Suplemento Campus

SUPLEMENTO SOBRE EDUCACIÓN SUPERIOR

24 de octubre de 2020 5:05 AM

Sylvie Didou Aupetit

Sylvie Didou Aupetit

Investigadora del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).
Proyecto CONACYT A1-S-8492

Los Futuros de la educación según la Unesco

En este año de pandemia, el organismo insta a universidades y sociedad a tomar acciones con miras a 2050

En mayo–junio 2020, en medio de la crisis mundial del coronavirus, la Unesco publicó en su página Web una primera entrega de documentos y un set de recomendaciones, dentro de un macro-proyecto sectorial, titulado “Los futuros de la educación”. Aunque sabía previamente de esa iniciativa, no me percaté casi de la primera fase de difusión de materiales, por tener la cabeza puesta de lleno en esa pandemia que todavía no cesa. Con cierta demora, quisiera ahora abonar al análisis de esos textos y opiniones iniciales. En efecto, algunos de los tópicos presentados como ejes centrales de reflexión para un ejercicio de prospectiva sobre la educación, me parecen particularmente interesantes en la coyuntura regional y nacional.

En el marco de referencia del proyecto “Futuros”, la Unesco formuló 9 ideas para la acción pública, con el fin de transformar los modelos y los proyectos educativos para el 2050 o, incluso, para impulsar su metamorfosis, en palabras de un miembro del “Lab” de expertos, Embajador de Portugal ante la Unesco, Antonio Novoa. Dada la amplitud del plazo temporal considerado, es de suponer que la Unesco definirá programas intermedios y estrategias concretas para medir los resultados y su cúmulo, en etapas más cercanas, para ejercer oportunamente el seguimiento de los avances y de los obstáculos.

Por lo pronto, esas 9 ideas conciernen:

  1. El fortalecimiento del compromiso en favor de la educación como un bien común
  2. La ampliación de la definición del derecho a la educación
  3. La importancia de la profesión docente y la colaboración de los maestros
  4. El énfasis en los derechos y la participación de los estudiantes, los jóvenes y los niños
  5. La protección del espacio social de la escuela en la transformación de la educación
  6. Las tecnologías libres y de código abierto para los estudiantes y los maestros
  7. La impartición de conocimientos científicos básicos en los planes de estudio con un firme propósito
  8. La necesidad de proteger la financiación nacional e internacional de la educación pública
  9. Una solidaridad mundial que no acepta los niveles actuales de discriminación.

Algunas de esas propuestas permiten interconectar el proyecto Futuros con otras iniciativas o reactivar algunas de esas en el ámbito educativo, tanto dentro de la Unesco como fuera de ella. Entre las primeras, pienso en los pronunciamientos hechos anteriormente por la Unesco sobre la educación superior como un bien público común. Sus ecos resonaron en América Latina, aunque se produjo luego de la II Conferencia Mundial sobre Educación Superior, realizada en Paris en 2009, cierto desdibujamiento de la discusión.   Otras resultan de preocupaciones añejas de la Unesco, concernientes por ejemplo a las problemáticas y al devenir de la profesión docente o al papel de la enseñanza de las ciencias en todos los niveles del sistema educativo, para formar ciudadanos mejor informados y más responsables. Al parecer, se mantendrán en una agenda de reflexión sobre la educación que se sitúa en una continuidad estrecha con los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS).  

Unas cuestiones más cobran, sin embargo, una relevancia inédita ante la crisis económica, desencadenada por el Covid-19.  Pienso en particular a las sobre la protección del espacio social de las escuelas o la financiación nacional e internacional de la educación pública. En México, y en muchos otros países, estamos bordeando peligrosamente los linderos de una desescolarización masiva de nuestra matricula. Sea definitiva o coyuntural, la deserción nos hará retroceder en cuanto a producción de indicadores sobre equidad, inclusión, cobertura y expansión de los servicios educativos. Sobre todo, cancelará numerosas oportunidades de desarrollo individual y colectivo y atrasará la posibilidad de que los estudiantes adquieran aprendizajes significativos, un tema de por sí delicado.

La distensión del tejido social, de por sí fragilizado por la miseria y otros fenómenos (inseguridad y violencia, deterioro y deslegitimación de instituciones, cancelación creciente del acceso a los servicios de bienestar, violación a los derechos humanos), se agravará en la medida en la que uno de esos derechos (a la educación) dejara de ser efectivo en una franja ingente de la población joven, independientemente de si su asistencia al sistema escolar es obligatoria o no. Todos los que ejercemos labores de docencia, en el sector público, supimos en los meses pasados de alumnos nuestros que tuvieron que renunciar a ingresar o mantenerse en el sistema de educación superior. Quizás recuperemos más adelante algunos de ellos, pero no todos. Ignoramos si esos alumnos “dejados atrás” encontrarán más adelante alguna oportunidad de revertir una decisión que les fue impuesta por las circunstancias. Lo que constatamos es que su decisión de separarse de la escuela fue eminentemente dolorosa y traumática, en términos personales o familiares.

Lo que podemos vislumbrar es que, si los gobiernos de los países no se movilizan seriamente, a escala nacional y global, para aminorar los efectos negativos de la crisis allá donde serán peores, nos encaminaremos a un futuro desastroso para todos. ¿Qué hará México al respecto? ¿Con quiénes se aliará? ¿Cuánto invertirá para reducir el abandono escolar? En suma, más allá de los discursos ¿Cuáles serán las políticas públicas para ejercer efectivamente una “solidaridad que no acepte los niveles actuales de discriminación” para retomar el discurso de la Unesco? Las respuestas urgen. Las más tácticas, como las tecnológicas, están condicionados por recursos y por una participación proactiva en iniciativas, regionales e internacionales, sobre el conocimiento abierto. Las más políticas (y, por ende, las más sensibles y delicadas de concertar) requieren de una visión, de tipo “local”.  ¿Estamos en condiciones de elaborarla e implementarla?

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