Uno de los principios fundacionales de la universidad contemporánea es la libertad académica, definida básicamente como libertad de cátedra e investigación. Su origen remoto se ubica en el siglo de las luces, cuyo motor fue la filosofía del liberalismo, anclada en una actitud anti-dogmática y en el desarrollo de la racionalidad científica como ejercicio de curiosidad y libertad intelectual. Su origen reciente se ubica a comienzos del siglo XIX cuando, en un oscuro cubículo de una universidad alemana, en Berlín, Wilhelm Von Humboldt, un científico y filósofo orientado a la práctica docente entre estudiantes universitarios, planteó que el vínculo empírico entre el desarrollo de la investigación y la docencia era la fuente del “verdadero aprendizaje”.
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