¿Por qué luchamos?
—Winston Churchill
«La guerra que acaba de terminar […] nos ha demostrado que la educación, la cultura, en el sentido estricto de la palabra, e incluso la ciencia, pueden utilizarse contra los intereses comunes de la humanidad», dijo León Blum, diplomático francés en 1945 en los ciernes de la construcción de la Unesco.
Había terminado la Segunda Guerra Mundial, un mes atrás, el 24 de octubre de 1945, se había constituido la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Era noviembre y diplomáticos, intelectuales, ministros de educación se reunían para crear uno de los organismos internacionales de más noble propósito y de mayor alcance en el mundo: la Unesco.
De tal modo, al reunirse para acordar el acta constitutiva de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), este diplomático francés y judío, ponía los puntos sobre las íes: «La educación popular, las grandes instituciones culturales y la investigación científica no estaban menos desarrolladas ni eran menos perfectas en Alemania que en otros países del mundo”.
Lo anterior lo relata el poeta mexicano Jaime Torres Bodet, quien junto con pensadores de la talla de Samuel Ramos y José Gorostiza, fueron enviados a Londres como representantes de México para atender a este llamado internacional.
De acuerdo con las memorias de este educador y diplomático, con la anuencia del presidente Manuel Ávila Camacho; Torres Bodet seleccionó a Ramos y a Gorostiza para que le acompañasen en esta misión internacional. Entonces el poeta de “Tiempos de arena”, se desempeñaba como Secretario de Relaciones Exteriores.
Torres Bodet, feroz lector de Dostoievski, era consciente de que “Todos somos responsables de todo ante todos”, de ese modo, en noviembre de 1945 se embarcaba rumbo a Europa “a luchar por un mundo unido, por la concordia de un mundo unido”.
De los discursos inaugurales recupera el de la delegada de la India:
«Tenemos que examinar aquí una cuestión de importancia vital, la que plantea la educación de la humanidad. La cultura y la civilización están hoy al borde del abismo. En un mundo dominado por la política de fuerza, desgarrado por desconfianza y envidias mutuas, en el que aún se practica la explotación de los pueblos más débiles y en que cada país se preocupa de su propia libertad mientras le es indiferente la de los otros, creo que las fuerzas de la educación y de la cultura son las que salvarán a la humanidad, si se las orienta por las vías adecuadas».
A 80 años de distancia de la creación de la ONU y de la Unesco, ¿cuánto siguen vigentes los planteamientos de esos diplomáticos? Aún el de Torres Bodet como representante de México.
De acuerdo con sus memorias, en esos momentos la Unesco se planteaba la protección intelectual y los derechos de autor, pero, nada decía del saqueo cultural, del derecho patrimonial de una nación milenaria como la nuestra; de este modo lo expresa:
“Una nación como la nuestra, sabedora de que algunos de sus más preciados tesoros se encuentran en grandes museos y bibliotecas del extranjero, tendrá que esforzarse por lograr la ayuda internacional necesaria para que no siguieran dispersándose sus riquezas fuera del territorio patrio. La nacionalización de nuestro petróleo había suscitado muchas protestas. La de nuestros monumentos históricos no engendraría notas diplomáticas insolentes ni rupturas de relaciones”.
Torres Bodet no lo plantea, pero la cita de Dostoievski nos da pistas contundentes, es anaxagórico “Todo tiene que ver con todo, nada puede permanecer aislado”. En el concierto de las naciones este principio es rector.
“Si las democracias hubieran tenido el valor de decir a tiempo que no a la ambición de los dictadores, si la ciencia se hubiera negado a tiempo a obedecer sus órdenes ominosas, si la cultura hubiera enseñado a tiempo a todos los pueblos a distinguir entre la verdad y la propaganda, la disciplina y el automatismo, la fuerza y la violencia, el patriotismo y la sumisión, los crímenes de la conflagración desencadenada en 1939 no hubieran sido posibles”.
Académicos mexicanos como Imanol Ordorika, han sido enfáticos y claros en esto: un proyecto educativo es -ante todo- un proyecto político. Hace 80 años, esto lo tenía más que claro Torres Bodet, educación para la paz, cultura para la paz, ciencia para la paz. “Solo la verdad, la belleza y el bien pueden abrir camino a una paz sincera”.
Nuestro personaje de hoy, junto con la ONU y la Unesco de quien fue su primer director después del provisional Julian Huxley, en el ocaso de sus años, se suicidó, harto de los dolores de un cáncer; si hay una nota de despedida, ésta dice: no espero a la muerte, la convoco.
Torres Bodet fue dos veces Secretario de Educación Pública y una de Relaciones Exteriores. Poeta miembro del grupo de “Los contemporáneos”. Secretario particular de José Vasconcelos a los 18 años. Después de 54 años de servicio a la nación, escribió: “habré cumplido hasta la última hora con mi deber”.
A Winston Churchill se le atribuye una mítica frase en medio de la Segunda Guerra Mundial, cuando al calcular el presupuesto, se le sugirió disminuir lo destinado a cultura y educación para pasarlo a las armas, ¿entonces, por qué luchamos?, fue su mítica respuesta.
Hace 80 años, al desempeñar la misión internacional que configuraría a la Unesco como agencia delfín de la ONU, el propósito de Torres Bodet, según hereda en sus memorias fue simple y llanamente: “dar al progreso del mundo un alma de paz”. Hoy, le recordamos. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
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