Conocí al extraordinario artista plástico michoacano Antonio Suárez (Mil Cumbres, 1943-Ciudad de México, 2024) a mediados de la década de los ochenta, y desde un principio me conmovieron su vivacidad y su generosidad sin límites, su trato siempre amable y su buen sentido del humor. Hombre culto y sensible, con talentos varios, su muerte me ha sorprendido y dolido hondamente.
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