Una noche de 1991, Jaak Panksepp recibió una llamada urgente del hospital local solicitando su presencia. Al llegar, los médicos le confirmaron una devastadora noticia que cambiaría su vida para siempre: su hija Tiina había muerto en un accidente automovilístico junto con otros tres adolescentes. El vehículo en el que viajaban fue impactado esa noche por el carro de un hombre apodado Suds, quien conducía completamente alcoholizado mientras huía a toda velocidad de una patrulla sin sirenas ni torretas encendidas. Suds, recién divorciado, estaba angustiado y enojado porque su exesposa no le permitía ver a sus hijos en un día festivo, y había pasado la tarde bebiendo.
Para tener acceso a este contenido, debes acceder con tu cuenta de membresía Suscripción mensual y Suscripción anual
Únete ahora
Únete ahora
¿Ya eres miembro? Accede aquí