Los desafíos del sistema educativo mexicano son los mismos que tiene desde que se fundó la Secretaría de Educación Pública. Si bien se han atacado de manera parcial en algunos momentos, no se han resuelto.
Incluso, sostiene Carlos Ornelas Navarro, profesor distinguido de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en el primer gobierno de la llamada cuarta transformación, se agravaron.
En entrevista con Campus, el académico señala que, en primer lugar, “tenemos un sistema injusto, inequitativo, que ofrece más a los segmentos urbanos de clase media que a las clases sociales desposeídas”.
En ese sentido, explica Ornelas Navarro, quien forma parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), “el gobierno intentó paliar la inequidad con programas de transferencia de recursos a segmentos sociales seleccionados, de acuerdo con sus niveles de ingreso, localización geográfica, etnia y lengua nativa”.
Detalla que “programas como Solidaridad, Oportunidades y Progresa consiguieron algo, aunque insuficiente”, mientras que “el gobierno de Andrés Manuel López Obrador instituyó becas universales que, según especialistas, en lugar de aumentar la equidad, agrava la injusticia. Se les otorgan a quienes las necesitan y a quienes no”.
Desequilibrios sin resolver
De acuerdo con Carlos Ornelas Navarro, quien recibió el reconocimiento al mérito Pablo Latapí por su labor como investigador en 2015, por parte del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comei), “las deficiencias en los aprendizajes, que también se distribuyen de manera injusta, y la baja calidad de la enseñanza”, son solo otros de los asuntos pendientes en el terreno educativo.
“El gobierno dejó a la deriva y casi sin fondos la formación y actualización de profesores. Las escuelas normales y las unidades de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) no pueden avanzar; la política del gobierno es errática. Muchos discursos en favor de los maestros, pero poco en la práctica”, lamenta.
Además, “la mala administración del sistema, plagado de malos hábitos burocráticos y corrupción, así como la poca importancia que la sociedad le otorga a la educación”, son otros de los obstáculos que no han terminado de sortearse.
En ese sentido, dice Ornelas Navarro, “solo unas cuantas organizaciones de la sociedad civil, periodistas y académicos demandan mejor educación”.
Crece la burocracia
Al hablar de los problemas o factores que impiden un mejor desarrollo del sistema educativo, Carlos Ornelas Navarro, quien ha sido profesor visitante en la Universidad de Harvard y en la Universidad de Columbia, además de la “discriminación presupuestal y las tradiciones burocráticas, el factor que más influye en los descalabros del sistema es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), o mejor dicho los liderazgos de las facciones del SNTE.
“Estas colonizaron el gobierno de la educación básica. Comenzó desde 1946, cuando el presidente Ávila Camacho eliminó la cláusula en el Reglamento de las condiciones de trabajo de los trabajadores de la SEP de que los directores de escuela eran autoridades, de confianza”, dice.
Ornelas Navarro recuerda que estas facciones “pasaron a ser puestos de escalafón y los dirigentes pronto se apropiaron de esa medida. Fue una colonización por convite. “Luego fue por pactos con diferentes gobiernos como se apoderaron del inspectorado. Hasta 2013, los dirigentes decidían quiénes serían supervisores. También conquistaron territorios de la baja burocracia, en especial, la que tiene que ver con la educación básica”, señala.
El problema mayor, añade el investigador, es que “los líderes controlan la trayectoria profesional de los docentes, de su ingreso, promoción y lugar de adscripción.
“El proceso se interrumpió, no se eliminó por completo, con la reforma educativa de 2013, del gobierno de Enrique Peña Nieto. Ese proyecto reformista casi exterminó las lacras más graves del sistema educativo mexicano: la herencia, renta y compraventa de plazas docentes; también se quitaron de la nómina a cerca de 40 mil ‘aviadores’ y otros tantos comisionados sindicales.
“Pero la cultura corporativa es persistente y paso a paso recupera sus haberes (basificación y lugares en las burocracias estatales). Ahora las dos facciones van por la Unidad del Sistema para la Carrera de las maestras y (los) maestros”, enfatiza.
En ese sentido, comenta, si bien cier-tos gobiernos presentaron a la opinión pública programas que pudieran denominarse de largo aliento, “como la modernización educativa, con Salinas, el Servicio Profesional Docente, con Peña Nieto, por ejemplo, afectaban intereses corporativos y de grupos de la clase gobernante. El SNTE se opuso y el funcionariado conservador de la SEP lo secundó”, subraya.

Carlos Reyes
- Carlos Reyes
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