La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies), en colaboración con la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en México, llevaron a cabo el conversatorio virtual «Cuidado y Bienestar en el Trabajo Científico», destinado a transformar las instituciones de educación superior en espacios de justicia social, cuidado y bienestar.
Al participar en representación de Luis Alberto Fierro Ramírez, coordinador de Fortalecimiento Académico e Institucuional de la Anuies, Jessica Marisela González Morales, de Redes Nacionales para la Igualdad y no Discriminación de la Asociación, señaló que las instituciones tienen la responsabilidad de construir entornos más inclusivos y pacíficos.
Recalcó que este conversatorio se propone posicionar una dimensión urgente y muchas veces postergada en nuestro sistema educativo: el cuidado y el bienestar; asimismo busca confrontar la tensión constante entre las demandas del productivismo académico tradicional y el bienestar corporizado, escuchando puntualmente qué significa esto para las personas de la diversidad que hacen ciencia.
El encuentro de la Red Nacional de Personas Científicas de la Diversidad Sexogenérica y las instituciones de educación superior, contó con la participación destacada del Maestro Adolfo Rodríguez Guerrero, coordinador del Programa del Sector de Educación de la Unesco en México, quien destacó la necesidad de transformar la práctica científica en un espacio habitable, inclusivo y centrado en el bienestar de las personas.
Subrayó que para la Unesco, la ciencia debe ser defendida como un bien común de la humanidad y presentó tres ejes fundamentales para el desarrollo de la ciencia contemporánea: la diversidad como pilar de innovación, no como símbolo; el bienestar como motor de la productividad; y, ver a las instituciones como Hábitats Educativos.
Dania Gutiérrez Ruíz del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), investigadora y mujer transgénero, abrió la conversación compartiendo cómo el ocultamiento de su identidad, impactó negativamente su bienestar y productividad científica. Al decidir vivir plenamente su identidad, describió la experiencia como quitarse un peso que le permitió enfocarse en lo que considera trascendental: la ciencia. No obstante, denunció que la academia actual es un sistema heteronormado, machista y misógino que suele responder con juicios y evaluaciones innecesarias cuando las personas de la diversidad destacan profesionalmente.
Por su parte, Luis Miguel García Velázquez de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que la exclusión comienza desde la etapa escolar, donde la violencia y el acoso están normalizados, convirtiendo a las escuelas en espacios inseguros. Esta dinámica genera que los estudiantes de la diversidad adopten modelos de éxito basados en la sobreexigencia para intentar pertenecer.
En el ámbito laboral, el doctor enfatizó que esta presión se traduce en la necesidad de producir más y alcanzar factores de impacto más altos para blindarse ante prejuicios de colegas que participan en procesos de evaluación. Asimismo, criticó la resistencia institucional al lenguaje incluyente, citando casos donde se prohíbe su uso bajo el argumento de mantener la «seriedad» de las publicaciones, lo cual limita la posibilidad de pertenencia de los investigadores.
Durante la conversasión, Mario Castelán del Cinvestav, contrastó su experiencia personal de visibilidad exitosa con la realidad de muchos jóvenes. Citó investigaciones recientes y advirtió que las trayectorias de las juventudes LGBTIQ+ en educación superior suelen estar marcadas por el encubrimiento o la apertura restringida de su identidad como estrategia para evitar la violencia y los juicios.
Finalmente, Melina Amao Ceniceros de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), analizó los costos de vivir en un «estado permanente de alerta» dentro de un sistema y explicó que «salir del clóset» no es un evento único, sino un proceso recurrente debido a que la sociedad asume la heterosexualidad como la norma. Esta hipervigilancia constante sobre las interacciones y la propia presentación ante los demás genera un agotamiento profundo y una autoexigencia desmedida.
Uno de los puntos centrales del evento fue la necesidad de posicionar el bienestar corporizado frente a las demandas del productivismo académico tradicional.
El conversatorio puso especial énfasis en las vivencias de las personas de la diversidad sexogenérica que hacen ciencia y se denunció que, con frecuencia, estas comunidades deben dedicar gran parte de su energía a gestionar situaciones de discriminación o invisibilidad, llegando incluso a utilizar la excelencia profesional como una estrategia de supervivencia para obtener reconocimiento.