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Más allá de las pantallas

La SEP realizó un foro en colaboaración con la Unesco donde analizaron cómo las tecnologías digitales han modificado el comportamiento social de sus usuarios

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El espacio virtual se ha convertido en extensión de lo humano

Es cierto: desde la pandemia por covid-19 (2020-2021), el uso de las nuevas tecnologías con fines pedagógicos dio un salto sin retorno. Conviene recordar que, antes de este lúgubre episodio mundial, los investigadores dedicados a la educación señalaban con insistencia la ausencia de herramientas digitales dentro del aula.

En gran parte de las escuelas de nuestro Sistema Educativo Nacional (SEN), era como si el tiempo se hubiese detenido en el siglo XIX: la tecnología simplemente no figuraba como recurso didáctico.

Ahora, en México y en el mundo, el panorama es otro. Hasta finales de 2023, sesenta sistemas educativos tenían prohibiciones expresas sobre el uso de smartphones mediante leyes o políticas educativas; para finales de 2024, esta cifra aumentó a setenta y nueve países.

Así lo mencionó el titular de las políticas educativas, el maestro Mario Delgado Carrillo, al inaugurar el foro “Más allá de las pantallas: Impacto de las Tecnologías Digitales en la Educación y en la Salud Mental”, realizado —en conjunto con la UNESCO— la semana pasada en el edificio histórico de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

El tema parece de vanguardia, pero los datos muestran que estas tecnologías han modificado el comportamiento social de sus usuarios. Parafraseando al titular de la SEP: la búsqueda de likes se ha convertido, entre Niñas, Niños y Adolescentes (NNA), en el cáliz de oro, la recompensa más deseada; y el quedar “en visto” es ahora la peor ofensa de nuestros tiempos.

De acuerdo con el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, las redes sociales vinculadas al desarrollo tecnológico han propiciado que la generación actual enfrente más problemas de salud mental, entre los que destacan la depresión y la ansiedad.

Se han reportado casos mediáticos de suicidio juvenil vinculados al uso de chatbots como asistentes terapéuticos. Algunos análisis advierten que esta tendencia podría aumentar en los próximos años, con proyecciones que estiman hasta ciento cincuenta casos entre 2024 y 2030.

Visto de este modo, el tema deja de ser de “nicho” y nos concierne a todas y todos. Tal como lo aseguró el maestro Delgado Carrillo en el foro referido:

“Las escuelas deben ser espacios sociales de cuidado colectivo, donde la problematización de las prácticas cotidianas conduzca a una formación socioemocional que fortalezca el pensamiento crítico. Con ello, las y los estudiantes tendrán herramientas que les permitan cuestionar la violencia digital y los estereotipos sociales.”

Lo anterior se puede ponderar mejor con dos datos esenciales. Primero, en Estados Unidos se ha medido que al menos siete de cada diez estudiantes entre trece y diecisiete años han usado la IA como terapeuta y confidente. Segundo, el acoso escolar —el llamado bullying— ya no se circunscribe al perímetro escolar: continúa a través de los medios digitales, incluso después del horario de clases.

En búsqueda de identidad
“La generación que llegó a la pubertad alrededor de 2009 desarrolló su autopercepción en el marco de cambios tecnológicos y culturales profundos, como el uso extendido de los smartphones y de las redes sociales adictivas”, asegura Jonathan Haidt en su obra La generación ansiosa.

Pertenecer parece ser el sino humano. Al inaugurar el foro, Mario Delgado citó al escritor Juan Villoro sobre una pregunta fundamental: la que hacen las aplicaciones para reconocer la identidad del consultante: ¿Eres humano? Es una pregunta descartiana.

René Descartes, desde su duda metódica, se preguntaba: ¿cómo sé que soy humano? ¿Cómo sé que mi prójimo lo es? Esa cuestión, que podría parecer absurda hace quinientos años, hoy es cotidiana.

El héroe es héroe porque sangra en batalla; aun así, no se arredra, se enfrenta, y nos podemos identificar con él. ¿Qué somos? ¿Nada más humanos? ¿Americanos? ¿Mexicanos? ¿Chilangos? ¿Rockefeller, Lannister o Stark? Para citar una de las series más connotadas de nuestros tiempos.

En entregas pasadas decíamos que somos nuestra memoria; hoy afirmamos que somos lo que identificamos con esa memoria. ¿Un animal? ¿Therian, nahual? ¿Cuáles son las otras identidades, en dónde conviven, con quién conviven, de qué hablan? ¿Ven las preguntas que hace el sistema, la aplicación? “¿Cómo te sientes hoy?”, “Qué estás pensando?”

En fin, este fue el primer foro de varios que se realizarán en conjunto con la Unesco, que ha puesto en el centro la conversación mundial sobre la importancia de preservar el equilibrio emocional de NNA.

Parece un debate de avanzada, pero es la esencia mundial. Como mantra: nuestros datos son nuestro testigo de vida, como nuestro teléfono. Borges, ya lo hemos recordado, consideraba al libro como instrumento-extensión de la memoria, el máximo invento humano.

Hoy, la información, la proyección y la memoria se encuentran en tiempo real; el espacio virtual se convierte en extensión de lo humano, donde la nube se puebla de recuerdos y hallamos entretenimiento y aprendizaje, pero también violencia y calumnia.

“En cierto modo, la humanidad pasó de recordar demasiado poco a recordarlo todo fuera de sí misma.”

En este contexto, “habitar lo digital con lucidez”, tal como lo mencionó el responsable de las políticas educativas en México, es más que oportuno: “en lugar de satanizar o espantarnos ante estas herramientas, debemos entender las condiciones en que estos dispositivos se integran a la vida de las y los NNA y qué consecuencias tienen en su bienestar, desarrollo, aprendizaje y salud mental.”

Este foro abre debate. Un debate necesario e informado. Una nueva era está por amanecer y quienes van llegando necesitarán respuestas en su escuela o en su casa, siempre: más allá de las pantallas. Es un gran momento para encontrar la luz en el acantilado.

Héctor Martínez Rojas
PERIODISTA | Web |  + posts

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