La informalidad laboral es uno de los factores a resolver si México busca sentar las bases para un crecimiento sostenido y de largo aliento. No es la única condición, pero sí es indispensable para crecer. El problema está relacionado con el sistema educativo y también con el papel que tienen las mujeres.
Desde noviembre del año pasado, a propósito de las cifras mensuales del Inegi sobre ocupación y empleo, hicimos notar algunas de las dificultades que vienen aparejadas con un alto volumen de empleo informal. No es menor: en México, más de la mitad de los empleos están fuera del sector formal (Campus No. 1114).
El reciente estudio económico de la OCDE (Economic Surveys: Mexico 2026) también enfoca el problema de la informalidad laboral. Por una parte, prevé un crecimiento del PIB para este año de 1.4 por ciento y de 1.7 por ciento para el año próximo. Y sí, los números parecen prometedores, sobre todo porque venimos de un crecimiento de 0.7 por ciento en el 2025.
Por otra parte, las cifras de crecimiento son coincidentes con los reportes iniciales del Banco de México y los primeros indicadores del Inegi de este año. Sin embargo, el desarrollo no será automático ni se producirá pase lo que pase.
El mismo estudio económico del organismo internacional sugiere poner en marcha iniciativas fiscales para atender el déficit que arrastramos, también reducir la informalidad laboral y acelerar una transformación digital, entre otros aspectos contingentes.
La informalidad laboral a nivel nacional está profundamente arraigada. Las recientes cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo sobre el mercado laboral mexicano muestran que alcanza una proporción de 54.9 de la población ocupada; esto representa más de la mitad del total y suma casi 33 millones de personas (Inegi. Boletín 26.02.2026).
México tiene la segunda posición en tasa de informalidad laboral en los países de la OCDE y, a nivel de América Latina, está entre los de mayor volumen, solamente debajo de Colombia y Perú. La aparición del problema es multifactorial, pero, como se anota en el estudio, una estrategia para tratar de reducirla debe incluir diferentes áreas de política pública.
La educación es un área insoslayable. Los datos muestran que las tasas de informalidad laboral son arriba del 60 por ciento para las personas que solamente tienen secundaria y todavía mayores para las que no completaron su educación básica. También es notorio que la informalidad es mayor en las entidades federativas con los mayores rezagos.
Pero la informalidad laboral no es privativa de las personas con baja escolaridad; los jóvenes con estudios universitarios tampoco escapan a las dificultades. Según los cálculos del estudio: alrededor del 30 por ciento de los egresados de la educación superior se desempeña en el sector informal (pág. 57).
Así que el problema es más complejo de lo que parece; implica la calidad y pertinencia de la educación, lo mismo que las habilidades y competencias adquiridas por los jóvenes o las especialidades profesionales. No solamente. También está el desempeño de los profesores y el comportamiento del mercado laboral.
La publicación de la OCDE recomienda no solamente ampliar el número de egresados de nivel superior —dado que las personas entre los 25 y 34 años con ese nivel no llegan al 30 por ciento—, sino también una mejor alineación entre los programas educativos y las demandas del mercado laboral.
Sin embargo, como desde los años noventa se ha documentado de forma reiterada, no han sido suficientes los rediseños curriculares ni la instauración de instituciones educativas con orientaciones específicas. En buena medida porque las señales del mercado se demoran, son contradictorias y cambian rápidamente.
Además, a pesar de que se conoce la saturación existente en una decena de carreras profesionales, los jóvenes orientan ahí sus preferencias vocacionales. La persistencia de este comportamiento se ha explicado por la flexibilidad laboral que les permiten tales profesiones y por su mayor capacidad de adaptación.
Por su parte, las mujeres, en comparación con los hombres, enfrentan mayores obstáculos para el empleo formal, en buena medida debido a las dificultades para conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades no remuneradas que atienden, como el cuidado infantil o el de adultos mayores, o bien, por la ausencia de un respaldo sostenido para sortear la jornada laboral.
En fin, el problema no solamente está localizado en el terreno educativo, pero vale la pena trazar las coordenadas en las que se moviliza.
Pie de página: La Secihti negó un ciberataque a su sistema de pagos; pronto veremos si se confirma su versión o, por el contrario, la información que circula en redes sociales. // Por si hiciera falta, el gobierno estadounidense abrió otro frente de batalla, ahora con una compañía de IA.

Alejandro Canales
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