Entrevista con el ex rector de la UANL
México tiene el talento y el capital humano en el campo de la investigación para desarrollar ciencia para beneficio de la población.
Sin embargo, la falta de financiamiento y apoyos limitan que ésta se realice de manera eficiente.
Así lo percibe Jesús Ancer Rodríguez, quien fuera rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) durante dos periodos, de 2009 a 2015.
En entrevista con Campus, comenta que, bajo esa óptica, “los retos para el desarrollo científico en México se pueden agrupar en dos grandes categorías: la falta de inversión en ciencia, y la inexistencia de una cultura científica”.
De acuerdo con las cifras, detalla Ancer Rodríguez, el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías actualizó los contenidos del Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2024, así como su denominación para quedar como Programa Especial en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación 2021- 2024.
Debido a esto, “el Ramo 38 tendría un decremento de 2 mil 217 millones 390 mil 833 pesos para sus operaciones sustanciales y la de los centros de investigación”.
Es decir, comenta el exrector de la UANL, más de 75 por ciento del gasto será para operación.
“Además, se eliminan los fideicomisos que permitían a los diferentes centros de investigación generar recursos propios, sin tener aún algún instrumento que los sustituya. Sólo 25 mil 722 millones fueron asignados al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías”, puntualiza.
En ese sentido, dice, “los analistas estiman que se trata de sólo 0.6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de México, un porcentaje muy bajo frente al 1.5 por ciento que recomiendan organismos internacionales”.
Un porcentaje impacta, de acuerdo con la Unesco, en el entorno científico del país, ya que “México gasta 0.4 por ciento del PIB en investigación, y cuenta con menos de 200 investigadores por millón de habitantes.
“Estos datos lo colocan entre los países que menos recursos destinan a investigación y desarrollo. Los países que más porcentaje del PIB invierten en estos rubros son Corea y Japón, con 4.5 por ciento y casi 4 por ciento del PIB respectivamente; estos países cuentan cada uno con más de 5,000 investigadores por millón de habitantes”, señala.
Los pormenores a fondo
Al profundizar en los retos que enfrenta el sistema científico del país, Ancer Rodríguez, quien se encuentra al frente del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencias de la Salud de la UANL, comenta que se debe romper con las limitaciones para responder a los nuevos escenarios del mundo, de la sociedad y la economía basadas en el conocimiento.
Bajo esa perspectiva, añade, se cuenta con “una infraestructura institucional y científica débil; una comunidad de investigadores y tecnólogos todavía muy reducida, en relación al tamaño de la población y al potencial económico; y con políticas públicas que promuevan de manera decidida la formación de capital humano altamente calificado”.
Dichas políticas, plantea Ancer Rodríguez, quien fue secretario general de la UANL, deben fortalecer “a las instituciones y grupos de investigación para que consoliden sus avances; que oriente a la academia y al sector productivo hacia la innovación; que haga del conocimiento una herramienta fundamental para atender los problemas y retos nacionales”.
Al mismo tiempo, comenta, la demanda de proyectos debe surgir desde los sectores productivos y se debe contar con un monto de inversión pública y privada suficiente para transitar hacia un mejor desarrollo.
Se debe contar, explica, “con un marco de certidumbre institucional, de libertad científica, y de compromiso con la sustentabilidad social y ambiental; una agenda nacional de largo plazo con mecanismos de financiamiento estables, progresivos, multianuales y suficientes”.
Incluso, detalla Ancer Rodríguez, quien recibió el Galardón a la Excelencia, otorgado por el Senado de la República, “el Sistema Nacional de ciencia y tecnología debe contar con una gobernanza eficaz, colegiada, inclusiva, transparente y capaz de articular a los diferentes agentes del sistema”.
Asimismo, se requiere de “una estrategia de expansión de la planta científica nacional en todas las áreas, ampliar los mecanismos de formación de recursos humanos en programas nacionales y extranjeros y fomentar las vocaciones científicas”.
Ancer Rodríguez considera que hay que “crear nuevos centros de investigación, lograr una adecuada vinculación de la academia con los sectores productivos y sociales y fomentar la divulgación de la ciencia y la colaboración con instituciones científicas internacionales”.
Y en medio de todo ese esquema, se necesita “un programa de gasto e inversión, con un crecimiento programado y progresivo, que lleguen en el corto plazo a uno por ciento del PIB y en el mediano plazo al promedio de los países de la OCDE”.
Visión a detalle
Sobre los problemas o factores que impiden un mejor desarrollo de la educación superior, Ancer Rodríguez, quien fue reconocido por la Asociación Mexicana de Educación de Educación Continua y A Distancia, por el impulso a esta modalidad, apunta que el primer obstáculo “está directamente relacionado con el grupo poblacional en edad de educación superior, que enfrentan múltiples desafíos y desigualdades que limitan el ejercicio pleno de sus derechos y el desarrollo de su potencial.
