Estamos ante una realidad que nos llama a pensar con hondura y a actuar desde criterios éticos claros. Nuestra respuesta a los desafíos del presente necesita un proceso de discernimiento. Supone escuchar, confrontar, decidir y volver a empezar. De ahí que la vocación de la IBERO sea pensar el mundo desde sus fracturas e imaginarlo de otro modo. Gracias al trabajo conjunto del claustro académico, del estudiantado y de todas las personas que integran la comunidad, se han dado ya pasos importantes.
Así lo señaló el Rector de la Universidad Iberoamericana, Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S. J., al presentar su cuarto Informe Anual de Actividades ante el Senado Universitario. En el discurso dio cuenta de los avances alcanzados durante su primer periodo de cuatro años al frente de la Universidad, recientemente renovado por dos años más, y delineó las prioridades para el futuro de la institución.
“El informe no puede ser solo una rutina”, dijo Arriaga. “La inercia no basta”. Desde esa premisa, el rector propuso una lectura del presente universitario sostenida en dos fuerzas que —afirmó— definen la historia de la IBERO: continuidad y renovación. Continuidad con una tradición educativa que privilegia la excelencia académica y la justicia social; renovación como respuesta creativa a un tiempo que exige lucidez, fortaleza y capacidad crítica.
Esa tensión se expresa tanto en la memoria como en la apuesta de futuro. Mientras la IBERO celebró los 70 años de carreras como Arquitectura, Diseño e Ingeniería Mecánica y Eléctrica, también impulsó nuevas licenciaturas en Sustentabilidad y una Ingeniería en Biotecnología, reafirmando su compromiso con los desafíos contemporáneos.
Emergencia climática, democracia e inteligencia artificial
Arriaga estructuró su diagnóstico del entorno en tres grandes procesos globales. El primero, la crisis climática, que en 2025 dejó temperaturas récord, incendios forestales, sequías y una acelerada pérdida de biodiversidad. Frente a ello, destacó la participación de la IBERO en la Comisión Lancet Américas, así como proyectos de restauración socioambiental como Recuperando el Río Becerra, impulsado desde el Centro IBERO Meneses, y estudios regionales sobre corrupción y depredación ambiental liderados por CENTRUS.
El segundo eje fue la erosión de la democracia, visible en conflictos armados, polarización política y debilitamiento institucional. En ese contexto, el rector subrayó la creación del Observatorio IBERO sobre el Sistema de Justicia, cuyos primeros resultados ofrecieron una radiografía inédita del deterioro judicial en México desde la experiencia concreta de las personas usuarias. La IBERO —recordó— también forma parte de redes internacionales de universidades jesuitas que analizan el desgaste democrático más allá de los procesos electorales, atendiendo fenómenos como la normalización de la mentira y la exclusión social.
El tercer gran tema fue la revolución tecnológica, particularmente la inteligencia artificial. Arriaga reconoció tanto su potencial como sus riesgos: reproducción de sesgos, vigilancia masiva y desinformación. Frente a ello, la Universidad desarrolló el Ecosistema de Agentes IBERO, la Estrategia Pedagógica para la Adopción de la IA y espacios de reflexión como el Congreso sobre Géneros en Contextos de Inteligencia Artificial y el encuentro Sentido actual de las humanidades. “La IA debe ampliar capacidades humanas, no sustituirlas”, subrayó.
Incidencia social y cuidado de la comunidad
“Si bien México forma parte de estas dinámicas globales, enfrenta desafíos específicos. Uno de los más apremiantes es la pobreza, una agenda que siempre ha estado en el centro de nuestras preocupaciones”, expresó el rector.
Antes ello, también abordó desafíos estructurales del país: pobreza, violencia, desapariciones, migración y desplazamiento forzado. Arriaga destacó la incorporación de la IBERO al Consorcio por la Medición y la Evidencia, el acompañamiento a colectivos de familiares de personas desaparecidas, investigaciones sobre impactos psicosociales en infancias y propuestas para repensar la seguridad ciudadana desde un modelo civil y de derechos humanos.
En el plano interno, uno de los avances más relevantes fue la creación del Observatorio de Salud Mental, Laboral y Ocupacional, concebido no solo como un dispositivo clínico, sino como una condición esencial para el aprendizaje y la vida comunitaria.
A ello se suman la consolidación del Instituto IBERO, que articula secundaria y preparatoria en un continuum educativo jesuita; el crecimiento de la matrícula de primer ingreso; la actualización de la oferta académica; y la presencia de 160 integrantes en el Sistema Nacional de Investigadores, como indicador de una excelencia entendida en diálogo con lo público.
Un proyecto que se cuida y se entrega
Hacia el cierre, Arriaga recordó que la Universidad es un proyecto que se recibe y se hereda. “Somos custodios de una obra centenaria”, afirmó. Citó al profeta Miqueas —practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente— como una brújula ética para el presente.
La IBERO, concluyó, está llamada a ser puente donde otros levantan muros, casa para quienes buscan sentido y presencia crítica en medio de las fracturas del mundo. “Crítica, leal y dialogante”, la Universidad seguirá adelante, sostuvo, no desde la inercia, sino desde la responsabilidad de renovarse para servir mejor.
La IBERO en cifras:
• 12,378 estudiantes integran la comunidad universitaria.
• 4,091 estudiantes cuentan con becas o apoyos económicos.
• 95 proyectos de investigación financiados.
• 115 títulos publicados por Ediciones IBERO.
• 171 laboratorios y talleres especializados.
• 703 estudiantes realizaron intercambios internacionales y 312 estudiantes extranjeros eligieron la IBERO para una estancia educativa.
• 48 nuevos convenios de colaboración con instituciones de educación superior en 35 países.
• 5,838 personas participaron en 259 programas de Educación Continua.
• 923 estudiantes realizaron prácticas profesionales; 3 mil participaron en ferias de empleo y 1,116 en programas de emprendimiento.
• 204 estudiantes participaron en 66 proyectos de las Clínicas Jurídicas, beneficiando a 481 personas.