La porra que la comunidad de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) ha adoptado describe a la institución con tres calificativos: digna, libre y soberana. Y no es para menos.
Por muchos años se dijo que la Casa abierta al tiempo era el secreto mejor guardado del sistema educativo; sin embargo, esto ha terminado.
A más de cincuenta años de su fundación, la UAM es reconocida como la segunda mejor universidad pública del país, según AD Scientific Index ,y la número 40 de Latinoamérica, según Times Higher Education.
Sus alcances, proyectos y enfoques en la formación profesional comparten objetivos claros: incidir en la vida pública, asumir una responsabilidad con el medio ambiente y contribuir al bienestar integral de la sociedad
No ha sido un camino sencillo, sobre todo en una universidad aracterizada por su diversidad, apertura, pluralidad y democracia. La composición heterogénea de sus órganos colegiados y la búsqueda constante de acuerdos han permitido definir un rumbo común que fomenta el diálogo, promueve el equilibrio y responde a las necesidades colectivas.
Tiempo clave
En estos momentos, la UAM atraviesa un proceso de renovación en su rectoría general, momento clave para reflexionar sobre sus valores y desafíos futuros. La gestión saliente, encabezada por el Dr. José Antonio De los Reyes Heredia, apostó por repensar y reconstruir la institución, enfrentando tensiones, reconociendo rezagos y abriendo espacios de revisión crítica.
Hay proyectos concretos que ejemplifican los avances: la transición a las Áreas Académicas; la implementación de políticas transversales contra la violencia de género, de inclusión, cultura de paz y desarrollo sostenible; el impulso de la Agenda Estratégica de Gestión Institucional; la flexibilización y dinamización curricular, y, finalmente, la puesta en marcha del Pase UAM con el Colegio de Bachilleres, que permite el ingreso —sin examen de admisión— a estudiantes con trayectorias académicas destacadas, medida que ha transformado el sistema de educación media y superior.
Aunque los avances son palpables, siempre permanecen pendientes y desafíos propios de una organización dinámica: consolidar la integración de la docencia, investigación y difusión de la cultura; avanzar en la renovación generacional del personal académico; fortalecer los protocolos para la atención y erradicación de la violencia de género; mantener —e incluso ampliar— la participación en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas nacionales, entre otros.
Pero sobre todo eso, está su comunidad. Una población que hace una institución viva, crítica y con un gran ecosistema que está lista para enfrentar los retos globales, nacionales y locales.
Por todo ello, la UAM demuestra lo que en su canto señala: la dignidad, la libertad y la soberanía que hace suyas en cada decisión colectiva, en la defensa de su autonomía y en el compromiso cotidiano con la justicia, el conocimiento y el país.
Larga vida a la Universidad Autónoma Metropolitana.
Erick Juárez Pineda
Director de Comunicación social de la UAM
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