Semanas atrás, me topé con un sitio web interesante en la página de la Dirección General de Acreditación, Incorporación y Revalidación de la Secretaría de Educación Pública (Dgair-SEP). La Dgair presentaba un Powerpoint sobre los Reconocimientos de Validez Oficial de Estudios (RVOE). Proponía, adicionalmente, consultas a un banco de datos sobre los expedidos por el gobierno federal y los autorizados por los organismos estatales habilitados, por estado y ciudad. La plataforma también arrojaba una lista de carreras e instituciones que perdieron el registro, sus sedes y su modalidad de impartición (presencial o no).
La información preprocesada a escala nacional y la del banco de datos por entidad federativa muestran la evolución histórica de los Rvoe, a partir de su instalación en los años 30 del siglo pasado, y el otorgamiento, a cuentagotas, de los primeros a la Escuela Libre de Homeopatía de México, al Instituto de Administración Pública (IAP) y a la Escuela Libre de Derecho. La recuperación de esas cifras, en un periodo de casi 100 años, indica fases sucesivas de desafecto y de popularidad del mecanismo. Obedece a una pauta de crecimiento lento hasta los años 1990, con altibajos. Revela la sustitución de un interés inicial limitado por uno ingente y una interrelación entre las cifras de los Rvoe asignados y la imagen sociopolítica del sistema de aseguramiento de calidad. En 2024, estaban vigentes casi 34 mil Rvoe federales. Era perceptible una movilización fuerte de algunos establecimientos privados para conseguirlos (Universidad del Valle de México, ITESM) [https://siRvoes.sep.gob.mx/siRvoes/mvc/consultas/verEstadisticasEindicadores]. Un interrogante que surge ante ello versa sobre los recursos y medios atribuidos a la Dgair para llevar a cabo sus labores, en ese enmarque de incremento en las solicitudes. Los perfiles del personal asignado a esa dependencia son poco conocidos al igual que el volumen de trabajo a atender y la duración de los plazos de dictaminación.
Tanto las estadísticas como el banco de datos indican, además, diferencias notorias en la cantidad de Rvoe por área disciplinaria, por sector y subsector del Sistema de Educación Superior (SES) y por entidad federativa. La desigual concentración de los Rvoe en Ciudad de México y en el Estado de México refleja que ambas entidades agrupan una parte significativa de la oferta de planes y programas de estudios. Permite advertir que los Rvoe otorgados lo han sido principalmente a las licenciaturas, que agrupan el 62 por ciento del total de los vigentes. No obstante, cubren todos los niveles de educación superior.
Más allá de lo cuantitativo y de sus interpretaciones, los Rvoe representan un mecanismo a partir del cual analizar un segmento del SES, altamente diferenciado, cuya estructura, funcionamiento y calidad son confusos: el de la educación virtual o digital, a distancia o híbrida. Los registros alfabéticos sobre Rvoe vigentes permiten, en efecto, separar los programas por modalidad (no escolarizada e híbrida o presencial). Facilitan identificar cuáles establecimientos suministran carreras no presenciales o semi-presenciales, en qué lugares lo hacen, en qué niveles de formación y en qué áreas. Sistematizar esa información sería una excelente estrategia para ubicar a los establecimientos que apostaron a una educación a distancia de calidad, especificar combinatorias en los esquemas de provisión de sus servicios y justificar una tipología que los clasifique con base en su área disciplinaria, su nivel de estudios y su distribución territorial.
Las fórmulas organizativas de la educación virtual son variadas, ya que la denominación abarca instituciones, heterogéneas en cuanto a tamaño, prestigio y tipo. Sobresalen las 100 por ciento en línea: la Universidad Abierta y a Distancia de México – UNaDM (abierta en 2012), la Universidad Virtual de Michoacán (UNIVIM), creada en 2010, la Universidad Virtual del Estado de Guanajuato (con inicios de labores en 2007), la Universidad Digital del Estado de México y la del Estado de Hidalgo, abiertas respectivamente en 2012 y en 2021 o la Universidad Tecnológica Latinoamericana en Línea (UTEL) desde 2008. Otro dispositivo, menos visible, está constituido por núcleos especializados: en establecimientos convencionales. Esos centralizan y promueven carreras a distancia: no se les designa en forma estandarizada, sino que se les llama en forma distinta como Coordinación de universidad a distancia y educación digital (CUAED) en la UNAM, campus virtual en la Universidad Tecnológica de Jalisco o sistema de educación virtual y a distancia en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Un tercer modelo, más complicado de ubicar, es el de las carreras de esa índole, impartidas en forma “suelta”, por IES fundamentalmente presenciales. Urge conocer, para cada categoría, la procedencia y el tamaño de la demanda de admisión, el comportamiento de la matrícula y las tasas de deserción, repetición y egreso, y luego hilar fino en aspectos cualitativos, tal la satisfacción de los estudiantes o de los académicos ante la oferta a la que accedieron.
En pocas palabras, los interesados en el futuro de la educación superior y en su virtualización han de aprovechar esa información valiosa, aunque difícil de manejar por sus formatos, para documentar mejor las tendencias de cambio que recorren un sistema de educación superior en tránsito hacia nuevos modelos de acceso al conocimiento y en mutación, en torno a un concepto de calidad heterogéneo, conforme con los objetivos disímiles, asignados a cada establecimiento.

Sylvie Didou Aupetit
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