La existencia de espacios públicos es esencial para la construcción de la democracia: especialista en la UAM

El ciudadano debe tener una pluralidad de enfoques y puntos de vista independientes, señaló Leonardo Curzio

Para el académico es importante que la colectividad cuente con líderes de opinión que puedan representar no a un grupo o segmento en específico, sino a las diversas manifestaciones de la sociedad.

La construcción de la democracia depende de muchos factores, pero uno muy importante es la existencia de espacios públicos donde los ciudadanos puedan deliberar, entre ellos los medios de comunicación, sostuvo Leonardo Curzio, comunicador, académico y analista político, durante su participación en el ciclo de conferencias Miércoles en las Ciencias Sociales y las Humanidades, en la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En términos ideales, las personas debieran tener derecho a contar con distintas fuentes de información, incluida la oficial (en las que los gobiernos tratan de imponer su verdad narrativa), pero también desde la oposición, porque “los que hoy son mayoría deben recordar que mañana pueden ser minoría” y, por tanto, las reglas de acceso a las noticias deben ser garantizadas para todos.

Durante la mesa Comunicación y Poder en México, dijo que si el habitante realmente tiene el derecho para ejercer su categoría como ciudadano, debe tener una pluralidad de enfoques y puntos de vista independientes, en la que los comunicadores “no tenemos nada en particular, salvo que ayudamos a orientar de alguna manera el debate público”.

La multiplicidad de voces orienta a los grupos sociales, que no siempre tienen datos de primera línea sobre todos los temas y una opinión formada sobre visiones alternativas, lo que enriquece notablemente la vida democrática, porque se ofrece al poblador la posibilidad de ver otras realidades.

En ese sentido, consideró que una función central de los comunicadores, igual que la de los intelectuales, es discernir el discurso del poder” y, por ello, una democracia sólo es saludable si tiene posibilidad de distintas voces desde las cuales se reconstruyen diversas racionalidades y cada quién va tomando nota de lo que considera que está mejor argumentado.

El cambio en lo político en las últimas décadas ha sido extraordinario, pero en lo tecnológico “nos ha llevado a un mundo completamente diferente, pues en los años 90 del siglo pasado teníamos todavía la primacía de la TV y en menor medida de la radio; hoy con las redes sociales impera una atomización de la información pública”.

En el ejercicio de una política identitaria “tenemos una nueva realidad de la práctica política, porque respecto de determinado tema unos dicen que esto va de maravilla y otros que todo es un desastre, y esto se resuelve sólo acudiendo a fuentes alternas y leyendo a aquellos con quienes podemos no estar de acuerdo”.

Víctor Alarcón, investigador de la Unidad Iztapalapa, apuntó que la vocación generacional que se gestó en los años de transición democrática “en los que empezamos a visualizar la importancia de cómo comunicar temas como los electorales, y defender palmo a palmo la debida transmisión de resultados”, favoreció la presencia de comunicadores que conquistaron poco a poco los espacios de la prensa, los radiales, los televisivos y ahora los de las redes sociales. (15:36)

“Esto muestra una salud o un indicador de la sanidad en la que un régimen democrático, que se ciñe a la pluralidad y al debate de las ideas, tendría una base muy sustancial.

Los medios son un espacio de disputa y “no podemos negar la importancia de que quien controla la agenda de contenidos es lo que va determinando cómo la población se va apropiando de temas, conceptos y, sobre todo, asumiendo o modificando sus hábitos en ese sentido”.

El académico subrayó la importancia de que la colectividad cuente con líderes de opinión que puedan representar no a un grupo o segmento en específico, sino que capten el pulso de una sociedad que se manifiesta de diversas maneras.

En la mesa moderada por Erika Granados Aguilar, coordinadora de la Licenciatura en Ciencia Política de la Unidad Iztapalapa de la UAM, José Antonio Crespo aseveró que así como hay estilos personales de gobernar, también los hay de comunicar y de vincularse a nivel de la comunicación política.

El estilo del expresidente Ernesto Zedillo era muy técnico; el de Vicente Fox muy populachero y desparpajado; el de Felipe Calderón también muy técnico y el de Enrique Peña Nieto muy acartonado y cada movimiento era estudiado. En el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador hay un modo de hablar con la gente con las palabras más comunes.

Desde los griegos se ha visto que puede haber en los extremos un político que puede comunicarse y atraer y conectarse con mucha gente y, por lo tanto, ganar votos, no obstante, va a ser muy mal gobernante, y en el otro extremo puede haber alguien que esté preparado, conozca los técnicos para resolver problemas (más que recorrer municipio por municipio), pero a la hora de estar en la tribuna se comunica mal y no sabe conectar con sus interlocutores. (36:18)

“Me parece que José Antonio Meade, aunque se puede estar de acuerdo o no con su ideología, es una persona muy preparada que conocía a fondo sus temas y que en los debates, planteaba asuntos muy sensatos, pero la mayoría del público se estaba durmiendo”; en cambio López Obrador “habla, se comunica y le dice a la gente lo que quiera y eso es lo que los griegos llamaban demagogia”.

Ellos decían que la democracia lleva el riesgo implícito de que puede convertirse fácilmente en una demagogia “y esto quiere decir que llega un político que se sabe comunicar con el hígado y el corazón y no tanto con el cerebro” y empieza a adular a quienes le escuchan, al tiempo que “explota sus rencores, sus resentimientos, sus complejos y sus deseos de venganza de tal o cual grupo, ya sean raciales, como Hitler, o resaltar la dinámica nacional”, como lo hizo Mussolini.

Esos políticos, según los griegos, le dicen al pueblo lo que quiere oír, además de hacer promesas que pueden no ser posibles, “porque cuando pasas de los objetivos o las metas a los cómos, la cosa se complica más”, por eso los dirigentes de cierta tendencia demagógica no hablan de los cómo evitarán acabar con la corrupción, la impunidad o la inseguridad, por ejemplo.

Hay un voto duro de López Obrador “que le sigue creyendo todo” y es a ese sector al que está dirigido su discurso y, por ello, se ha llegado a una polarización como no se había visto.

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