La Teoría Crítica de la Raza y la disputa por el futuro de Estados Unidos

La derecha conservadora busca acallar las críticas sociales ocultando el vergonzoso pasado norteamericano

Si durante gran parte del siglo pasado el marxismo fue el gran enemigo de la derecha estadounidense, ahora hay una nueva amenaza existencial: la Teoría Crítica de la Raza. Sus opositores —incluyendo a prominentes políticos republicanos y comentaristas conservadores— han culpado a la teoría (Critical Race Theory, o CRT, por sus siglas en inglés) de desestabilizar al país por medio del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan).

CRT, que postula que la sociedad estadounidense y sus instituciones son inherentemente racistas, ha permeado el currículo de las universidades desde hace varias décadas, introduciendo conceptos como “racismo institucionalizado” y “microagresiones” al lenguaje común. Proponentes de la teoría también han impulsado la creación de programas de estudios afroamericanos y latinos (mayormente chicanos) en cientos de instituciones de educación superior desde los años 70. Más recientemente, a raíz del estallido del movimiento Black Lives Matter en 2014, CRT ha ganado terreno en casi todos los niveles del sistema educativo, con la incorporación de materias y contenidos obligatorios que ponen énfasis en la historia del racismo en el país.

En reacción, ocho estados, desde Tennessee hasta Idaho, han prohibido la enseñanza de la teoría (o cualquier discusión sobre racismo) en las aulas, argumentando que fomenta la división racial. A su vez, otros 20 estados han introducido o planean proponer una legislación que vetaría la incorporación de CRT en el currículo escolar, según un reporte de la Brookings Institution, un centro de investigación progresista con sede en Washington DC (Why are states banning critical race theory?, de agosto de 2021).

Pero ¿qué tan peligrosa puede ser una teoría social? Para la derecha política estadounidense, la respuesta es: muy peligrosa. Según el mismo reporte de Rashawn Ray y Alexandra Gibbons, el gigante mediático conservador, Fox News, ha mencionado a CRT 1,300 veces en menos de cuatro meses. “¿Por qué? Porque la Teoría Crítica de la Raza se ha convertido en el nuevo bogeyman [coco] de personas que no están dispuestas a reconocer la historia racista de nuestro país y cómo impacta en el presente”.

Para los críticos de CRT, sin embargo, la teoría es responsable del auge de las protestas sociales —sobre todo las anti-racistas—ocurridas en la última década y que culminaron en las movilizaciones masivas de 2020. Según un reporte de la Fundación Heritage, una influyente institución conservadora con sede en la capital: “El año 2020, con sus protestas y disturbios —además de la aceptación, por parte de los medios, los deportes profesionales, las corporaciones, la academia, y virtualmente todos los centros de poder, de que América es irredimiblemente racista y debe refundar todo su sistema— ha demostrado que las enseñanzas de CRT han salido de las torres de marfil” (Critical Race Theory, the new intolerance, and its grip on America, de diciembre de 2020).

El documento, que ha sido ampliamente diseminado en círculos conservadores, también acusa a los proponentes de la teoría de querer eliminar la libertad de expresión en las universidades estadounidenses o, por lo menos, de amordazar a las voces conservadoras. Toman como ejemplo las crecientes protestas estudiantiles en contra de ponentes o profesores conservadores —la famosa “cultura de la cancelación” o cancel culture—, inclusive en algunas de las universidades de mayor prestigio. “Como CRT se originó en las instituciones postsecundarias, no es ninguna sorpresa que las manifestaciones más intolerantes de CRT se encuentran en los campus universitarios”, dice el reporte de la Fundación Heritage.

CRT y la política
La teoría también se ha infiltrado en la política, convirtiéndose en un blanco favorito de políticos republicanos, más recientemente en la antesala de las elecciones parciales del pasado dos de noviembre. Muchos candidatos para alcalde y gobernador citaron a CRT como una de las principales amenazas para la calidad de la educación, un tema de gran interés entre los votantes blancos de clase media.

El más explícito de ellos fue Glen Youngkin, candidato republicano para la gubernatura de Virginia, quien prometió prohibir la enseñanza de CRT en todos los niveles del sistema público escolar si fuera electo. «El Dr. Martin Luther King nos imploró a juzgarnos unos a otros con base en la calidad de nuestro carácter y no por el color de nuestra piel. Por eso, desde el día uno, vetaré la Teoría Critica de la Raza en nuestras escuelas”, declaró Youngkin durante un mitin político en octubre. Agregó que, bajo su administración, los niños aprenderán a “no ver todo a través de una lente racial”.

Youngkin capitalizaba los resultados de una encuesta de Fox News que señaló que la mayoría de votantes del estado opinó que ellos —y no los consejos escolares o las escuelas— deberían determinar el currículo escolar. Algunos padres de familia inclusive organizaron protestas antes de las elecciones bajo el eslogan “parents lives matter” (las vidas de los padres importan), en directa oposición al movimiento Black Lives Matter.

En un anuncio electoral, el candidato republicano también incorporó a una madre que denunció que su hijo fue “obligado” a leer una novela “explícita” y violenta en su escuela pública. La novela en cuestión fue Beloved, la obra maestra de la escritora afroamericana y premio nobel Toni Morrison, y trata sobre la historia de esclavitud en el país.

Los orígenes de la Teoría Crítica de la Raza
CRT tiene sus fundamentos en la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort de los años 30 y en la Escuela Crítica Legal, que emergió en Estados Unidos a partir del movimiento de los derechos civiles, de los años 60 y 70. El término Critical Race Theory fue acuñado por Derrick A. Bell, académico de la Escuela de Leyes de Harvard, en su libro Raza, racismo y la ley estadounidense (Race, racism and American Law, 1973). En él, Bell argumenta que el sistema de justicia del país está diseñado para privilegiar a la mayoría blanca, mientras discrimina a la minoría afroamericana, así como a otras minorías raciales.

Él y otros proponentes de la teoría citan cifras que muestran que los afroamericanos están sobrerepresentados en las cárceles del país: son 33 por ciento de los reos, mientras representan el 13 por ciento de la población, según un estudio del Centro de Investigación Pew de 2018. (Esa cifra ha mejorado desde 2006, cuando 44 por ciento de la población encarcelada era negra). A su vez, la probabilidad de que un hombre negro muera a manos de la policía es 2.5 veces más alta que la de un hombre blanco, según el diario Los Ángeles Times. Estudiantes afroamericanos también acceden en proporciones muy bajas a las universidades de mayor prestigio en el país, a pesar de varias décadas de políticas de acción afirmativa que buscan dar prioridad en las instituciones de educación superior a estudiantes de minorías raciales.

Para los críticos de CRT, como la Fundación Heritage, tales cifras muestran desigualdades entre distintos grupos de la población, pero no la presencia de racismo como tal. La organización argumenta, además, que los programas de concientización racial en las escuelas son una pérdida de tiempo y potencialmente peligrosos. El contenido de tales programas “enseña ideas que debilitan el valor de la libertad individual y los ideales fundacionales de América, mientras coloca aún más el concepto del racismo sistémico dentro de la conciencia pública”.

Para los proponentes de la teoría, esto es justo lo que quieren lograr: provocar un debate nacional y una reforma radical de las estructuras sociales, económicas y de justicia del país.

En el fondo hay dos visiones encontradas del futuro de Estados Unidos: una que quiere perpetuar el privilegio blanco tras esconder las verdades incómodas del racismo, y otra que busca luchar contra el racismo a través de volverlo explícito.

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