Practicar algún deporte en el ámbito escolar de forma balanceada ayuda al bienestar físico y mental de los estudiantes
Luego de una larga caminata o de correr algunos kilómetros, ¿qué experimentamos? Seguramente bienestar, y, con ello, conservar en buena forma nuestro cuerpo. No obstante, la práctica deportiva, además de beneficiarnos, a nivel físico, también interviene de manera positiva en lo mental y social.
El hábito de realizar actividad física debe inculcarse desde los primeros años de vida, y reforzarlo en la casa y escuela. Dos periodos idóneos para ello son la adolescencia y juventud.
Incrementar la masa muscular, reducir el riesgo de hipertensión, evitar el desarrollo de varios tipos de cáncer y diabetes, reforzar el sistema inmunológico, combatir el sobrepeso y mejorar la calidad del sueño son resultados de practicar un deporte.
Infortunadamente, más de 80% de los adolescentes en el mundo tiene un nivel insuficiente de activación física. Esta cifra revela que los alumnos que atraviesan esta etapa llevan un estilo de vida sedentario y se mantienen enfocados en otros intereses.
Por ello, debe existir un balance entre su atención en los dispositivos tecnológicos y el deporte escolar, ya que éste no únicamente les ayuda a conservar un estado de salud óptimo.
La educación física les enseña a ser cooperativos, tolerantes, solidarios, disciplinados, leales y honestos; también adquieren valores deportivos como inclusión, equidad, igualdad y respeto.
Bienestar en las esferas social y mental
El desarrollo de actividades físicas y recreativas hace posible que los alumnos aprendan a integrarse en distintos grupos sociales, bajo circunstancias diferentes.
Un beneficio que también está implícito en el deporte escolar es el perfeccionamiento del pensamiento táctico y estratégico a través del juego. Por medio de la competencia, los estudiantes ponen a prueba sus capacidades de análisis y percepción para evaluar las condiciones individuales, en comparación con las de sus contrincantes.
El liderazgo, la negociación y mediación son aptitudes íntimamente relacionadas con la gestión y resolución de conflictos, las cuales emergen cuando adolescentes y jóvenes practican deportes en equipo.
No obstante, el ambiente lúdico que generan las actividades deportivas ayuda a que los estudiantes ejerciten procesos cognitivos como atención, concentración, comprensión, memoria y percepción.
Indudablemente, la adquisición de estas habilidades les permitirá desenvolverse en su vida diaria, así como en el entorno laboral y profesional.
Actividad física, óptima aliada para el aprendizaje
El deporte escolar fortalece la salud cognitiva, es decir, sus efectos mejoran el desempeño académico. A raíz de esto, lo ideal es balancear el tiempo de estudio con el ejercicio.
En México, 38.9% de los jóvenes de 18 años y más edad es activo físicamente —cifra más baja registrada desde 2013—. En cuestión de género, las mujeres (34.4%) son quienes menos se ejercitan a comparación de los hombres (43.8%).
Debido a lo anterior, los colegios deben vincular lo cognitivo con la práctica deportiva a fin de que los estudiantes consigan óptimos resultados en su aprendizaje, gracias a estrategias, recursos y espacios diseñados para esto.
El 42.1% de los mexicanos de 18 años y más afirman ejercitarse. Esto demuestra que las instituciones educativas deben apostar por el fomento de actividades físicas y deportivas que pueden desarrollar adolescentes y jóvenes, como aikido, taekwondo, futbol, crossfit, atletismo, capoeira, baile de salón, básquetbol y danzas folclóricas, entre otras.
Incentivar en los alumnos la práctica de algún deporte o actividad recreativa les generará bienestar físico, reforzará sus valores y les permitirá asimilar más fácilmente los conocimientos impartidos en las aulas de clase físicas y virtuales mientras mejoran su rendimiento académico.
Juan Carlos Pérez Torres, Director de Fisioterapia y Cultura Física y Deporte de UVM
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