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Las becas del Conacyt y los palillos chinos

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Sylvie Didou Aupetit

El desacoplamiento de facto entre becas y PNPC deja vislumbrar un desmoronamiento importante en el juego actual

Opacado por asuntos enojosos (en particular, el relativo a la intromisión del Conacyt en la conducción del CIDE), algunos asuntos, cruciales para identificar bifurcaciones en las políticas de educación superior, han despertado una atención insuficiente. Es el caso del nuevo programa de becas nacionales de posgrado, anunciado por el Conacyt el 13 de enero 2022, mediante el comunicado 277.

Si bien, ante los elevados índices de desigualdad, uno puede estar de acuerdo con el argumento de que un esquema individualizado de atribución de las becas a los postulantes aceptados en instituciones de educación superior (IES) ayudará a remover barreras de entrada, la decisión no deja de suscitar interrogantes. Esos conciernen los criterios para aceptar a los candidatos (¿todos los previamente inscritos en un posgrado o una parte de ellos?) y la asignación de las ayudas. Principalmente, versan sobre sus repercusiones en la conformación del Sistema Nacional de Posgrado. Hasta ahora, esta dependió en parte del Padrón Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC del Conacyt), cuya permanencia parece incierta.

Quiénes apoyan la instauración de un nuevo Sistema Nacional de Posgrado y en particular, la reforma al sistema de becas de posgrado, presuponen efectos virtuosos: por ejemplo, que la segunda desencadenará dinámicas de ciudadanización entre los individuos. Pero, más allá de la retórica, algunos efectos no son tan innovadores: reinstaurar una relación directa entre el organismo financiador y los postulantes es una vuelta atrás tanto como una innovación. Así funcionó el programa en etapas tempranas de su casi medio siglo de existencia, antes que el tentacular dispositivo de evaluación asentará su cuestionado dominio.

En efecto, las IES no siempre fueron instancias candado. Asumieron ese papel sólo cuando los organismos de acreditación se fortalecieron. Ante la invitación de las autoridades de participar en el PNPC para acceder a los recursos federales amarrados a la evaluación, conforme con la dupla becas/PNPC, las IES públicas, sobre todo universitarias, implementaron ajustes unidireccionales, medio ficticios, para alinearse a los parámetros exigidos.

Mientras unas IES ubicaron muchos posgrados en las más altas categorías, otras batallaron para meter y mantener algunos en las más bajas. Ante esa disparidad, quienes consideran que el aseguramiento de calidad es una “jaula de acero” recibieron con beneplácito la noticia de que otro dispositivo sustituirá probablemente el criticado PNPC. Pero ¿vale echar a volar las campanas? Eso dependerá del modelo de conducción y gobernanza que lo reemplazará y de sus consecuencias financieras, administrativas y organizacionales.

Las preguntas son entonces muchas. Al disiparse la principal razón por la que las IES solicitan ingresar al PNPC (garantizar becas a sus alumnos) ¿cuántas mantendrán intactos sus afanes y compromisos de calidad? ¿Cuántos se inclinarán hacia rutinas más cómodas? ¿Cómo financiará un gobierno obsesionado por la austeridad la educación superior y mediante qué criterios (presupuestales o extraordinarios)? Para dilucidarlo, sería urgente tener más información sobre un proyecto, cuyos contenidos y estructura están apenas en discusión.

A escala de los actores, ¿modificará el que los estudiantes sean “dueños” de sus becas sus elecciones individuales de inscripción en establecimientos. sean de excelencia o de proximidad, conforme con capacidades de elección estratégica muy desigualmente distribuidas? Quienes investigaron los modelos de becas en otros países presentan conclusiones opuestas. Unos señalan que los esquemas individualizados promueven la inclusión. Otros enfatizan que, en escenarios de desigualdad social y cultural, agravan la segregación territorial entre los sitios universitarios, la concentración diferenciada de los estudiantes vulnerables por sector y la polarización de un sistema segmentado internamente más que diferenciado con equidad.

Por consiguiente, la revisión en curso de las reglas para otorgar las becas de posgrado no es intranscendente. En el juego de los palillos chinos, uno remueve varitas sin que se tambalee el edificio, hasta quitar el palito que sirve de piedra de toque. Allí, es cuando lo edificado se desmorona (y vuelve a empezar el juego). En esa perspectiva, el desacoplamiento de facto entre becas y PNPC deja vislumbrar que se retiró una piedra de toque. El quiebre respecto del ciclo anterior de la acción pública es susceptible tanto de generar distorsiones como de enmendar errores y disfuncionamientos. Habrá entonces que ser atentos a lo que sigue y a cómo reinicia la partida siguiente.

Sylvie Didou Aupetit
Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) | Web |  + posts

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