Ya no es novedad estar jorobado y con la pupila atada al aparato. En 2025 se estrenó Capitán América: Un nuevo mundo, y con el cinismo que caracteriza al primado negativo, esa película nos dijo: «a través de sus teléfonos, los estaremos manipulando».
Otro artículo androide. En periodismo, es fundamental hablar con una fuente de primera mano. ¿Quién mejor que la propia inteligencia artificial para preguntarle, en términos de vigilancia, poder y algoritmos: cómo nos venden la moto?, ¿cómo nos doran la píldora?, ¿cómo nos estafan… y nosotros aplaudimos?, ¿cómo vigilamos al servicio de…?
Ayer, 25 de junio, es la fecha insigne, Foucault fallece, nace Orwell. ¿Qué tienen en común?, el estudio del poder. La obra a la que hoy nos referimos, 1984, es el año de defunción de Foucault.
Podría parecer un tema culto y literario, pero en realidad es lo que nos acontece todos los días —lo sepamos o no—. Recientemente, en el Estado de México, entidad gobernada por la ex secretaria de Educación Pública, la Mtra. Delfina Gómez, se retiraron “narcocámaras”. La vigilancia se ha atomizado, y nosotros nos hemos vuelto parte del juego.
“La vigilancia ya no es vertical, sino horizontal y distribuida”, dice ChatGPT. Continúa: “[En] 1984, la vigilancia es unidireccional, impuesta desde un poder central, representado por el Gran Hermano. El individuo es objeto pasivo”, pero consciente —subrayamos— de la “mirada omnisciente”.
La diferencia con nuestra realidad de 2025 es que no tenemos conciencia de esa pasividad ni de esa actividad a gran escala. Nos hemos convertido en esa parte del “poder blando” que señala Foucault: al normalizar la exposición, nos hemos vuelto suaves, al servicio del verdugo.
“Frente a la compulsión de la presencia, la ausencia es subversiva”, agrega la IA.
No estar se ha convertido en un símil del no hacer. Según la tradición tolteca, importa más lo que no hacemos que lo que hacemos. En tiempos de la presencia digital, es igual: es más subversivo no estar.
¿Es nuestra culpa no leer?
De acuerdo con ChatGPT, esta vigilancia orwelliana, atomizada pero con las dimensiones del “Gran Hermano te vigila”, sucede porque acordamos algo que no leemos. La misma IA dice:
“Aceptar condiciones sin leer equivale a internalizar la vigilancia, legitimarla voluntariamente. Ya no es el Gran Hermano quien impone: somos nosotros quienes seguimos y producimos al algoritmo, mientras cedemos la soberanía de nuestra intimidad.”
También, agrega: “estas cláusulas están legalmente redactadas, pero son opacas y deliberadamente extensas para disuadir al usuario promedio de leerlas”.
Del Big brother al Big everybody
El poder fáctico es un discurso, como decía Foucault; es decir, una construcción narrativa de la “verdad”. Estos poderes producen esa “verdad”, la difunden y persuaden hasta que los individuos la adoptan y se la autoimponen. Se genera así una subordinación voluntaria, muy similar a lo que planteaba Orwell en 1984. Veamos:
En 1984, si bien el Gran Hermano es el ojo que todo lo ve, el miedo que se difunde es tal que cada ciudadano se convierte en espía y delator: los hijos denuncian a sus padres. Tal como lo formula, en nuestros tiempos, la IA:
“La genialidad siniestra del sistema está en que cada ciudadano es convertido en agente del propio régimen. La vigilancia se internaliza y se multiplica.”
Foucault, siguiendo al filósofo inglés Jeremy Bentham, en Vigilar y castigar, asegura que una de las características fundamentales de esta vigilancia es que sea visible, pero inverificable:
“Visible: el [ciudadano] detenido tendrá sin cesar ante los ojos la elevada silueta de la torre central de donde es espiado. Inverificable: el detenido no debe saber jamás si en aquel momento se le mira; pero debe estar seguro de que siempre puede ser mirado.”
La diferencia con nuestra realidad de 2025, es que no se requiere estar detenido para ser vigilado. La intmiidad, empieza a volverse mito.
¿Cómo llegamos aquí?
“Hoy el Ministerio de la Verdad se llama tendencia”. Como advertía Foucault, el sistema —el poder— ya no sólo vigila para reprimir, sino que produce sujetos.
Si bien ya no es novedad tener la mirada enganchada al teléfono, este cambio ha sucedido en tan solo una década. Entre 2010 y 2015, la democratización de los llamados teléfonos inteligentes transformó radicalmente nuestra forma de habitar el mundo.
Desde entonces, el Gran Hermano ya no grita en el “minuto de odio”, como lo planteaba Orwell. Ahora, nos escuchan en silencio, con paciencia, no para ayudarnos, sino para recolectar las herramientas clave para manipularnos.
Dice la IA: “el algoritmo te vigila para venderte, pero al hacerlo te educa en un modo de existir: productivo, visible, deseable.Y tú colaboras. Te expones. Te editas. Te conviertes en sujeto vendible”.
“El poder ya no se impone desde un partido totalitario, sino que te acompaña, te recuerda tus gustos y te agradece tus datos. Pero el resultado es el mismo: una subjetividad vigilada, moldeada y disciplinada”.
En una década, la tecnología de vigilancia pasó de ser un sistema de represión a un sistema de exposición voluntaria con recompensas afectivas, en forma de pulgar arriba o un corazón; parece una niñería, pero así se distribuyó la ilusión de control.
Lo más sensible: la vida
Iniciamos con la referencia de Capitán América: Un nuevo mundo (2025), que parece develar parte de la agenda política de la presidencia de Donald Trump. Curiosamente, las primeras escenas se desarrollan en México, lo cual coincide con la declaratoria de “terroristas” a los grupos criminales de nuestra República.
En un segundo acto, se detonó una bomba informativa alrededor del rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco. Como decíamos, en esta película estelarizada por Harrison Ford y Anthony Mackie, se advierte la manipulación social a través de las redes.
Cuando se masificó la noticia de que el rancho Izaguirre se ocupaba como campo de exterminio, tanto el cártel implicado como el gobierno federal señalaron una amplificación deliberada del contenido. Lo que se leía entre líneas era una justificación para que el vecino del norte legitimara una intervención contra quienes acababa de etiquetar como terroristas.
Si las tendencias o contenidos virales pueden afectar a un gobierno o a un cártel del crimen organizado, imagínense lo que pueden hacer con un individuo. Campañas oscuras, como lo develado por el #TelevisaLeaks, siguen en marcha desde las sombras y, todos y todas: estamos expuestos.
Quizá la resistencia, la subversión —como decíamos— esté en nuestro “no hacer”, en nuestro “no estar”, en dejar de mirar un resplandor que, en realidad es un abismo.

Héctor Martínez Rojas
- Héctor Martínez Rojas
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