El abismo era monocromático, monotemático. El mundo necesitaba colores, temas, perspectivas, detalles: flor y canto. El tlacuilo pinta las flores como el poeta canta, con el rojo y el negro; lo que hicieron las flores el verano pasado o en la primavera anterior. El tlacuilo presenta y colorea el mundo.
Poeta visual, lo llama hoy día la Inteligencia Artificial. Los antiguos cantares mexicanos hacen de nuestro personaje de hoy una semejanza entre el tlacuilo y el tolteca. Un tlacuilo es como si fuera un tolteca. Es un grado al que se llega. Humanamente, no hay más. Ha logrado llevar a Dios a su corazón y, a partir de ahí, hacer arte, darle vida a las cosas. Dotarlas de color.
El náhuatl originalmente no tenía alfabeto, no se “escribía”; todo era oral o eran pinturas. El tlacuilo representaba de forma gráfica la memoria de su pueblo, de su tiempo, de su historia. En ese sentido, el tlacuilo también es un guardián de la memoria.
En una palabra, identificamos bien a los tlacuilos: son todos aquellos que se dedicaron a editar, elaborar, generar, pintar, escribir códices. De acuerdo con la filosofía nahua, las personas, en general, vivimos en una pobreza existencial. Se gana riqueza y grandeza (una grandeza íntima) con lo que llamaban “flor y canto”.
Pessoa, el poeta portugués, pinta de sepia la vida. El tlacuilo la colorea. Parece que Pessoa, con todo y su metafísica de “Tabaquería”, entiende lo que pasa en el mundo; el tlacuilo, en cambio, parece que entiende por qué pasa eso en el mundo. En un golpe de vista, lo pinta. Una pintura, dicen los artistas plásticos, también puede ser un conjuro.
Los nahuas, en sus cantares, nos dicen:
«El buen pintor guarda a Dios en su corazón, dialoga con su propio corazón. Como si fuera un tolteca pinta los colores de todas las flores.»
Todo este breviario viene al caso porque queremos hablar de un verdadero logro de Metate Studio. En ediciones anteriores le dimos espacio a esta marca mexicana a través de “In ixtli in yolotl”, El rostro y el corazón en el aprendizaje prehispánico.
Ahora tocan los tlacuilos. Ángel Tlacuilo, quien bajo el sello de Metate, publica su ópera prima: Descubre la América Mexicana, un verdadero “Busca y encuentra para niños” y, diría yo, también para no tan niños.
Al pintar, Ángel obtiene lo que muchas y muchos desearíamos encontrar en el Tíbet: la templanza de un estado ascendido.
Decíamos, bajo el sello y dirección de Metate Studio, Ángel ilustra a México a través de sus ecosistemas: la selva, el bosque, el desierto, la sierra, el valle, la gruta, el cenote, la playa y el arrecife; todos se encuentran en esta América Mexicana: la fiesta de los colores.
La vida no es panorama; muchas veces es detalle. Hay tres cosas que son inevitables en el arte de este tlacuilo:
Su estilo churrigueresco: en cualquier punto uno puede encontrar una historia.
Sus temas recurrentes —hasta ahora—: su tema es Mesoamérica.
Su perspectiva, su profundidad, su punto de fuga, sus dimensiones superpuestas.
El rojo y el negro, dijimos antes, es lo que hace el contraste de la vida, la sabiduría pura: dicotomías y paradojas resueltas en una palabra, en un estado, en un color.
Los libros gráficos
A partir de la década de los noventa, en el mundo, los libros gráficos se han convertido en una tendencia editorial predominante. Aunque su epicentro es europeo —principalmente en Francia— países como Estados Unidos o Japón no han sido la excepción.
No obstante, aunque Francia lleva la ventaja desde el siglo XIX —recordemos artistas gráficos de la talla de Toulouse-Lautrec— debemos decir que en México está el génesis de esta producción editorial a través de los códices mesoamericanos, los cuales se remontan a antes de la Conquista en el siglo XVI. Amoxtli, como los abuelos les llamaban.
La América Mexicana
De acuerdo con Metate Studio, este nuevo libro “celebra las bellezas naturales de México”.
El propósito es combinar el entretenimiento con el aprendizaje. Esta edición es bilingüe: español-inglés.
Los ecosistemas que Ángel Tlacuilo representa e ilumina contienen más de 100 personajes, junto con tesoros escondidos y objetos perdidos. ¡Un metate de oro! ¡Siete distintos chicones! ¿Sabían ustedes, queridos lectores, que en la cultura mazateca el chicón es el espíritu tutelar (un Hermes mesoamericano) que resguarda la relación entre los hombres y la naturaleza?
Algunas de estas ilustraciones que hoy están al alcance de todas y todos se desarrollaron en Oaxaca, otras en Michoacán; curiosamente, son dos de las entidades del país que no pudieron ser conquistadas por la espada de los españoles. Sin duda, un gran libro para celebrar la soberanía de la patria. Esta obra aborda el México profundo, pero un México sin sangre, un México de colores. En la superficie y en el fondo nos dice: cuando todo es sagrado, todo es agrado.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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