“Algunos de estos desafíos incluyen el embarazo a edades tempranas, el desempleo, la precariedad laboral, la deserción escolar, el bajo acceso a servicios de salud amigables y de calidad, el bajo acceso a mecanismos de participación sustantivos, entre otros”, detalla.
Tan solo en 2023, subraya el exrector de la UANL, las entidades con las mayores Tasas Específicas de Fecundidad en Adolescentes (TEFA) fueron Chiapas (81.7 nacimientos por cada mil mujeres de 15 a 19 años), Tlaxcala (69.6) y Zacatecas (68.8).
Por ello, dice, “la cultura juega un papel determinante en la deserción escolar, ya sea por los matrimonios en menores de edad, lo que limita su acceso a la educación media superior y superior.
“Esto es más frecuente lugares en donde se reproducen pautas patriarcales muy arraigadas en las tradiciones comunitarias; usos y costumbres más presentes en condiciones de pobreza extrema, desigualdades de género y violencia sexual”, comenta.
Además, “a tasa específica de fecundidad adolescente (TEFA) en hablantes de lengua indígena fue de 73.5 nacimientos por cada mil adolescentes, mientras para las no de habla indígena fue de 41.1”.
Respecto a la ubicación geográfica de las personas adolescentes y jóvenes, detalla Ancer Rodríguez, “encontramos que 52.9 por ciento de las personas adolescentes y jóvenes en México radican en 8 entidades federativas (Estado de México, Ciudad de México, Jalisco, Veracruz, Puebla, Guanajuato, Nuevo León y Chiapas), y algunos de estos estados concentran el mayor número de universidades, a pesar de ello, el acceso no es garantía”.
Por otro lado, añade, “hay estados que son expulsores de estos grupos de adolescentes y jóvenes que migran en busca de trabajo y mejores condiciones de vida.
“La migración educativa a nivel superior está condicionada, principalmente, por el desarrollo desigual de la educación superior en las diferentes entidades y por las diferencias económicas de los estudiantes”, puntualiza.
Al fondo del asunto
Pero la educación superior en México, además de todos estos rezagos que vienen del entorno social, Ancer Rodríguez puntualiza que enfrenta otro grupo de problemas que son estructurales.
“Dentro de los principales problemas que tiene la educación superior en México, se cuentan los altos índices de reprobación de materias, la deserción de alumnos y la baja eficiencia terminal de los egresados”, comenta.
Esta problemática, argumenta se debe a varias causas, como “la rigidez y especialización excesiva de los planes de estudio, los métodos obsoletos de enseñanza y evaluación de los alumnos, la escasa vinculación entre la academia y el sector productivo”.
Además, tienen que ver en todo este entramado, “la falta de programas de apoyo a los alumnos, el rol inadecuado del profesorado ante las necesidades actuales de aprendizaje, una orientación vocacional deficiente y carencia de movilidad estudiantil, que permita al alumno transitar por diferentes escuelas o instituciones”.
Al mismo tiempo, enfatiza Ancer Rodríguez, quien es doctor en Medicina por la UANL, se suman “la falta de nuevas opciones de educación superior, la falta de financiamiento adecuado, la falta de acceso a recursos educativos de alta calidad, la baja retención estudiantil y la falta de relevancia de los programas de estudio para las necesidades del mercado laboral”.
“Dentro de los factores que impiden un mejor desarrollo de la educación superior”, agrega, “se suman algunas políticas de las universidades que señalan lo relacionado con el número de alumnos por maestro, los métodos y materiales didácticos utilizados que no van a la par con los avances tecnológicos de la información y comunicación aplicados a la educación”.
Incidir de mejor manera
Al hablar del papel que deben jugar las instituciones de educación superior en este escenario, el exrector de la UANL, apunta que se requiere que estas tengan una actitud o postura más “decidida, coordinada y colaborativa con las autoridades federales y estatales para asegurar la certeza jurídica y presupuestal.
“Las Universidades están haciendo lo suyo, y tienen clara la visión de la educación superior, sin embargo, sin dinero todo queda en enunciados. Las universidades están obligadas a cambiar la forma en que han venido operando y el mundo que les rodea, para ello requieren de presupuestos saludables que les permita planear a corto, mediano y largo plazo”, advierte.
En este trabajo de coordinación y colaboración, recuerda Ancer Rodríguez, quien tiene entre sus líneas de investigación la anatomía patológica y el recambio celular, varias instancias como ANUIES, UNAM y UANL, entre otras instituciones de educación superior, “han formulado propuestas complementarias con el propósito de lograr que la educación, el conocimiento, la innovación y la tecnología se conviertan en palancas fundamentales para el desarrollo social, el crecimiento económico y la construcción de un país más equitativo y próspero”
Algunas de estas son una “mejor gobernanza para el desarrollo del sistema de educación superior; la ampliación de la cobertura con calidad, equidad, inclusión e igualdad de tal forma para aumentar la oferta en las diversas modalidades educativas y reducir las brechas de cobertura entre entidades federativas y regiones; y la mejora continua de la calidad de la educación superior”.

Carlos Reyes
Columna Campus: Regla de Tres
- Carlos Reyes
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