La Revolución estudiantil y la represión en Irán

Las nuevas protestas por todo el país buscan derrocar el régimen y defender los derechos de la mujer

Las manifestaciones recibieron respuesta violenta de las autoridades.

Para miles de iraníes, fue la gota que derramó el vaso. La muerte de Mahsa Amini, una joven kurda-iraní de 22 años, en custodia de la llamada “policía de la moral”, el pasado 16 de septiembre, ha desatado las protestas antigubernamentales más grandes del país desde la Revolución de 1979. Aunque inicialmente las protestas fueron encabezadas por mujeres, se han sumado grandes sectores de la población. El movimiento no solo se distingue por su tamaño, sino también por la respuesta tan brutal del régimen islámico y por la juventud de sus víctimas. Siete semanas de protestas en Irán han dejado un saldo de más de 280 muertos y unos 14 mil detenidos —muchos de ellos estudiantes universitarios y menores de edad—, según grupos de derechos humanos.

Amini, quien fue arrestada por “usar incorrectamente” su hiyab (velo), aparentemente murió a causa de los golpes que recibió en la cárcel. Con la velocidad de las redes sociales, ella se convirtió en el símbolo de una nueva generación de iraníes que están dispuestos a arriesgarse, con tal de poner fin a las restricciones de género impuestas por la teocracia. Inclusive, algunos manifestantes han llevado pancartas pidiendo la muerte del ayatola Ali Khameiní, el “líder supremo” del país, en una muestra de su rabia y desesperación.

En las últimas semanas, las protestas se han extendido a por lo menos 133 ciudades y 129 universidades, además de algunas escuelas de nivel medio superior, según el Human Rights Activists News Agency (HRANA), de Irán. Al grito de “¡Mujer, vida, libertad!”, miles de mujeres están quemando sus velos en las calles y enfrentándose a las fuerzas de seguridad con sus cabezas descubiertas, en rechazo al código de vestimenta impuesto por el régimen. También, estudiantes de ambos sexos han organizado protestas masivas en las calles y en la mayoría de las universidades del país, en donde están desafiando las reglas de segregación de género, rompiendo las paredes que dividen a los hombres de las mujeres en las aulas y comedores.

El gobierno del presidente Ibrahim Raisi ha respondido con una violencia aplastante y detenciones masivas contra estudiantes de todos los niveles, defensores de derechos humanos, periodistas y otros miembros de la sociedad civil. Además de atacar a los manifestantes pacíficos con gas lacrimógeno, palos y armas de fuego, la policía también ha invadido las aulas y dormitorios universitarios —en violación de una ley que prohíbe la entrada de las fuerzas de seguridad a los recintos universitarios—, golpeando a estudiantes y llevándolos en masa a los centros de detención. Inclusive, han detenido a docenas de niños menores de 18 años acusados de ser “alborotadores”, por participar en las protestas, según el Washington Post. Los menores son llevados a “centros de reforma y reeducación”, en donde son sujetos a todo tipo de abusos, según el periódico, que citó a activistas y abogados iraníes.

El poder judicial ha procesado formalmente a más de mil personas, incluyendo a 308 estudiantes universitarios y 44 niños, según Human Rights Watch, que recuperó el testimonio de diversos activistas iraníes. Un número desconocido de detenidos enfrenta la pena de muerte bajo el cargo de “corrupción en la tierra”, el término utilizado por la justicia iraní para castigar cualquier intento de derrumbar el régimen, según el grupo con sede en Nueva York.

A pesar de la represión gubernamental, miles de manifestantes tomaron las calles este domingo para denunciar la muerte de otra mujer de origen kurda —la estudiante de doctorado Nasrín Qadri—, en custodia de la policía, según CNN. Otra vez, la respuesta del gobierno fue negar los hechos y amenazar con cada vez mayores represalias. A su vez, legisladores federales pidieron al poder judicial “no mostrar indulgencia alguna” en los juicios contra los detenidos. En una carta abierta firmada por 227 de los 290 miembros del Parlamento, se exigió “darles una buena lección” a los que han “atacado la vida y la propiedad como Daesh (terroristas)”, informó CNN este lunes.

