“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto”.
Proverbios 4:18
El 25 de septiembre de 2024 se inauguró el Museo Vivo del Muralismo, pero este espacio fue por 100 años el recinto histórico de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el cual, fue inaugurado un 9 de julio -o sea, un día como ayer- de 1922, hace ciento tres años.
Hoy, esbozaremos un breviario histórico por este inmueble que, desde 1987 fue declarado por la Unesco como Patrimonio Mundial. Amplia es la historia de nuestro país y este inmueble no es la excepción, en el siglo XIX este sitio funcionó como convento. El convento de Santa María de la Encarnación del Divino Verbo.
Pero aún más atrás en la Historia, se han encontrado vestigios arqueológicos que sugieren que los mexicas, ocupaban esta parte de Tenochtitlán como “calmecac”. Como sabemos, el calmecac, era la escuela de los nobles mexicas, distintos a los mazehuales (la plebe), quienes asistían al telpochcalli. ¡Tenían educación para todos!
En fin, en los albores del siglo XX, este espacio sirve como sede de la Escuela Nacional de Jurisprudencia, de hecho, en este mismo espacio, el creador de la SEP, José Vasconcelos, estudió leyes. A penas una década antes, había sido Escuela Normal para profesoras.
Seguramente fue este vínculo emocional entre el oaxaqueño y el lugar, lo que lo llevó a seleccionarlo para su gesta educativa. De acuerdo con las memorias del autor de “La raza cósmica”:
“Detrás de los escombros de la antigua Normal de Señoritas estaba el hermoso patio de arcadas del antiguo convento de Santa Teresa, mismo que en mi tiempo de estudiante había albergado a la Escuela de Leyes. Aprovechar este patio, anteponiendo un antepatio y un palacio nuevo, tal fue la decisión adoptada. Y a fin de ponerla en obra, convoqué a ingenieros”.
Para desarrollar su gesta educativa, se sumaron los ingenieros de la Universidad Nacional para construir escuelas. Artes, libros, maestros con salón, salarios dignos, esa era la idea; en la parte de la construcción:
“Pronto el departamento de ingenieros de la Universidad tuvo más trabajo que el Ministerio de Obras Públicas”, dice el Vasconcelos esteta de Estado. El Vasconcelos no vine a ver si puedo, el Vasconcelos: “en estos momentos yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.
No es ajeno a nuestro personaje de hoy, el que, para crear la SEP, se tuvo que reformar por primera vez la Constitución de 1917. Todo ese plan, desde el legislativo, como el pedagógico, el artístico y el editorial, inició en junio de 1920 en la Universidad Nacional, siendo Vasconcelos, rector.
Maestro de América
En forma, los trabajos para adaptar este inmueble comenzaron el 15 de junio de 1921 y, como decíamos, concluyeron casi un año después, el 9 de julio de 1922. Desde ahí, hace 103 años se propuso “crear los caracteres de una cultura autóctona hispanoamericana”.
Si algo distinguió al fundador de la SEP, fue su pensamiento universal. De tal modo que, el palacio que erigió como sede de la educación nacional, es, al mismo tiempo -nos arriesgamos-: un homenaje pétreo al devenir de nuestra civilización; síntesis y sincretismo de las culturas. En una palabra: educación.
De lo anterior dan cuenta los cuatro tableros en piedra y oro, manufactura de Manuel Centurión. En uno se representa a Quetzalcóatl, en otro a Platón, en un tercero a España y, según cuenta Vasconcelos como el cuarto tablero:
“aparece el Buda envuelto en su flor de loto, como una sugestión de que en esta tierra y en esta estirpe indo-ibérica se han de juntar el Oriente y el Occidente, el Norte y el Sur, no para chocar y destruirse sino para combinarse y confundirse en una nueva cultura amorosa y sintética”.
Dentro de estos propósitos cosmopolitas, en el discurso de inauguración, Vasconcelos agrega su intención de crear “una verdadera cultura que sea el florecimiento de lo nativo dentro de un ambiente universal, la unión de nuestra alma con todas las vibraciones del universo en ritmo de júbilo”.
Así se inició un proyecto, en su estancia sede, hoy podemos encontrar en el Museo Vivo del Muralismo (MVM), más de 3 mil metros cuadrados de arte, más de 240 murales que gestaron una vertiente plástica que hizo eco en el tiempo y en el mundo.
El muralismo se llegó a convertir en arte de Estado. ¿Pintas en murales, celebras, exaltas la Revolución?, hay becas, hay apoyos, hay cargos. Los destacados, prolíficos, industriosos como Rivera, acapararon, una muestra de ello, está en los pasillos del MVM.
Por temática y por soporte, podríamos decir que artistas como el británico Banksy, goza del legado estético de Vasconcelos. Vasconcelos ante todo era un esteta. No creo que se jacte al reconocer que él conseguía los artistas y él les daba el tema.
No obstante, libertario, aunque no era de su parecer, Vasconcelos dejó a Rivera que hiciera suyos los muros de la institución que estaba fundando. En el titulado “Los sabios”, en el segundo nivel de este recinto al cual hoy nos referimos, el de Guanajuato, defenestra al de Oaxaca.
Para entender la alegoría, sólo hay que saber ¿quién está representado en ese mural y, sí, ¿cuál es su historia? ¿Por qué Vasconcelos parece libar del seno de María Antonieta Rivas Mercado? ¿Por qué está pintado de espaldas sobre un elefante blanco?
Se puede prever que Vasconcelos intuía la traición, en sus memorias lo subraya. Mientras que, al inaugurar la consecuencia coherente del anhelo de la evolución colectiva, a través de la educación, también subrayó: “sólo la última piedra es orgullo de los fuertes y sólo sobre ella levantaremos cantos”.
Es pues, nuestro personaje de hoy, en palabras de su fundador, “sólido y claro como la conciencia de la revolución madura”, y desde hace más de cien años, la luz de sus claros muros -dirán que fueron y vinieron, pero- sí ha sido la aurora de un México nuevo, de un México espléndido.
A veces se empantana, pero siempre será gesta ante la tempestad el formar un corazón y una cara: In ixtli, in yolotl. Los historiadores para exaltarlo, a Vasconcelos le siguen llamando caudillo. El de la SEP, es el segundo palacio más grande de la Ciudad de México; quitarle dinero y terrenos al ministerio de guerra también es su legado. En fin, vendrá el tiempo de los días perfectos. Hasta aquí, este tropezado esbozo. Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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