta certificación están:
• Reconocimiento internacional: Avala el dominio del español con validez global, respaldado por la experiencia acumulada de más de 10 años por las cuatro instituciones titulares.
• Confianza en su calidad: Garantiza que el nivel ha sido medido con herramientas rigurosas y estandarizadas.
• Seguridad académica: Es reconocido y aceptado en el mundo hispanohablante como criterio válido para ingresar a universidades.
La participación de la UNAM ha sido decisiva, pues, por una parte, representa a una de las comunidades lingüísticas más amplias y dinámicas de América Latina y, por otra parte, es protagonista y fundadora de este certificado internacional, lo que implica un cambio de paradigma en la geopolítica del lenguaje.
Entre 2016 y abril de 2026, el SIELE ha emitido 128 mil 364 certificados en todo el mundo. El 93 por ciento de los exámenes se concentra en diez países que incluyen desde Brasil, China, Estados Unidos, Francia y Marruecos. Es decir, el español no solo crece, sino que se aprende y se valida cada vez más fuera de sus territorios tradicionales. Además, las instituciones fundadoras han aplicado más de 25 mil exámenes hasta 2025, consolidando un sistema que combina rigor académico, infraestructura internacional y tecnología, con el apoyo de plataformas digitales que permiten su aplicación global.
El SIELE también introduce una lógica contemporánea en la evaluación. Es flexible y digital. Ofrece y garantiza a sus candidatos tres elementos fundamentales: respaldo institucional, una medición confiable y la certeza de reconocimiento internacional. Hoy día, los certificados lingüísticos abren puertas, permiten el acceso a universidades, la obtención de empleo o incluso la obtención de la nacionalidad.
EL SIELE genera también información, orienta la enseñanza, impulsa la creación de materiales y contribuye a la formación de docentes. Incluso abre el camino a nuevas evaluaciones más especializadas, como aquellas enfocadas en la traducción o la interpretación. Es, en ese sentido, una plataforma que mide el presente del español y ayuda a construir el futuro de su enseñanza.
Desde México, el español se habla, se piensa, se estudia, se imprime, se enseña, se valida con una perspectiva que reconoce su diversidad con las lenguas originarias. Y así queda más claro que nunca que la lengua no pertenece a un territorio fijo, sino que es siempre un territorio en movimiento por sus hablantes. Y que es ese dinamismo el que ha movido especialmente el lugar primordial del español en América Latina.
¡Celebremos, pues, el español y su poder transformador!

Anel Pérez
Directora del Centro de Enseñanza para Extranjeros
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