Décadas de movimientos estudiantiles
En juego está el futuro del régimen ultra islamista, que ha gobernado Irán con puño de acero durante 43 años, después de derrocar al último sah (rey). Sin embargo, en las últimas dos décadas ese control se ha ido fracturando, en gran medida debido al movimiento estudiantil. Estudiantes universitarios han encabezado grandes manifestaciones antigubernamentales cada 10 años, desde 1999. En julio de ese año, los estudiantes protestaron por el cierre del periódico Salam Daily y exigieron mayores libertades civiles. El régimen respondió matando a cuatro estudiantes y lesionando a casi 200 personas, según el Irán International Newsroom.

Diez años después, en 2009, los estudiantes tomaron las calles nuevamente para protestar por los resultados de las elecciones presidenciales. Durante el llamado Movimiento Verde, que duró varios meses, cientos de estudiantes fueron detenidos y torturados en cárceles de todo el país; hubo denuncias de violaciones masivas contra mujeres, hombres y niños por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica. Grupos de oposición reportaron que por lo menos 72 personas fallecieron en los meses después de la elección de Mahmoud Ahmadinejad, según Irán International Newsroom. En los años siguientes, miles de estudiantes y profesores se fueron del país, provocando una dramática fuga de cerebros que continúa hoy en día.

Más recientemente, en 2019, un alza en el precio de los combustibles detonó otra protesta masiva en contra del modelo económico y la corrupción gubernamental. El movimiento, en donde participaron miles de estudiantes universitarios, fue aplastado por el régimen. El gobierno bloqueó el acceso a Internet y mató a más de 300 personas, incluyendo estudiantes, según Amnistía Internacional.

El movimiento actual
Las actuales protestas se distinguen de las anteriores por su gran extensión en todo el país y por el enfoque en los derechos de la mujer. También tiene pretensiones de derrocar al régimen. Durante una manifestación el pasado 30 de octubre en la Universidad del Kurdistán, los estudiantes gritaron: “Esto no es una protesta. Es el comienzo de una revolución”. El mismo día, estudiantes de la Universidad de Hormozgan, en una de las regiones más conservadores del país, rompieron una pared divisoria en la cafetería al grito de “libertad”, según la agencia de noticias argentina TN.com.

Los universitarios estaban desafiando una declaración de la Guardia Republicana, que fijó el 29 de octubre como fecha límite para las protestas. En respuesta, los cuerpos de seguridad atacaron a los estudiantes con gases lacrimógenos y disparos, resultando en más heridos y detenciones, según el noticiero. Muchos estudiantes también han sido suspendidos o expulsados de sus universidades por participar en las protestas. Entre ellos hay docenas de alumnos de la Universidad Sharif de Tecnología, una institución de élite que ha emergido como un centro de protestas en contra del régimen.

La respuesta internacional
La comunidad internacional ha mirado con alarma el recrudecimiento de la violencia en Irán. El pasado 1 de noviembre, más de 2 mil académicos de cientos de universidades en Estados Unidos enviaron una carta al presidente estadounidense Joe Biden exigiendo que se abstuviera de mantener negociaciones con sus pares en Teherán. “Irán tiene una historia rica de movimientos estudiantiles que han estado a la vanguardia de las luchas por la libertad y la democracia, tanto durante la dictadura del Sah como bajo la actual teocracia totalitaria”, dice la carta, que fue publicada en Internet y firmada por 10 premios Nóbel. “Bajo ambos regímenes, los estudiantes universitarios han sufrido amplias pérdidas cuando las fuerzas de seguridad han aplastado sus protestas pacíficas. Le estamos escribiendo para pedir que tome acción urgente para prevenir la pérdida de vida esta vez”.

Por su parte, Biden prometió “liberar a Irán” durante un discurso electoral el pasado 3 de noviembre. Sin embargo, hay poco que puede hacer Washington para presionar a Teherán, con quien no lleva relaciones diplomáticas. Inclusive, tales pronunciamientos podrían ser contraproducentes, al fortalecer el argumento del presidente Raisi de que Estados Unidos está detrás de las protestas. Mientras tanto, se espera cada vez mayor represión y pérdidas de vida en Irán.

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