Misiles van, misiles vienen. En esta hora del mundo, diría Alfonso Reyes, el orbe se encuentra expectante ante la escalada de otro conflicto en Oriente Medio; con la sangre y destrucción que granjea la guerra.
“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. Mateo 5:38-39
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Mateo 5:43-45
Dos mil años y aquí seguimos. Antes de Cristo, la civilización cuenta XXX siglos de historia, desde la llegada de la escritura. En Los elegidos, serie disponible en plataformas, Mateo es presentado como un genio autista; un genio publicano; un genio que ha traicionado a todo un pueblo, hasta que es adoptado por Yeshúa.
Lo anterior, ¿qué nos dice de la creencia según la cual Dios no llama a los que están preparados, sino a los que están dispuestos? ¿Cómo se unió Judas a los apóstoles? De acuerdo con la serie dirigida por el norteamericano Dallas Jenkins, Judas le consiguió el permiso a Jesús para predicar en el hoy conocido Monte de las Bienaventuranzas.
El sermón de la Revolución, dos mil años después, aún representa esperanza y consagración de poetas. La esperanza de que la poesía puede cambiar el mundo; porque el bardo entiende que el dolor mundial es más grande que su congoja personal.
Así pues, en esta serie –hasta ahora, de cuatro temporadas– se aprecia cómo Cristo exportó la mayor divisa de los judíos: su Dios, amoroso, misericordioso, incluyente.
Hace unas semanas se eligió un nuevo Papa: León XIV, latino nuevamente, obviamente. América –después de la Conquista– se convirtió en el continente que concentra el mayor número de fieles cristianos.
Ojo por ojo, el mundo se quedará ciego
En este lado del mundo, ¿ya cambiamos el “ojo por ojo, y diente por diente”? ¿Reconocemos la viga en el ojo propio?
De acuerdo con los evangelios, el Mesías de los judíos curó publicanos y gentiles; más allá: los invitó a formar parte de su reino en un momento en el cual el judío era esclavo. Es como si el necesitado nos hiciera un favor; el triste nos hiciera reír; el enconado nos brindara amabilidad, seguro de su Dios.
Hoy día, en las oficinas donde trabajaba José Vasconcelos en la Secretaría de Educación Pública, aún se lee: “El Reino de los Cielos está dentro de los hombres”. Hombres, es decir, en la humanidad; no en este pueblo o en aquel.
Los judíos esperaban una figura que los emancipara de los romanos, y Jesús de Nazaret así lo hizo. Solo que tardó 400 años, los mismos 400 años que el pueblo judío fue esclavo en Egipto; con la diferencia de que los judíos jamás volvieron a ser esclavos. Los liberó de verdad, no por la fuerza, sino por el amor, la misericordia y el perdón.
El enemigo los adoptó
Quien dice que nadie ha vuelto de la muerte para contarlo es porque no conoce a Dante y su Divina Comedia. Aunque no recuerdo en qué piso del infierno dice Dante que está Caifás, en la serie de la que hablamos este día, ese sumo sacerdote fue claro: un hombre por la libertad de un pueblo. Le tomamos la palabra: que sea el cordero de sacrificio que salva a nuestra gente; entreguémoslo a los romanos, decía.
A veces advierto que se recarga más la figura de Cristo sobre el mártir que sobre el maestro. En esta serie, no. Cuando Juan el Bautista acusó a los fariseos –exagerando tremendamente– de ser un nido de víboras, y le recriminaron ese dicho a Jesús, Jesús no se desentendió. No dijo: “ese dicho es de Juan”. Asumió la lealtad de causa, digamos. Con el silencio lo afrontó. Ese tipo de sutilezas muestra esta serie de forma casi sublime.
¿Por qué Dios, escucha unas oraciones y no otras? ¿Por qué su pueblo sigue sin reconocerlo? En México destruyeron la toltequidad. ¿Si permaneciera, la seguiríamos?
Estaba escrito
Mateo escribió de primera mano las bienaventuranzas revolucionarias. La serie no gira en torno a esa prédica, pero la dimensiona magistralmente en la épica histórica del mundo.
“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.
¿Quiénes son los pobres de espíritu? “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sustentan por sí mismos”, se le atribuye a Ignacio Ramírez esa frase como apertura del discurso de ingreso a la Academia de Letrán.
Por contraste, veamos: los ricos de espíritu son los que se consideran autosuficientes. El general que arenga y a su voz une a las tropas para la guerra. El pobre de espíritu es, pues, lo opuesto: el que reconoce que todo, absolutamente todo, emana del Creador. Puede ser general, arengar y unir tropas, ¡sí!, pero sabe que no es él, ni su arrasadora personalidad; sus logros son el portento de un poder superior.
Al principio estaba el Verbo, y el Verbo era Él. Idea próxima al logos helénico. En esta serie, protagonizada por Jonathan Roumie, se aprecia una interpretación de cómo Juan llegó a ese versículo, bello como la aurora que redime el mundo y todo lo arropa.
Nuevamente, un hito, una piedra, un antes y después. Se puede creer o no creer, pero este maestro marcó el tiempo; la serie explica muy bien por qué, a través de sus alumnos, apóstoles: Los elegidos.
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”, se decía hace más de dos mil años en aquel monte junto al mar de Galilea. Insistimos: la pelea es paz.
Quizá no hemos reconocido la viga en el ojo propio, pero como región, Latinoamérica –la de mayor porción cristiana– ha pactado no guardar, crear, promover ni distribuir armamento nuclear.
Como dijera nuestro premio Nobel de la Paz, Alfonso García Robles:
“Ahora tenemos algo que realmente podría extinguir la vida en nuestro planeta. La humanidad no se ha encontrado en una situación similar desde el final del Paleolítico. De hecho, la amenaza a la supervivencia de la humanidad ha sido mucho mayor desde 1945 que durante el primer millón de años de historia”.
De ese tamaño es esta hora del mundo.
Un abrazo.

Héctor Martínez Rojas
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