Ambos dramaturgos y amantes del teatro, conocí al notable polígrafo José Fuentes Mares (Chihuahua, Chih.,1918-1986) por Rafael Solana, pues entre ambos existía una admiración y un aprecio mutuos, como los que le tuve a su viuda, la siempre finísima y encantadora Emmita Peredo. Una de las figuras más prominentes de la cultura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, don José nació y murió en Chihuahua, entidad a la que estuvo profundamente ligado no sólo por permanecer en su territorio la mayoría del tiempo que vivió en México ─en España pasó varios años─, sino también porque hizo de este estado una de sus primordiales preocupaciones tanto anímicas como intelectuales.
Polígrafo de estilo incomparable y con una cultura humanística deslumbrante, encontró en la historia nacional sobre todo decimonónica uno de sus espacios, por antonomasia, de detenida reflexión y penetrante análisis.
Licenciado en derecho y doctor en filosofía por la UNAM , fue rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua , en un periodo en que bajo su visionaria tutela encontró dicha institución académica un desarrollo extra curricular sin precedentes. Un académico de tan recia como insobornable personalidad intelectual, incluso por encima de sus más férreas y hasta fanáticas pasiones histórico-literarias, impartió un sinnúmero de conferencias, cursos y seminarios en centros de estudios superiores de México y el extranjero, con el atractivo adicional de una personalidad teatral igualmente insustituible en su época. Fundador y director de varios espacios que abrieron brecha en materia de promoción cultural, tuvo en el diario Novedades de Chihuahua una sección sin antecedentes en el quehacer periodístico de su estado. En ese mismo terreno colaboró por varios años como comentarista del noticiero nocturno de Televisa, 24 horas, bajo la coordinación de Jacobo Zabludowski, con intervenciones que eran una auténtica delicia de lúcida amenidad.
Autor de una tan amplia como variada bibliografía, por supuesto que con la historia mexicana como eje distintivo, si bien muchos otros tópicos de interés salpicaron a esta especialmente generosa pluma, incluye títulos de frecuente cita como su Nueva guía de descarriados, libro sobre la buena mesa, el drama Su Alteza Serenísima, la novela Servidumbre, los apuntes autobiográficos de Intravagario y las obras históricas, varias de ellas noveladas, Miramón, el hombre, Cortés, el hombre, Lerdo de Tejada y el amor, Santa Ana, historia de un comediante, Juárez y los Estados Unidos, Juárez y la intervención, Juárez y el imperio, Juárez y la República, Génesis del expansionismo norteamericano, La revolución mexicana, Las mil y una noches mexicanas, Poinsett, historia de una gran intriga, México, biografía de una nación, Historia de dos orgullos, El crimen de la Villa Alegría, Las memorias de Blas Pavón, La emperatriz Eugenia y su aventura mexicana.
Miembro del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, ingresó en 1955 en la Academia Mexicana de la Lengua como miembro correspondiente en Chihuahua, y en 1974 en la Academia Mexicana de la Historia. Entre otros reconocimientos a su ecléctica producción bibliográfica y a su talante de pensador egregio, recibió la condecoración Águila de Tlatelolco de la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Medalla Colón al Mérito Literario que le otorgó el gobierno español y las preseas Ángel Trías y Tomás Valles del estado de Chihuahua. Fue además becario de la fundación Rockefeller.
Coleccionista de un enorme e inapreciable acervo bibliográfico y documental, adquirido en su mayor parte por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) a la familia Fuentes Mares, la propia Emmita tuvo la sensibilidad de facilitar el acceso público a uno de los archivos históricos personales más sorprendentes e insólitos. Pueden consultarse en este fondo, por ejemplo, publicaciones históricas únicas y muy valiosas, documentos, discursos y correspondencia primaria de la historia de México, obras de consulta y biográficas de personajes mexicanos. En este acervo hay libros del siglo XVI, tanto originales como facsímiles, sobre todo en las áreas de religión y filosofía; tal es el caso de la obra de Francisco Antonio de Gante, titulada El Monstruo de África: indefinible vida de San Agustín, obispo y doctor de la iglesia, publicada en 1720 en Madrid, misma que, a pesar de haber sido editada hace más de trescientos años, tiene muy buenas vías de acceso al texto, como es la tabla de contenido de capítulos y subcapítulos, y el índice analítico de cosas notables; además el papel tiene un alto contenido de algodón y se encuentra en muy buen estado. Del siglo XVII puede consultarse, en cambio, la obra Teatro mexicano: descripción breve de los sucesos ejemplares, históricos, políticos, militares y religiosos del nuevo mundo occidental de las Indias, publicado en 1698, un auténtico incunable. Del siglo XX es la obra Mi lucha, libro escrito por ese demonio que fue Adolfo Hitler en el presidio de Landsberg en 1924, y que en el acervo citado tiene la singularidad de haber sido autografiado en 1935 por el propio genocida.
Además de las monografías citadas, este fondo tiene en custodia una colección no menos apreciable de 135 cartas originales, 18 firmadas por Benito Juárez, 91 por Sebastián Lerdo de Tejada, y las restantes por Juan Álvarez, Mariano Escobedo y Luis Terrazas, entre otros personajes. Estas cartas están también bajo la salvaguarda de la UACJ, amparadas por un convenio de comodato con la familia Fuentes Mares. En su conjunto, este fondo fue fuente bibliográfica relevante para las publicaciones del escritor chihuahuense, y por lo trascendental de las mismas, la mencionada UACJ convocó a partir de 1986, año de la muerte del escritor, al Premio Nacional de Literatura José Fuentes Mares, con el cual se ha reconocido a lo mejor de las letras mexicanas y chicanas. A la fecha se han entregado ya 35 reconocimientos en ambas categorías, en ceremonia pública que organizan la citada Universidad de Ciudad Juárez y sus homólogas de Chihuahua y Nuevo México, en las Cruces. Se ofrece simultáneamente entonces a un escritor mexicano y a uno chicano, haciendo énfasis así en la importancia de la literatura en ambos lados de la frontera de México con los Estados Unidos, y estableciendo vínculos y reconocimiento entre las dos comunidades literarias fronterizas.

Mario Saavedra
- Mario Saavedra
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